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21 de enero de 2012

Ciento cincuenta.


Primeros días de Octubre de 2011.

A la mañana siguiente me levanté desorientada. No sabía ni dónde estaba. Hasta que miré bien, vi cajas por todos lados y me acordé. Era el caos. Me senté en el piso, agarré un cuchillo e intenté abrir una caja para seguir ordenando. Mientras lo hacía empecé a sentir un dolorcito en la mano derecha. Eran como unas puntaditas en el centro de la mano y por debajo del dedo gordo. Y además me costaba muchísimo hacer fuerza, como si tuviera el dedo dormido. 

Debe ser el cansancio de estos días, ya se me va a pasar –pensé- y seguí ordenando. Pero pasaron unos días y la sensación no se iba, es más, empeoraba. Empecé a sentir un hormigueo raro en la punta del dedo gordo, del índice y del mayor, y cada vez me costaba más hacer presión con los dedos. Era como tener la mitad de la mano dormida. Me empecé a preocupar. ¿Qué sería? ¿Estaría con la presión alta? ¿Tendrá algo que ver con el embarazo o será pura coincidencia?

Me senté frente a la compu y consulté al Dr. Google. Teclee “Embarazo / hormigueo en la punta de los dedos” y presioné “buscar” con la sensación de que no iba a encontrar mucho. Pero me sorprendí.

Me puse a leer, y leer y leer. Parece que no era la única con ese tipo de consulta. Por lo que leía parecía tratarse de un cuadro llamado “Sindrome del Tunel Carpiano” que es bastante común durante el embarazo. Aparentemente por la retención de líquidos que en el último trimestre del embarazo se presiona un nervio de la muñeca que genera esos síntomas molestos, que en el mejor de los casos desaparecen después del parto. ¿Y cuál es el tratamiento? En todas las páginas decían algo distinto. Antiinflamatorios, frio, calor, reposo, inmovilizar la mano afectada, ejercicios de elongación y en último caso: cirugía.

¿Cirugía?

La puta madre.

Lo único que me falta.

Y todavía me faltan dos meses hasta el parto.





6 de septiembre de 2011

Ciento treinta y uno.


Fines de Julio de 2011.

Tres días de reposo, muchas quejas y muchos mimos después, la fiebre se fue, los dolores amainaron y la tos… seguía. Pero había que seguir trabajando. Trabajar en forma independiente tiene sus desventajas y una de ellas es que día que no trabajás es un día que no cobrás. Y el alquiler de consultorio hay que pagarlo igual. Así que a ponerse las pilas y subirse al tren sin chistar. La mayoría de los pacientes todavía no registraban mi panza, así como la mayoría de mis compañeros de viaje que seguían sin cederme el asiento, salvo raras excepciones (siempre mujeres, of course). El mañosit@ seguía pateando y los primeros días sus pataditas me distraían mucho mientras trabajaba. Me desconcentraba, pero a la vez me alegraba tanto que me recordara su presencia. Hasta ese momento el embarazo había sido solo una idea, un mero acto de fe. Apenas se me notaba la panza y lo había visto en las ecografías, pero nada se comparaba con ésta nueva sensación en el cuerpo que me tenía estupidizada por completo. Ni me daba cuenta, pero las manos se me iban constantemente a la panza, como si lo acariciara. Como si no terminara de entender que esa panza me pertenecía, que era parte de mi cuerpo. Tal vez ese fuera el tema, lo complejo de entender que algo puede ser parte de tu cuerpo y a la vez… no serlo.

Apenas unos días después llegaba el tan esperado turno para la ecografía. Un día antes me acordé que no había preguntado si iba a ser posible grabarla. Volví a llamar y consulté con la secretaria.

-Consultorio del Dr. M.?

-Hola, quería hacerte una consulta… Tengo un turno para un Scan Fetal mañana, y quería consultarte si se puede grabar…

-Si, acá te lo graban, no hay problema.

-Ok, ¿Tengo que llevar un Dvd? ¿Tiene algún costo?

-No, no tenés que traer nada.

Dijo la secretaria, con la poca onda que la caracterizaba y cortó. Buenísimo –pensé- un problema menos.

Al día siguiente nos levantamos ansiosos, desayunamos, buscamos la ecografía anterior por las dudas, tomé un vaso de agua media hora antes como me habían pedido y salimos apurados para no llegar tarde.

Tan apurados que por supuesto, llegamos demasiado temprano. Caminamos un poco por el barrio, entramos en librerías, chusmeamos libros viejos (cómo me gusta el olor a libro viejo!) y en cuanto se hizo la hora enfilamos para el consultorio.

Tocamos el timbre, nos atendió la secretaria mala onda y subimos. Cuando entramos nos encontramos con una escena insólita. La secretaria mala onda era una señora gorda con delantal blanco y aspecto de empleada pública mal paga, el departamento en el que estaba la sala de espera era el lugar más feo que podía haberme imaginado. En un edificio que por la ubicación y la construcción debía ser carísimo, había un rejunte de muebles sacados del baúl de la abuela. Parecía una habitación que se había quedado en los setenta. Oscuro, no muy limpio, con pisos de plástico feo y paredes de alfombra (quien pone una alfombra marrón mugrienta en las paredes de un consultorio? ¡puaj!!) Y las paredes llenas de cuadros, uno más feo que el otro. En la pared principal un cuadro abstracto con fondo negro y líneas de colores que tenía todo el aspecto de ser una vagina gigante.

Muy acogedor.

Miramos a nuestro alrededor y había otras tres o cuatro parejas con panzas esperando. Me dio mala espina. Pero no quedaba otra, había que sentarse y esperar.

Y esperar, esperar, esperar…


29 de agosto de 2011

Ciento veintinueve.


21 de Julio de 2011.

Para cuando llegó G. yo era un desastre. Una montaña de papelitos con mocos inundaba la cama y mi mesa de luz, mi nariz estaba colorada como la de un payaso y no paraba de estornudar y toser a cada rato.

-¿Me acompañas a la guardia?

Le dije, como pude. G. me miró y me dijo

-Así no podés ir a ningún lado. Dejame que te hago un tecito y llamo a un médico a domicilio.

-¿Te parece? Pero está acá cerca, nos tomamos un taxi…

-No, mejor quedate en la camita. Ya llamo.

Un par de horas más tarde llegó la Dra. Ya era de noche y yo seguía en la cama y afiebrada. De a ratos me moría de frío, de a ratos me moría de calor.
Me revisó, y confirmó lo obvio.

-Estas engripada.
-¿Se puede tomar algo?

-¿De cuántas semanas estás?

-20.

-Podés tomar Paracetamol. Tomate 2 cada 8 hs. Para que te baje la fiebre. Placas no tenés así que no necesitás antibióticos. Tomá mucho líquido y hacé reposo. Y por las dudas repetimos el análisis de orina para descartar una infección urinaria.

G. bajó a abrirle a la médica, pasó por la farmacia y cuando volvió se puso a hacerme una sopita. Yo no podía ni levantarme de la cama. Cancelé todos mis pacientes del viernes y me dediqué a hacer reposo.

Con lo que me gusta el reposo. Pero la verdad es que no tenía energías para mucho más.

23 de agosto de 2011

Ciento veintiséis.


 19 de Julio de 2011.

Apenas salimos pedimos un nuevo turno para el Ecocardiograma, ahí mismo, en la Clínica. Era mucho más cómodo poder hacer todo en el mismo lugar, y aunque estábamos un poco preocupados por los resultados y queríamos hacerlo ya, sonaba mucho más lógico hacerlo en la semana 24, si es que el corazón se veía mejor. Pedimos un nuevo turno con la Dra. K. para ese mismo día y nos fuimos.

-La verdad es que me deja mucho más tranquila. No sé si será mejor médica que el Dr. S., pero al menos me siento más cómoda y más contenida. ¿Vos que opinás?

Le pregunté a G. No era una decisión para tomar arbitrariamente.

-Lo importante es que te sientas cómoda vos…

-Pero ésto tenemos que decidirlo los dos.

-Si, pero a mi me parecen bien los dos. Y a ésta Dra. te la recomendaron… debe ser buena. Por mí es igual, decidí vos.

-Ok. Por ahora voy a mantener el turno con los dos. Hasta que me decida.

G. se fue a trabajar, yo pasé por casa. Tenía un ratito antes de empezar el día de trabajo. Llamé a la otra Cardióloga para cancelar el turno que teníamos para ese mismo jueves. Unos minutos más tarde suena el teléfono. Atiendo.

-¿Hola?

-Hola, ¿Hablo con M.?

-Si, ella habla.

-Te llamamos del consultorio del Dr. M. Vos tenías turno la semana que viene para un Scan Fetal…

¿Cómo “tenías”? ¡Tengo un turno! Lo saqué hace casi un mes, porque el obstetra me dijo que el Scan Fetal lo tenía que hacer con éste Dr., porque era Obstetra, y no era lo mismo, y blablabla… Este llamado empezaba a olerme mal.

-Ahá…

-El Dr. se va de viaje, jusssto ésa semana… Le estamos cambiando los turnos, te puedo dar un turno para 10 días después o para esa misma semana con la Dra. que dejó para lo reemplace…

-¿Me estás hablando en serio? ¡Si yo saqué el turno hace rato porque el Dr. me dijo que tenía que ser con él, que es Obstetra! Y no tengo ganas de esperar 10 días más… Decime, ésta Dra. que dejó para que lo reemplace ¿También es Obstetra?

-Y… no se…

-Ah… bueno. No se. Entonces dejamelo pensar y te vuelvo a llamar.

Dije, y corté. Me hincha la paciencia. Me rompe soberanamente las pelotas que en cuanto encuentro un puto horario en el que G. y yo podemos ir sin dejar de trabajar demasiado, me lo cancelen. ¿Puede ser que todos los médicos sean iguales? ¿O serán solo los Obstetras?

Estos tipos deben creer que todas las minas embarazadas vivimos en casa tejiendo mañanitas y rascándonos la c*%c#@ todo el día.



Me parece que el embarazo me tiene un poco irritable.

11 de agosto de 2011

Ciento veintitres.

Primeras semanas de Julio de 2011.

La verdad es que no tenía nada de ganas de ir a la guardia. Andaba con mucho trabajo y poco tiempo libre, y cada vez que tenía un ratito libre se me ocurría algo mucho más interesante que ir a sentarme un par de horas a calentar la silla en la sala de espera de una guardia esperando que me atendieran para contestarme lo obvio:

-No tenés nada, estás embarazada.

Además empecé a recordar que algunos años atrás había tenido un par de infecciones urinarias con síntomas parecidos, pero en esos casos me daban antibióticos y analgésicos y ahora no creía que pudiera tomar nada de eso. Y si era una infección urinaria se iba a poner más feo en los próximos días, ya me iba a enterar. De todos modos tenía turno con el Obstetra (el Dr. S.) en pocos días, así que mejor esperar. G. no estaba muy de acuerdo e insistía con que había que ir a la guardia igual, pero yo no tenía ganas. Y no fui nada.

Pasaron unos días y corrimos ansiosos al encuentro del simpático Dr. S. Por suerte a la semana siguiente ya teníamos turno con la otra Obstetra, la Dra. K. para poder escuchar una segunda opinión y decidir con cuál de los dos nos quedábamos. Pero había que ir por las dudas. Llegamos al consultorio y en el ascensor nomás nos atajó la secretaria con un hermoso comentario

-Miren que el Dr. está demorado porque viene de un parto…

Así que nos armamos de paciencia y nos sentamos en la sala de espera. Por suerte no fue para tanto. No más que lo de costumbre, por lo menos. Un poco menos de una hora de tedio y entramos al consultorio. El Dr. nos saludó y preguntó como estábamos. Le conté de mis dolores y mis sospechas por mis antecedentes de Infecciones Urinarias.

-Ah! Pero no me dijiste que habías tenido infecciones urinarias, tendrías que haber ido a la guardia igual… si es una infección puede generar contracciones…

La puta que te parió –logre reprimir apenas- sos vos el que me tiene que preguntar mis antecedentes, ¿yo cómo mierda sé cuáles son relevantes? No te voy a contar de cada vez que fui a un médico (ni aunque las recordara) porque estaríamos hasta el año próximo! Pero sonreí y solo atiné a contestar

-Me pareció que en la guardia me iban a tratar de tonta y me iban a decir que era algo normal del embarazo…

-Tonta no te van a decir…

-No, pero lo van a pensar…

Se sonrió.

-Igual cuando es así mejor andá por las dudas. Ahora te vamos a mandar a hacer un análisis de orina y un cultivo así nos quedamos tranquilos y vemos de qué se trata.

Dijo, mientras me invitaba a pasar al cuartito, me pesaba, me tocaba la panza y escuchaba los latidos del bebé. ¡Qué loco es eso! Sigo sin poder terminar de entender que es una personita dentro mío…

-Bueno, parece estar todo bien… Para la próxima les voy a pedir un Scan Fetal, es una ecografía pero más detallada. Yo prefiero que lo hagan con el Dr. M. que es Obstetra, en general en los otros lugares es un especialista en imagenes el que las hace y no presta tanta atención a algunos detalles. Estamos en la semana 19 ¿Ya lo sentiste moverse?

Dijo mientras me daba la orden.

-No, todavía no sentí nada.

Le contesté preocupada. Tal vez ya lo tendría que haber sentido. En todos lados decía que se empezaba a sentir entre la semana 16 y la 20.

-Ya lo vas a sentir… ¿Me quieren preguntar algo más?

-Si, le tengo que pedir una receta para una crema, que la que estoy usando se me está por terminar…

-¡Ah! ¡Qué imporrrtante…!

Dijo, con tonito irónico mientras garabateaba la receta. Este tipo me está tratando de pelotuda, lareputísimamadrequeloparió… pensé, mientras hacía un esfuerzo por no mandarlo a la mismísima concha de su madre. Hice unos segundos de silencio, tomé aire y seguí

-Y además necesitamos la orden para el estudio que tenemos que hacer con la cardióloga. Yo ya pedí el turno pero todavía no sé cómo se llama el estudio…

-Ah, si, si… -dijo mirando su fichita -el Ecocardiograma…

-Y para el análisis de orina también, no?

Pero la puta madre, te tengo que recordar todo yo? No, definitivamente no. Este médico no me convence nada de nada.

9 de agosto de 2011

Ciento veintidós.

Fines de Junio de 2011.

Finalmente me decidí y me fui a la oficina de mi prepaga a hacer el dichoso cambio de plan. Era un poco más caro y me daba bastante bronca tener que hacerlo, pero era importante. Una vez hecho llamé y pedí un turno con la Dra. K. La verdad es que me generaba mucho más confianza que el Dr. S., sobretodo después de que me la habían recomendado tanto. Y además atenderme en un lugar que conozco me daba cierta tranquilidad. ¡Las boludeces con las que nos conformamos algunos idiotas! Pero es así. En este caso me parecía importante estar tranquila y confiar. Llamé para pedir un turno y me lo dieron para mediados de Julio. Había que esperar, no quedaba otra. Y ese mes no teníamos que hacer muchos estudios, así que esperamos.

Los días pasaban y la panza seguía creciendo. Cada vez me entraba menos la ropa y hubo que empezar a usar ropa de “embarazada”. Sobre todo los pantalones. Pero ¡qué fea es la ropa de embarazadas! La primera vez que entré a un negocio de esos casi me muero. Una prenda más fea que la otra. ¡Y los precios! Están todos locos. Esos pantalones enormes, bolsudos, con cintas y botones por todos lados. Un horror. ¿Vendrán con antidepresivos? Me preguntaba antes de entrar a probármelos. Pero no quedaba otra. Ya nada de lo que tenía en mi placard me entraba y las cosas no iban a mejorar. Así que me probé, me probé y me probé. Y caminé. Hasta que conseguí un par de prendas que más o menos zafaban. Pantalones me compré uno solito. Los demás eran un asco o demasiado caros, y ¡eran para usar solo unos meses! Aproveché la moda y me compré montones de calzas, remeras largas y vestidos. Menos mal que se usan las calzas, no hay nada más cómodo. Pero había que buscar de ésas que no tienen elástico, las otras te matan.

Por esos días empecé a sentir algunos dolorcitos por ahí abajo. Como en la zona de los ovarios pero más al medio. Eran de a ratos. Yo suponía que era algo normal, pero no podía evitar preocuparme un poco. La verdad es que todo  ésto era nuevo y uno no sabe mucho qué esperar. Lamentablemente no tenía el teléfono del Obstetra, y no tenía nada de ganas de ir a una guardia a que me digan que soy una tarada, que estoy embarazada y eso normal. Pero G. se preocupaba cada vez más. Cada vez que me veía poner una cara saltaba de la cama.

-¿Cómo estas? ¿Qué te duele? ¿Vamos a la guardia?

-No, estoy bien… me duele un poquito acá… pero ya se pasa…

Todo ahí abajo se ponía duro por unos segundos y después se pasaba. Y además me había pis a cada rato. ¡Cada media hora! Me levantaba dos o tres veces por noche...

4 de agosto de 2011

Ciento veintiuno.


Soy una boluda, pero una boluda importante: lo reconozco. Casi 4 meses de embarazo, una pancita que ya se está empezando a notar, y sigo viajando parada. En el colectivo, en el tren y en el subte. No hay caso.



Me paro enfrente del asiento que tiene el cartelito de “Reservado para Embarazadas y Discapacitados” y nada... Ni te miran. Siempre van durmiendo o haciendo que duermen, o leyendo un libro concentradísimos. Ni te registran. Y en realidad yo sé que es culpa mía por no pedir el asiento, pero la verdad no me sale. Ya se me pasaron las náuseas y no me siento mal. Me da no se qué pedir el asiento. Y para peor como hace cada vez más frío y uno se sube con pilas de abrigos, sweater, bufanda, sobretodo, la verdad es que la panza casi no se ve.  Se que tendría que abrir la boca, hablar, pedir. Decir –Estoy embarazada ¿Me dejás el asiento? Pero no lo hago. No se porqué. Me da cosa decirle a alguien que se levante solo porque yo me quiero sentar. Cada tanto tengo suerte y alguien levanta la mirada, me registra y me dice:

-¿Estás embarazada? Sentate, disculpá, no te vi.

en la mitad del viaje. Yo agradezco y me siento. Pero ya no me sorprendo de que sean siempre mujeres. Ellos ni te registran. No te miran. O no se hacen cargo. O se hacen los pelotudos. Y me da tanto odio que creo que es por eso que no digo nada. Que me la banco y me callo la boca. Porque si empiezo a hablar debería mandarlos a todos a la mismísima concha de la madre que los parió. No puede ser querido / querida que te sientes en el asiento que dice “Reservado para Embarazadas y Discapacitados” y vayas en babia, durmiendo o haciéndote el pelotudo olímpicamente. Mirá a tu alrededor, prestá atención. Sé un poco amable. Hay gente que no registra más que su puto ombligo y las pelusitas que le salieron esa mañana. Me enoja, me enferma, me amarga el día. Creo que prefiero viajar parada que discutir.

Uno de estos días iba en subte con G. El subte iba llenísimo y yo parada. Y él dale que dale con

–Pedí el asiento.

-No, dejá… me da vergüenza. Y además está re lleno, ya nos bajamos.

Decía yo con todas las excusas del mundo, para no tener que pasar el suplicio de pedir. Odio pedir. Pero en eso alguien se levanta y queda un asiento vacío. Me siento. Una parada más tarde se sube una mamá con una criaturita de unos diez añitos, con un horroso globo enorme de esos alargados de publicidad. La madre se sienta al lado mío, la criaturita se me para enfrente, casi encima mío y me estampa el globo de mierda en la cara. Me contengo de no darle una cachetada o putear a la madre por no educar a su retoñito del demonio y le digo a la criaturita:

-¿Te querés sentar?

-Si.

Me contesta sin decir ni gracias y mientras me paro, se sienta. G. me mira con odio.

-Estás embarazada ¿Porqué le das el asiento?

-Porque si no me sacaba ese globo del orto de la cara la iba a tener que cagar a trompadas a ella y a la madre… así que prefiero pararme y en paz. Que se metan el asiento bien en el culo…


30 de junio de 2011

Ciento nueve.

Mayo de 2011.

Debo confesar que en las semanas que siguieron al resultado positivo me volví un ser absolutamente escatológico. Si alguien es impresionable les recomendaría que dejen de leer en este preciso momento. Pero saben que yo no tengo pelos en la lengua y me gusta contar las cosas como son. Si señores. El embarazo no es un período idílico en el que todo es maravilloso. O sí lo es, pero no solo eso. También tiene un lado oscuro.

Para empezar las náuseas estuvieron presentes hasta casi el último día del tercer mes, y aún ahora de vez en cuando reaparecen. Pero además de las náuseas está la acidez. La vida ya no es como antes. Ya no puedo comer lo que quiero, cuando quiero. Tengo que comer algo a cada rato para evitar las náuseas, y las comidas demasiado grasosas, o picantes, o el café fuerte están casi prohibidos. Una noche terminé tarde de trabajar con mucha hambre y sin ganas de cocinar. Le propuse a G. pasar por la parrillita de la otra cuadra, esa que tiene mesitas en la calle, a comer un choripan. No sé porqué me tentaba, nunca fui fanática del choripan, pero era algo rápido y tenía un hambre de esas en las que hay que comer algo ya. Grave error. Esa noche casi no pude dormir. Me daba vueltas en la cama, me faltaba el aire y tenía una acidez insoportable. Y cuando finalmente logré dormirme soñé que me sentaba ante un gigantesco plato de ravioles. Por suerte el obstetra me permitió tomar antiácidos, pero la verdad es que no ayudan demasiado ¡y eso que nunca en mi vida tuve acidez! Ahora hay que prestar suma atención a todo lo que entra en nuestro cuerpo. ¡Y a lo que sale! Los gases son una constante, así que cuando no me estoy tirando pedos, estoy eructando, y hasta a veces las dos cosas al mismo tiempo. ¡Si, si, qué lindo! ¿No? No sé como G. me soporta, pobrecito. Aunque… bueno, al fin él tiene cierta responsabilidad en el asunto. Por suerte no me constipé, como dicen que le pasa a la mayoría de las embarazadas en el primer trimestre. ¡Menos mal! ¡Solo eso me faltaba! No tolero la ropa ajustada, los corpiños me apretan y me empieza a faltar un poco el aire, de a ratos. Subir una escalera se ha vuelto una meta casi imposible y tengo que hacer varias paradas en el medio. Además de todo esto tengo sueño casi todo el tiempo, y apenas tengo un rato para descansar, menos que menos para dormirme una siestita! Y como si esto fuera poco me hago pis. Todo el tiempo. A cada rato. Andá a explicarle a mi cuerpo que cuando estoy en la estación constitución esperando el tren no hay manera de ir al baño. Hay que aguantarse. ¡Y olvidate de volver a dormir una noche de corrido! Me levanto una, dos y hasta tres veces por noche a hacer pis. Nunca en mi vida me había pasado (bueno, salvo alguna vez que me fui a dormir tras una intoxicación severa con alcohol…) Y por supuesto, no se puede tomar alcohol, ni fumar sustancias ilícitas. No es que lo hiciera muy a menudo, pero de vez en cuando con G. nos hacíamos unos brownies de esos “especiales” y nos moríamos de risa una tarde completa. No más. Prohibido. Y ni sueñes con tomar alguna medicación. Si te duele la cabeza: Paracetamol. ¡Paracetamol! Si eso es como tomarse un vaso de agua en ayunas. No hace absolutamente nada. Si tenés una contractura en el cuello de esas como las que suelo tener yo, jodete! Bancatela, olvidate de tomar Ibuprofeno, menos que menos Diclofenac. A lo sumo una ducha calentita, unos masajes y a la cama.

Todo sea por el mañosito….

28 de junio de 2011

Ciento ocho.

Fines de Abril de 2011.

-¿No le vas a contar a tu papá?

-Si, tendría que llamarlo, ¿no?

-Si, llamalo. O mandale un mensaje y decile que te llame. Antes que se entere por facebook…

El papá de G. vive en Brasil, y no quedaba otra que contarle por teléfono. No nos vemos muy seguido. Le mando un mensajito pidiéndole que lo llame. Un rato más tarde sonó el teléfono. El papá de G. llamaba desde Houston, donde estaba en un viaje de trabajo. Hablaron un rato de las trivialidades, esas que se dicen en toda conversación telefónica. Cómo estás, cómo está el trabajo, cómo están los nenes, etc, etc… Hasta que llegó el momento de hablar en serio.

-Tengo que contarte algo… -dijo G. buscando las palabras. –Vas a ser abuelo otra vez… M. está embarazada…

Del otro lado un completo silencio por toda respuesta.

-Papá… ¿Estás ahí?

Preguntó G. un rato más tarde, con cara de preocupado.

-Si, si… ¡Qué noticia! Dejame que me recupero y te llamo de nuevo en un rato –dijo emocionado. Y cortó.

G. se quedó atónito.

-Me parece que lo maté… -dijo preocupado.

Por suerte un buen rato más tarde volvió a llamar el papá de G. más tranquilo.

-Hijo, me alegro mucho, la verdad es que me sorprendiste… tardé un rato en recuperarme, pero te felicito, me hace muy feliz la noticia, ya le conté a los chicos, cuando pueda paso a visitarlos. Mandale un beso a M.


Un rato más tarde vino a cenar el Hermano de G. El único que quedaba todavía sin enterarse. Yo estaba trabajando y llegué un buen rato más tarde, pero según me contó G. el diálogo fue algo así:

-Hoy casi lo mato a papá… hablamos por teléfono y le conté que iba a ser abuelo de nuevo, y…

-¿DE QUIÉN? –preguntó Mi Cuñado sorprendido, tratando de entender qué estaba pasando

-Yo, boludo! M. está embarazada.

-Ahhh... ¡Te felicito!

Un ratito más tarde llegué yo y los encontré sentados a la mesa, charlando.

-¿Te puedo abrazar? –preguntó Mi cuñado con cara de emocionado.

-¡Claro!

-Felicitaciones! No lo puedo creer… -dijo mientras me abrazaba.

23 de junio de 2011

Ciento siete.


28 de abril de 2011.

Volvimos caminando despacito, tratando de entender lo que había pasado hace solo unos minutos. Fue todo muy rápido, apenas no dio tiempo de reaccionar.

Era realmente increíble. Ver una personita adentro tuyo, casi totalmente formada, aunque una miniatura. Según el médico medía 23 milímetros. ¡23 Milímetros! Por suerte sólo habíamos visto uno. Respiramos aliviados los dos. Era impresionante escuchar por primera vez los latidos del corazoncito. Era otro corazón, distinto del mío, latiendo dentro de mi cuerpo. ¡Y que rápido latía! Muy difícil de entender. Estaría buenísimo que te den un poco más de los cinco minutos que se toman. Uno necesita tiempo para entender estas cosas. Y además dijo 9 semanas, ¿Cómo puede ser 9 semanas? Si hace justo dos meses de mi última menstruación! ¿Habrá sido antes? No puede ser… sería más… y además me hice un test y dio negativo…

Ese mismo día habíamos invitado a cenar a la madre y la hermana de G. para contarles la noticia. El hermano estaba en Tandil, así que iba a tener que ser otro día. Preparamos la cena (ya ni me acuerdo qué) y esperamos.

Finalmente tocaron el timbre, primero la Hermana, después la Madre.
Nos sentamos a la mesa y G. hablaba de cualquier cosa, como si nada. Era su familia, así que yo mantuve mi bocota cerrada. Era él el que tenía que decidir cómo y cuándo decirles. Estaban hablando del calor, o del tráfico, ya no recuerdo bien, y G. soltó algo así…

-Si, hoy estaba complicado… a la tarde fuimos a hacer una ecografía con M. que está embarazada… y cuando volvíamos…

-¿Cómo???? –dijo la Madre, abriendo los ojos como platos.

-Si, fuimos a hacer la primer ecografía. M. está embarazada.

-¡No lo puedo creer! ¡No me contaste nada!!

Decía la madre sin poder reaccionar, mientras mi cuñada me abrazaba con lágrimas en los ojos.

-¡Yo sabía! ¡Yo sabía! –decía- Ya era raro que nos invitaras tan seguido…

Lo que siguió fue una catarata de preguntas.

-¿De cuánto estás? ¿Cómo te sentís? ¿Ya se sabe el sexo? ¿Pensaron los nombres? ¿Dónde lo vas a tener?

La Madre de G. se tragaba las lágrimas. Se le notaba que estaba emocionadísima, pero no lo mostraba. De algún lado vienen esos genes –pensé- hasta que un rato más tarde se fue a fumar a la cocina, mientras soltaba alguna lagrimita, sin que nadie la viera.

21 de junio de 2011

Ciento seis.


28 de Abril de 2011.

Finalmente llegó el día. Era hoy. Teníamos por fin el maldito turno para la primer ecografía. No podía estar más ansiosa. Necesitaba verlo con mis propios ojos. Me puse ropa cómoda. Por suerte hacía calor, así que salí de pollera. Como la primer ecografía es transvaginal, ir de pantalones es un embole, no tenía ganas de sacarme la ropa y acostarme semidesnuda frente a un médico desconocido. Mejor la pollera.

Me encontré con G. en la puerta del consultorio, y él parecía estar aún más ansioso que yo. Tocamos el timbre y subimos. Mientras tanto yo seguía luchando con las náuseas.

Me acerqué a la recepción y esperé que me atendieran. Esperé y esperé y esperé, mientras una señora que estaba con dos niñitos (un bebé en cochecito y una nena de unos tres o cuatro años que no paraba de saltar y gritar por todos lados) hablaba y hablaba sin parar con el recepcionista. Para peor hablaba muy fuerte. ¿Porqué será que la gente habla tan fuerte? ¡No me interesa escuchar su conversación señora! Apoyé mis codos en el mostrador y seguí esperando, mientras el calor y las náuseas complotaban contra mí. Puta madre, no podés atenderme de una vez así me siento? Pensé. Pero no. La señora sacó un sanguchito del bolso y se lo dio a la criaturita que revolvía las revistas y hablaba con todo el mundo mientras el recepcionista hablaba con su compañera en el cuartito de atrás. Y yo esperaba. Me sentía invisible.

Finalmente me atendieron. Me pidieron mis datos, me hicieron firmar una planilla y me preguntaron

-¿Vas a querer que te la graben? Cuesta cuarenta pesos.

Lo miré a G. tratando de adivinar qué pensaba. Pero estoy de 8 semanas, debe ser un porotito…

-No, gracias –dije- es la primera ecografía, no creo que se vea mucho todavía…

Y me fui a sentar. ¿Cuarenta pesos por grabarla? ¿No es mucho? Pensaba. Después de un rato más de soportar las náuseas sentadita nos hicieron pasar. Me saqué la ropa interior y me acosté en la camilla mientras el doctor me hacía preguntas.

-¿Cuándo fue tu última menstruación? -preguntó

-El 28 de Febrero.

-Bueno, vamos a ver… -Dijo, mientras enfundaba su aparato en un preservativo.

Poco después apareció un porotito blanco en la pantalla. Increíble.

-¿Eso es la cabecita?

Pregunté sorprendida mientra señalaba la pantalla. Se veía claramente una cabecita, bracitos y piernitas. Hasta se movía.

-Si, mirá como se mueve –contestó el Dr.

Miré nuevamente la pantalla tratando de no desnucarme. Por algún motivo te hacen acostar de espaldas a la pantalla. Podrían ponerla del otro lado, pero supongo que todo está pensado para comodidad del medico, no de la paciente.

-Ahora vamos a escuchar el corazoncito.

Dijo, mientras encendía el volumen y se escuchaban los latidos resonando en la habitación oscura. Miré a G. y aunque no lo vi bien imaginé que una lagrimita se le escapaba. Era impresionante.

-Bueno, parece estar todo bien. Por las medidas parece de 9 semanas. Andá a vestirte.


7 de junio de 2011

Ciento uno.


Cuando me enteré del positivo, una de las primeras cosas que hice (antes de llamar a La Ginecóloga) fue llamar a Mi Analista. Hacía casi un año que había dejado de ir, después de muchos años seguidos finalmente sentía que no tenía mucho por decir. Pero esto lo ameritaba. Me angustiaba la ambivalencia que me generaba la buena noticia, y aunque sabía que eso era perfectamente normal, sentía que necesitaba hablarlo con alguien. Y como habíamos decidido no contarle a nadie… bueno, ella que me conocía tanto era la persona indicada.

Llegué la primera sesión, después de tanto tiempo y dije…

-C. me acabo de enterar que estoy embarazada.

-¡Felicitaciones! Yo pensé que ibas a venir con panza ya...

-Si, hacía rato que lo estábamos buscando y no se daba… pero justo ahora me agarra en un momento complicado… estuve todo el verano buscando trabajo, mandando currículums de acá para allá y no me respondían de ningún lado. Justo hace unos días me confirmaron de la Obra Social X, ellos estaba buscando alguien para atender en zona sur… y bueno, justo ahora que recién estoy empezando me entero…

-Esas cosas se dan así, probablemente cuando te relajaste un poco por lo laboral se dio lo otro…

-Si, es cierto, pero ahora ¿Cómo hago? Es lejos, y tengo más de una hora de viaje, entre el tren y el subte… ¿Cómo voy a hacer con la panza? ¿Y con el bebé? ¿Cómo hago para tomarme una licencia después de parir? ¿Me van a seguir derivando pacientes después? Tengo tantas dudas…

-Bueno, no te enrosques. Todas pasamos por esto y se puede. En todo caso tendrás que mudarte para allá… atender en tu casa, cortar cada 3 o 4 horas para dar la teta…

-Sí, puede ser… no lo había pensado… Pero G. me va a querer matar. ¡Vivir en el conurbano! No se si se lo va a bancar.

-Se lo va a tener que bancar. No hay mucha opción, no?

-Parece que no.

-Lo otro que me preocupa es qué hacer con la familia. Todavía no les conté nada…

-¿Porqué?

-No sé, me parece que es demasiado pronto. Todavía no hicimos los controles, y estoy de pocas semanas… mejor esperar hasta los tres meses ¿No?

-Eso es un prejuicio…

-Y encima con mi mamá no hablo desde que volvimos de vacaciones. Tuvimos una pelea fea, y me puse mal. No tolero que sea tan agresiva, y menos con G… y para peor cuando nos juntamos a hablar de eso reaccionó como el orto, ni me escuchó y empezó a decirme que yo no la valoraba, que solo recordaba las cosas malas… y cuando me quedé pensando que tal vez tuviera razón… volvió a empezar y me saqué. No pude decirle más nada. Me fui. Y no volví a hablar.

-¿En qué pensas que puede tener razón?

-En eso de que yo me quedo siempre con las escenas feas. No es cierto que ella haya sido una madre horrible. Se saca a veces. Y hay algunas escenas feas… pero la mayoría de las veces no es así. ¿Porqué me quedo siempre con las cosas malas? Con mi papá también. Soy muy rencorosa…

-Qué importante lo que decís.

-Si, pero a ella no se lo pude decir.

-No importa. Lo pensaste. Tal vez tendrías que hablarlo primero con tu papá…

4 de junio de 2011

Cien.


16 de Abril de 2011.

Finalmente llegó el día. Hoy tenemos la primera consulta con el Obstetra. Ya me estaba poniendo ansiosa con tanta espera, lo único que quiero es ver una maldita ecografía y que me digan que está todo bien!

Llegamos a la sala de espera, nos sentamos y esperamos, esperamos y esperamos.

Hay dos parejas más esperando, y una chica que subió en el ascensor con nosotros, sola. –Pobre- pienso. -Qué feo tener que hacer todo eso sola!-.

Finalmente después de esperar un rato largo (menos mal que es feriado) Nos hacen pasar. El Dr. me pide algunos datos (realmente menos de los que hubiera esperado) y hace algunas preguntas.

-¿Fecha de última Menstruación?

-28 de Febrero.

-Entonces estás de…

-7.5 semanas

Se adelanta G. que le tiene más confianza a la aplicación de su Iphone que al médico.

-Amor, dejalo a él que es el que sabe

Le contesto. El Dr. se ríe.

-Según mis cálculos estás de 7.3 semanas. Vamos a revisarte.

Me dice, y me invita a pasar al cuartito donde tiene una camilla. Me toma la presión, me pesa (qué miedito…)

-A ver… pesas 59.900 Kg… ¿Ese es tu peso habitual?

-Si, suelo estar entre 58 y 60… así que es más o menos el de siempre. Menos mal, pensé que iba a ser peor, yo me veo tan hinchada…

-A ver esa panza, acostate que te reviso…

Me recuesto en la camilla y me bajo un poco los pantalones. Me toca la panza, de un lado, del otro y dice…

-Si, acá hay algo… se siente…

Volvemos al escritorio y empieza a hacer recetas.

-Bueno, vamos a hacer un análisis de sangre para ver que esté todo bien, de paso pedimos los de virología para ver como están tus anticuerpos…

-Toxoplasmosis ya tuve, me lo hice el año pasado y me dio positivo.

-Igual por las dudas lo pedimos de nuevo. Y de paso vemos cual es tu grupo sanguíneo. ¿Te acordás cuál es?

-Creo que A +. Pero no estoy segura. ¿Ya se puede hacer una ecografía? –pregunto muerta de la ansiedad.

-Si, la semana que viene ya te la podés hacer. Ahora te hago la receta. ¿Quieren preguntarme algo?

-¿El ácido fólico hasta cuándo lo tengo que seguir tomando?

-Y… lo ideal es hasta el tercer mes…

-Ok. Dr. ¿Puede decirle a él que no pasa nada si hago gimnasia? –pregunto, señalandolo a G.

-Mmmm… no, mejor no hasta que veamos la ecografía. Si está todo bien ya podés…

G. se sonríe. Yo me quiero morir. La puta madre. Ya no puedo ni subir una escalera sin agitarme, ¡necesito hacer algo con mi cuerpo antes de volverme una ballena!!!