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16 de junio de 2011

Ciento cinco.

Fin de semana de Pascua.

Mientras terminábamos de preparar todo sonó el timbre. Era mi Hermana La Del Medio.

-Llegué un poco más temprano porque después me tengo que ir a trabajar.

Dijo mientras subíamos. Le serví un café y nos sentamos los tres a la mesa.

-¿Y? ¿No me van a contar que voy a ser tía? –Preguntó.

-No, nada que ver… -Le contestó G. -¿De dónde sacás eso?

-Ufa, yo pensé que tenían noticias, tanto apuro por encontrarnos…

-Es que hace mucho que no nos vemos –mentí- y quería aprovechar el feriado. -¿Vos como andas?
Seguimos hablando un rato hasta que llegó Mi Hermana La Menor. Mi Madre no llegaba y se estaba haciendo tarde. Me empezaba a poner impaciente.

-¿Porqué no la llamás a ver por donde anda?

Le dije a mi Hermana La Menor. La llamó y dijo

-Está buscando dónde estacionar.

Un ratito más tarde suena el timbre. Era Mi Madre. Llegó toda apurada, hablando y hablando y hablando. Tipicamente Mi Madre.

-Hay, di una vuelta enorme, me olvide que le habían cambiado el sentido a esta calle y después no encontraba dónde estacionar, y di otra vuelta, y blablablablablabla… Y les traje huevitos pascua… Qué bueno que nos encontramos todas y blablablabla…

Y así siguió hablando un rato sin parar, mientras Mi Hermana La del Medio me miraba ansiosa porque ya se tenía que ir a trabajar. La interrumpí.

-A ver, las tres…. ¿Qué planes tienen para Diciembre?

-¿Para Diciembre? –Preguntó Mi Madre con cara rara….

-Porque vos vas a ser Abuela –dije señalándola- y ustedes dos van a ser tías.

Mi hermana La Menor se levantó y me vino a abrazar, llorando. Las otras me miraban con cara de no entender nada. Después se levantaron y me abrazaron, mientras decían, todo al mismo tiempo.

-Ay… qué lindo! ¿De cuánto estás? ¿Cuándo te enteraste? ¿Porqué no me contaste antes? ¿Cómo te sentís? ¿Ya pensaron nombres? ¿Ya te hiciste la ecografía? ¿Compro ropita rosa o celeste?

14 de junio de 2011

Ciento cuatro.

Fin de semana de Pascua.

Al día siguiente tocaba el turno de contarle a Mis Hermanas. ¿Y Mi Madre? ¿La llamo o no la llamo? –pensaba- pero realmente no tenía mucha opción. En algún momento iba a tener que contarle y no daba que se entere por boca de mis hermanas, menos que menos de Mi Padre.

Me armé de coraje y agarré el teléfono. Llamé primero a mis hermanas y las invité a merendar en mi casa. Una vez que me confirmaron que podían y a qué hora llegaban, llamé a Mi Madre.

-Hola ¿Má?

-¡Hola hijita! ¿Como estás tanto tiempo?

-Bien, bien –contesté medio cortada- Mis hermanas van a venir a merendar a casa ¿Querés venir?

-Dale, a qué hora?

-A eso de las cinco.

Dije, y corté.

G. y yo nos fuimos para la cocina y nos pusimos a preparar cosas ricas para la merienda. Hicimos dos budines (en realidad los hizo él, yo le hice de Juanita…) Uno de manzanas, y uno de chocolate. Preparé una jarra de café recién hechito. Llené un termo con agua caliente por si alguien quería té y puse la mesa. Mientras los budines terminaban de cocinarse ordené un poco y me fui a dar una ducha.

Un momento de relax, para pensar un poco cómo cuernos se los iba a contar. Estaba segura que se iban a poner felices, hace rato que mis hermanas venían hinchando la paciencia con que querían sobrinitos.

Me lavé la cabeza y me dediqué a disfrutar del momento bajo el chorro de agua calentita. Me enjaboné bien, sobre todo la panza que estaba cada vez más redonda. Últimamente me tocaba mucho la panza, casi sin darme cuenta. Supongo que nos pasa a todas las embarazadas. Debe ser una forma de acostumbrarnos a los cambios, de darnos cuenta que hay algo ahí. Miré para abajo y noté algo diferente.

Terminé de ducharme, me envolví en la toalla y salí.

Grité.

-¿Amor?

-¿Qué? –contestó G. desde el dormitorio

-¡No me la veo!!

5 de abril de 2011

Setenta y cinco.


Veintipico de Febrero de 2011.

La verdad es que lo pasamos muy bien. La convivencia con Mi Madre era más pacífica de lo que esperaba. Tuvimos un par de días feos, con lluvia y un poco de frío, pero fuimos a la playa igual, leimos, dormimos y comimos mucho. También paseamos, caminamos con los piecitos en la arena. Después vinieron un par de días lindos ¡Por suerte! Y vino Mi Hermana la del Medio a quedarse unos días. Y nos divertimos mucho. Cocinamos, tomamos vino, comimos cosas raras y nos metimos mucho al mar. Salvo algún paciente desubicado nada interrumpía la tranquilidad de estar de vacaciones. Realmente lo necesitábamos y daban ganas de no volver nunca más. Estaba todo casi perfecto. Casi. Digo casi porque se iba acercando fin de mes y yo estaba cada vez más hinchada, empezaba a tener algunos dolores ahí abajo y tenía toda la sensación de que me estaba por venir, pero nada. Tres o cuatro días antes de que tuvieramos que volvernos empecé con una manchita rosada y las molestias de siempre. Al día siguiente las manchitas ya eran dos o tres y cada vez que me quería meter al mar lo pensaba un buen rato. Me había puesto un carefree en la malla y meterse al agua con eso era un embole. Y encima el agua estaba fría y tenía miedo que se me cortara y hacer un lío con las fechas. Pero el mar siempre puede más ¿Cómo estar en la playa y no meterse al mar? Era casi un sacrilegio. Así que no me importó nada y me metí igual. ¡Cómo amo el mar! Me pasaría todo el día saltando olas.


-Si todavía no te vino tené cuidado con las olas –decía Mi Madre- tratá de que no te peguen en la panza.

-No exageres, Ma. No me vino pero me está por venir…

-No sabés…

Y al día siguiente eran de nuevo dos o tres manchitas. Pero seguía sin concretarse nada. Puta madre. Yo me moría de ganas de ponerme un tampón y disfrutar de la playa a full. Pero ¿Y si no era? ¿Me haría mal ponerme un tampón? Mejor por las dudas no… Me puse una toallita bajo la malla y me fui a la playa. Esa mañana no me metí al mar. El malestar que sentía ya era bastante incómodo y encima salir del mar con la toallita ensopada era demasiado. Al mediodía nos fuimos con G. al departamento a preparar algo para almorzar.

-Me voy a hacer un test así me quedo tranquila y veo si me puedo poner un tampón y olvidarme.

Le dije y me fui al baño con el sobrecito del test y un vaso descartable para juntar el pis.

3 de marzo de 2011

Sesenta y tres.


Diciembre pasó volando y llegaron las fiestas. Las dichosas fiestas, una maravillosa fuente de discusiones sin fin. ¿Con tu familia o con la mía? Es un clásico de estas fechas y las complicaciones se suman. Resumiendo, la noche del 24 la pasamos en la casa de una amiga comiendo un rico pescado a la parrilla y metiendonos a la pileta. Solitos los tres. En mi familia no se festeja la navidad y Mi Suegra se fue a visitar al hermano de G. que vive en Tandil con su mujer y sus dos retoños. El lío mayor se armó para año nuevo. Todos los años lo mismo. La familia de él lo pasa en la casa de Los Tíos que tienen casa en un Country (puaj) de Pilar. Son ochocientos mil… y todos tanos. ¿Se imaginan el dolor de cabeza? Pero lo peor de todo no es eso… sino ¿Cómo carajo llegamos a Pilar sin auto? O peor aún ¿Cómo nos volvemos? ¿En un taxi, por la ruta llena de conductores ebrios? ¿Pagando una fortuna por viajar como el orto? Todos los años lo mismo. Él dice que no quiere ir, que en realidad no soporta a nadie y blablabla, pero en el fondo yo se que un poco de ganas le dan. Y si yo le doy un empujoncito vamos. Pero yo no se si tengo tantas ganas… en fin.

-Amor, pensalo. -digo- Si tenés ganas de ir al country vamos…

-No, ni en pedo. Sabés que no me los banco…

No insisto. La verdad es que prefiero pasarlo con mi familia, y más cerquita de casa. Volver de allá es un caos y ni en pedo me quedo a dormir. Todo arreglado, lo pasamos en lo de Mi Madre, con Mis Hermanas.
Pero un día antes de la fecha empiezan los problemas otra vez. Me llama Mi Madre y me pregunta:

-¿Lo hacemos en casa o en lo de Tu Hermana?

-No sé, Ma, como quieran. A mí me da igual.

G. pone cara de culo. Un rato más tarde lo llama su Madre. Le dice que no seamos mala onda, que vayamos al Country, que ellos nos llevan en remisse. Que viene su hermano con la mujer y las nenas. G. le dice que no sabe. Y las discusiones empiezan de nuevo. Claro, mi familia no es como la de él. La verdad es que no le damos gran importancia a las fiestas, ni a la organización. Si fuera por nosotros pedimos unas pizzas y listo, mientras haya vino… Pero él está acostumbrado a otro tipo de festejos. Y por si todo eso fuera poco me levanto el día 31 y me encuentro con la noticia: me vino.

8 de febrero de 2011

Cincuenta y siete.


- Ya hace casi seis meses que no nos cuidamos con tu hermano.

- ¿En serio??? ¡Yo te lo traje en joda!

- Si, ya se… pero quería que sepas que estamos en eso. Aunque no es tan fácil como parece.

- Si, lo se… mis amigos estuvieron buscando bastante tiempo…

- Por eso… ¡No me vuelvas loca! Ya va a llegar, mientras tanto, paciencia…

- Pero ¡Qué bueno! ¡Voy a tener sobrinitos que vivan cerca! ¿Me vas a dejar cuidarlo?

- Más vale! No le voy a pagar a una baby sitter, para eso están las tías! ¡Y las abuelas! Jajaja

- Ahora cada vez que me invites a cenar a tu casa voy a creer que estás embarazada…

-Dejate de joder… ¡o no te invito más!


La merienda siguió sin más sobresaltos. Llegó Mi Madre, G. y un rato más tarde Mi Suegra. Las presentamos y servimos unas copas de vino mientras levantamos de la mesa los restos de la merienda y empezamos a preparar la cena. Al principio estaban un poco tímidas. ¡Qué raro eso de presentar a La Madre con La Suegra! Nunca me había pasado antes. Tuve noviazgos largos, pero nunca había llegado a esa situación. ¿Se llevarían bien? Eran bastante parecidas en muchas cosas, pero nunca se sabe.

Finalmente se sientan a la mesa y empiezan a hablar. Y hablar, y hablar, y hablar.

¡Y siguen hablando!

Se la pasaron hablando toda la noche como si nadie más estuviera en la mesa con ellas. Ni nos registraban. Parecían dos viejas amigas que se hubieran reencontrado después de años de no verse. Hablaron de todo. De la familia, de los hijos, de los ex, de ropa y perdí la cuenta. Mis hermanas se morían de risa.

- ¡Se ha formado una pareja! -Dijo una.

- Menos mal –dijo la otra- que alguien entretenga a la vieja así descansamos un rato! Jajaja…

-Qué alivio… - pensaba yo.

5 de febrero de 2011

Cincuenta y seis.


Lo pienso dos veces. Pero ya había empezado la frase. Tal vez sea el mejor momento para terminarla.

-El otro día, el día de la madre… le conté que G. y yo no nos estamos cuidando…

-¿En serio? ¿Vamos a ser tías? –Pregunta La Menor.

-Cuando se de… Por ahora nada.

-¡Qué lindo! ¡Sobrinitos!

Dice La Del Medio y me abraza, mientras La Menor da saltitos y aplaude como si fuera una nena.

-Bueno, pero no me vuelvan loca que ya estoy bastante ansiosa, ok? La cosa es que cuando se lo conté a mamá lo primero que dijo fue ¿Y no se van a casar antes?...

-Jajaja… dejala, está re loca últimamente…

-No se de dónde saca esas ideas. ¿Casamiento, yo?

Justo llega Mi Cuñada. Voy a abrir la puerta, la saludo y viene con un regalito en la mano y esa cara de haber hecho una travesura. Abro la bolsita y me encuentro con un par de escarpines. Se caga de risa.

-Jajajaja… ¡Nosotras te íbamos a comprar lo mismo! -dicen Mis Hermanas.

La acompaño al balcón a fumarse un pucho y le digo

-Te voy a contar algo, pero no hagas escándalo…

- …

3 de febrero de 2011

Cincuenta y cinco.

30 de Octubre de 2010.

Hoy es mi cumpleaños número 32. Ya soy oficialmente una “Madre Añosa”… Kaplan y la reputamadre… (¿Porqué será que la mayoría de los insultos hacen referencia a la maternidad y al parto? Perdonen, me fui por las ramas). Volviendo al tema. Es sábado y es mi cumpleaños. Nunca me gustó mucho organizar festejos para mis cumpleaños. Todos los años amenazo. ¡Este año no hago nada! ¡Que se maten todos! Pero después lo empiezo a pensar… Todo el mundo quiere que lo festeje, y un poco yo también, asi que me empiezan a dar ganitas. Y empiezo a planear algo. Pero lo odio. Odio organizar todo. Odio sentir que no va a venir nadie, que vamos a ser tres y va a ser un embole. Me pone re ansiosa. En fin. Organizo una merienda con amigas (el presupuesto no daba para cena) y después una cena con la familia. Todo en la casa de mi vieja que es más grande y luminosa que mi departamento. Se me ocurre invitar a Mi Cuñada a merendar con mis amigas, y a Mi Suegra la invito a cenar, así mi vieja se deja de romper la paciencia con hacer esa maldita reunión. Y de paso tengo una excusa. Mi suegra todavía no sabe nada ¿Con qué pretexto la iba a invitar sino? Empiezo a preparar todo. Café, te, gaseosas. Compro medialunas y un par de budines, panes y fiambres para hacer sanguchitos, hago galletitas de avena caseras, amasamos pizzas para la cena. Todo listo. Todo menos la torta y las velitas. ¿Da soplar las velitas a los 32? Para mí que no, así que me hago la boluda y me “olvido”.
Empiezan a llegar las amigas, entre ellas un par que leen este blog.

-Ojo con lo que dicen que viene mi cuñada que no sabe nada… y en un rato capaz que caen mis hermanas.

Les digo y se cagan de la risa. Siguen llegando y me sorprendo, vinieron casi todas mis amigas, incluso alguna que no veía hace miles de años. Llegan mis hermanas. Las saludo en la cocina mientras vuelvo a llenar una bandeja y escucho que vienen hablando de Mi Madre…

-Qué pesada que está… me está quemando la cabeza...

Dice la del medio.

-¿A vos también? ¿Qué le pasa?

Dice la menor.

-Si, a mi también –digo casi sin pensar- El otro día empezó a romper preguntando si me pienso casar…

-¿Qué? ¿Casarte? ¿Cuándo te preguntó eso?

-Ehhh....El otro día cuando le conté que… -digo, y me doy cuenta que estoy a punto de contar justo lo que no quería contar.

1 de febrero de 2011

Cincuenta y cuatro.



Llegan mis hermanas y cenamos. No se habla del tema. Hacemos como si nada pasara. En un momento me levanto a ayudar a Mi Madre que está en la cocina calentando la comida. Mientras calentamos el pescado y condimentamos la ensalada me dice en voz baja

-No vayas a hacer ningún esfuerzo ni a levantar cosas pesadas, eh?

-¿Qué?? –pregunto.

-Si, mirá si estás embarazada de dos o tres días, ni te das cuenta y si haces un esfuerzo capaz que lo perdés. Cuidate…

Me la quedo mirando. La verdad es que no entiendo lo que me está diciendo. O tal vez es ella la que no entiende. Ojalá yo pudiera vivirlo con la inocencia de no saber ni en qué día vivo, pero me indispuse hace una semana, no hay chance de que…

Le contesto que sí para dejarla tranquila.

-Y estaba pensando… tendríamos que conocernos con La Mamá de G. sino después va a ser medio incómodo ¿no?

-Pero ...a La Mamá de G. todavía no le dijimos nada…

-Ah… bueno… pero igual… ¿por qué no organizas una cena en tu casa uno de estos días así nos conocemos?

-mmm… bueno, dejamelo pensar.

Volvemos al comedor y la cena sigue como si nada. Bueno, como si nada es una forma de decir…


29 de enero de 2011

Cincuenta y tres.



-Es que yo no creo en el matrimonio –le contesto.

-No se trata de creer. Yo no te estoy hablando de una ceremonia religiosa. Te estoy hablando de pasar por el registro civil. De dejar asentado el vínculo. Así como uno inscribe las muertes y los nacimientos. De hacerlo legal.

No sé que contestar. La verdad es que me sorprendió. Lo último que me esperaba era esto. Y encima G. me mira fijo, como esperando mi respuesta.

-No sé. Sigo sin entender para qué sirve el matrimonio. No me gusta como institución.

-Bueno, pero si te da igual… podrías hacerlo ¿No?

-Eh…

-No digo un fiestón pero… al menos una reunioncita… Bueno, vos ya te casaste y por ahí no fue una buena experiencia, -le dice a G.- pero…

-Él quiere. Soy yo la que no quiere…

G. se acerca y me dice al oído –vos sabés que cuando vos quieras…
Silencio. Mi Madre se queda pensando.

-¡Voy a tener nietitos!

Dice y pega un saltito. Está contenta como nene con chiche nuevo.

-¿Destapo un Champagne?

Pregunta. Siempre tiene uno a mano.

-No, no… Mirá que no se lo quiero contar a Mis Hermanas todavía… La Más Chica viene rompiendo la paciencia hace un año con que quiere sobrinitos y no quiero que me ponga nerviosa, ya tengo bastante con mi ansiedad…

Suena el timbre. Entra Mi Hermana La Más Chica. Cae el telón. O todavía no…

25 de enero de 2011

Cincuenta y uno.


Día de la Madre. Arreglamos para cenar en la casa de Mi Madre porque mi hermana La Del Medio trabajaba hasta la tarde. Como corresponde (es inevitable) llego asquerosamente temprano. Siempre llego temprano a todos lados, incluso aunque no me lo proponga. Y aunque haga esfuerzos por llegar tarde no lo logro. No habíamos quedado un horario, pero a las nueve puntual estoy en la puerta con G. Entramos, saludamos a Mi Madre, a su perrito y a su gata. Mis hermanas todavía no habían llegado. Empezamos a hablar de la vida, del trabajo y demás boludeces mientras ayudo a mi Madre a armar una picadita. Servimos unas copas de vino y nos sentamos. En cuando se hace un silencio G. dice.

-Tenemos algo que contarte.

Y me mira. Me quedo paralizada. Te voy a matar –pienso… o digo, ya no se.

-¿Qué tenemos que contarle?? –pregunto anonadada.

-Dale, aprovechá ahora que no llegó tu hermana todavía…

-Ay, no me asusten, ¿Qué pasó? –pregunta Mi Madre.

-No, no te asustes… no es nada malo -dice él…

Yo me quedo muda. No sé por donde empezar. No es así como lo había imaginado…

-¿No estaría bueno que me preguntes si yo quiero…

-Me van a matar del susto –interrumpe Mi Madre- ¿Me dicen qué pasa?

Y no, así no era la idea. Lo miro fijo. Lo quiero matar, pero ahora no me queda otra. Voy a tener que hablar antes que Mi Madre muera de un paro cardíaco en el mismo puto Día de la Madre. Pero cómo empiezo…?

-Bueno… es que… Qué dejé de tomar pastillas…

-¿Cómo que dejaste… ? ¿Están pensando en tener un bebé?

-Sí, eso es lo que te estoy diciendo.

Me la quedo mirando para ver su reacción. Por un momento no dice nada. Está sorprendida, sonríe, se queda pensativa. Hasta que abre la boca...

-¿Les puedo hacer una pregunta?...

13 de enero de 2011

Cuarenta y seis.


Esta noche voy a cenar a la casa de Mi Madre. En esta semana venía pensando que tenía ganas de hablar con ella. Contarle. Tal vez estaría bueno charlarlo con ella, que me cuente un poco como le fue a ella, cómo hizo, qué le pasó, cómo tomó la decisión. Tal vez sea una idea mía que no le va a gustar la novedad, en el fondo capaz que la pone contenta pensar en nietitos. Y se ve que yo estoy con ganas de contarlo, de compartir la noticia con alguien. Con ella. Me imagino la charla. Lo peor que puede pasar es que me haga dudar. Que se ponga a buscarle los peros o me diga que es una decisión apresurada, que todavía no es momento. Puede pasar, mi vieja tiene sus días y si la agarro en uno malo puede que me amargue el momento. Pero también puede que se ponga muy contenta y se entusiasme, y que su entusiasmo me entusiasme a mí. Habrá que tantear un poco el terreno antes de soltar la noticia, ver cómo viene de ánimos. Ya hace casi seis meses que dejé de tomar las pastillas, tal vez ya sea momento de contarle. Y mejor, aprovecho que G. esta noche no puede venir y lo hablo tranquila, con tiempo. Pero mejor primero le pregunto.

-Mi amor, estaba pensando… ¿Te parece que da para contarle a mi mamá?

-Pero ¡si eras vos la que no quería contar!

-Bueno, pero ahora me dan ganas… ¿a vos que te parece? ¿Es una boludez?

-No… Es tu mamá, si tenés ganas contale, a mi no me molesta.


Ok, le voy a contar. Esta noche le cuento. –Pienso- mientras voy para allá. Y voy pensando la mejor manera de decirlo, me imagino la cena y la charla. Pero en cuando llego a su casa me encuentro con un imprevisto. Está Mi Hermana, la menor. La misma que me viene insistiendo hace un año con que quiere sobrinitos. Mejor hoy no digo nada.

30 de noviembre de 2010

Veintisiete.

Junio de 2010

Era el día del padre y habíamos arreglado para almorzar juntos, con mis hermanas y G. en un restorán que eligió Mi Padre. Mi hermana del medio se ofreció (al fin!) a comprarle el regalo, aliviandome la tarea de tener que salir a recorrer vidrieras y pensar qué cuernos regalarle. Llegamos temprano. Mi viejo y mi hermana más chica ya estaban sentados en una mesa en la vereda. Por suerte había sol, porque era un día de Junio bastante fresco y el vientito no ayudaba. Pero como mi viejo no puede dejar de fumar un minuto tenemos que sentarnos afuera. El almuerzo estuvo bastante ameno. Mientras esperábamos la comida mi hermana menor se puso a contar del bebé que había tenido una de sus amigas hace muy poquito.

-Ay. Si… no sabés que lindo Pedrito… Es tan chiquitito…

Y así siguió un rato hablando del parto, de los pañales y la teta y blablabla. Hasta que me miró y dijo:

-Bueno ¿Y vos para cuando? Mirá que los ovarios tienen fecha de vencimiento, se te van a poner viejos…

La comida se me quedó atragantada. Estuve a un paso de levantarme e irme. -Estoy a cinco cuadras de mi casa, porqué carajo tengo que soportar esto en este momento- pensaba.

-¿Porqué no te vas un poquito a cagar? No hace falta que te pongas agresiva…

-¿Agresiva? Es un chiste, nena… No entendés nada…

Un chiste. Esa es la excusa justa, la de siempre. Te mando a cagar, pero no te enojes, era un chiste. Te digo que sos una vieja chota, que se te está pudriendo el útero, pero era un chiste. Qué linda es la familia…