Soy una boluda, pero una boluda importante: lo reconozco. Casi 4 meses de embarazo, una pancita que ya se está empezando a notar, y sigo viajando parada. En el colectivo, en el tren y en el subte. No hay caso.
Me paro enfrente del asiento que tiene el cartelito de “Reservado para Embarazadas y Discapacitados” y nada... Ni te miran. Siempre van durmiendo o haciendo que duermen, o leyendo un libro concentradísimos. Ni te registran. Y en realidad yo sé que es culpa mía por no pedir el asiento, pero la verdad no me sale. Ya se me pasaron las náuseas y no me siento mal. Me da no se qué pedir el asiento. Y para peor como hace cada vez más frío y uno se sube con pilas de abrigos, sweater, bufanda, sobretodo, la verdad es que la panza casi no se ve. Se que tendría que abrir la boca, hablar, pedir. Decir –Estoy embarazada ¿Me dejás el asiento? Pero no lo hago. No se porqué. Me da cosa decirle a alguien que se levante solo porque yo me quiero sentar. Cada tanto tengo suerte y alguien levanta la mirada, me registra y me dice:
-¿Estás embarazada? Sentate, disculpá, no te vi.
en la mitad del viaje. Yo agradezco y me siento. Pero ya no me sorprendo de que sean siempre mujeres. Ellos ni te registran. No te miran. O no se hacen cargo. O se hacen los pelotudos. Y me da tanto odio que creo que es por eso que no digo nada. Que me la banco y me callo la boca. Porque si empiezo a hablar debería mandarlos a todos a la mismísima concha de la madre que los parió. No puede ser querido / querida que te sientes en el asiento que dice “Reservado para Embarazadas y Discapacitados” y vayas en babia, durmiendo o haciéndote el pelotudo olímpicamente. Mirá a tu alrededor, prestá atención. Sé un poco amable. Hay gente que no registra más que su puto ombligo y las pelusitas que le salieron esa mañana. Me enoja, me enferma, me amarga el día. Creo que prefiero viajar parada que discutir.
Uno de estos días iba en subte con G. El subte iba llenísimo y yo parada. Y él dale que dale con
–Pedí el asiento.
-No, dejá… me da vergüenza. Y además está re lleno, ya nos bajamos.
Decía yo con todas las excusas del mundo, para no tener que pasar el suplicio de pedir. Odio pedir. Pero en eso alguien se levanta y queda un asiento vacío. Me siento. Una parada más tarde se sube una mamá con una criaturita de unos diez añitos, con un horroso globo enorme de esos alargados de publicidad. La madre se sienta al lado mío, la criaturita se me para enfrente, casi encima mío y me estampa el globo de mierda en la cara. Me contengo de no darle una cachetada o putear a la madre por no educar a su retoñito del demonio y le digo a la criaturita:
-¿Te querés sentar?
-Si.
Me contesta sin decir ni gracias y mientras me paro, se sienta. G. me mira con odio.
-Estás embarazada ¿Porqué le das el asiento?
-Porque si no me sacaba ese globo del orto de la cara la iba a tener que cagar a trompadas a ella y a la madre… así que prefiero pararme y en paz. Que se metan el asiento bien en el culo…

