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3 de mayo de 2011

Ochenta y siete.


Fines de Marzo de 2011.

Tal como se habían dado las cosas ese mes, no tenía muchas esperanzas de estar embarazada. Y la verdad en ese momento tampoco ganas. Había decido comprar una caja de pastillas en cuanto me viniera para empezar a cuidarme, al menos por un par de meses hasta que se estabilizara un poco lo laboral. Solo faltaba que me viniera. Tenía todos los síntomas. Un poco de dolor de cintura, estaba bastante hinchada y las tetas habían empezado a dolerme un poco. La cuenta no era difícil. El mes pasado me había venido el 28, el último día del mes. Si tenía en cuenta que me venía entre 24 y 32 días tenía que ser en cualquier momento. El 24 había pasado y sin novedades. El 25 y el 26 también. Pasó el 28 y el 29 y ya empezaba a preocuparme. Seguía hinchada pero nada. Ni una gotita rosadita. Sin novedades. Sería uno de esos meses de 31 o 32 días –pensé, y no le dí mucha más importancia. Seguí mi vida normal. Por las dudas no compré las pastillas. Estaba esperando que me viniera, no podía empezar a tomarlas antes.
Pero llegó el 30 de Marzo y seguía sin noticias. Si hoy es 30 de Marzo ya pasaron 31 días –pensaba- y en general uno o dos días antes empiezo con algunas manchitas… y todavía nada. No quedaba otra que seguir esperando. El 31 de Marzo me levanté más hinchada que de costumbre. Fui al baño esperando encontrarme con las buenas noticias, pero otra vez… nada. Ni una manchita.
Empezaba a ponerme nerviosa. No puede ser, no puede ser, no puede ser. Debería hacerme un test –pensaba- pero no es un buen momento. Tengo que ir al hospital y después al consultorio. Mejor pongo la cabeza en eso –me decía, haciéndome la tonta. Pero en el fondo no podía dejar de pensar en eso. Estaba preocupada. ¿Podrá ser que justo ahora, cuándo no sé si quiero…?

Esa tarde, cuando G. volvió del trabajo y yo terminé con el consultorio me preguntó:

-¿Y? ¿No te vino, no?

-No…

-¿Vamos a hablar del elefante que hay en la habitación o te vas a seguir haciendo la tonta?

-¿Me tendría que hacer un test, no?

-Y si…

-Si, lo vengo pensando. Pero esta vez no se si quiero que de positivo y no quiero hacérmelo a las apuradas a la mañana y después salir corriendo a trabajar sin darme tiempo a reaccionar si…

-¿Porqué no te lo hacés ahora?

-Tenés razón. Me lo hago ahora.

Dije, mientras sacaba una tirita del cajón de mi mesa de luz y me iba al baño…

28 de abril de 2011

Ochenta y cinco.


Veintipico de Marzo de 2011.

Domingo. Sol hermoso. Con G. nos miramos y decidimos salir a caminar un poco. Paseamos por el barrio tomados de la mano, nos sentamos en una placita a disfrutar del solcito de otoño, ese tiebiecito que te acaricia la piel y alma y no te calcina. Hablamos. De la vida, de boludeces varias y cotidianas. Hasta que interrumpo la charla con un pensamiento que vengo arrastrando hace unos días…

-Viste que el trabajo con la obra social viene bien? Ya estoy pensando en cambiar de consultorio, me están mandando varios pacientes y no me alcanzan las horas…

-Qué bueno! Me alegra tanto que lo tuyo esté empezando a despegar…

-Si, buenísimo. Pero estaba pensando…

-…

-¿Te parece que es el mejor momento para quedar embarazada? Digo, recién me conocen, no se si voy a poder tomarme licencia, además los meses que no trabajo no cobro. Y después no sé si me van a bancar y me van a seguir derivando pacientes…

-Bueno, no te adelantes, eso ya se verá…

-No, no. Es un tema que me tiene preocupada. Vos sabes que mi trabajo es así. No tengo sueldo ni aguinaldo, ni vacaciones, menos que menos licencia por maternidad… Estaba pensando si no será mejor idea que me cuide por unos meses hasta que se estabilice un poco todo…

-¿Quéeee? ¿Cómo??

-No se, pensaba empezar a tomar pastillas de nuevo, por unos meses…

-¡Vos estás loca! ¿Unos meses? ¿Cuántos?

-No sé… tres o cuatro meses. Hasta que las cosas se acomoden un poco,  y yo empiece a cobrar, y podamos mudarnos, y…

-Si, vos decís tres o cuatro meses, pero ¿Y yo como se que después no van a ser seis? ¿O un año? ¡Hace casi un año que estamos buscando! ¡Yo no se si quiero esperar tanto!

-Bueno, pero…

-Es tu cuerpo. Y tu trabajo. Vos hacé lo que quieras. Pero a mi la idea mucho no me gusta…

22 de marzo de 2011

Setenta.


16 de Febrero de 2011

Se venían las vacaciones al fin, pero antes tenía que pasar por el consultorio de mi Ginecóloga. Me armé de paciencia, caminé las cuatro cuadras que me separan de su consultorio y entré. Mientras la secretaria pasaba la tarjeta de mi prepaga me puse a mirar de reojo el cuadernito donde tenía anotados los turnos. ¡Y ahí entendí todo! La muy guacha tiene citadas dos pacientes para cada horario, con una diferencia de quince minutos. ¡Dos pacientes cada quince minutos! ¡Con razón me tiene esperando una hora en la sala de espera!
Que hijadeputa… con tal de no perder unos pesos si falta alguna… Bueno, me tengo que buscar otra, pero por ahora me la banco porque me queda cerquita.

Finalmente me llama al consultorio, y entro.

Mira la fichita, me mira y dice…

-Yo te vi el año pasado…

-Si, yo dejé de tomar las pastillas, me hice un chequeo y estaba todo bien. Pero va pasando el tiempo y sigo sin novedades…

-Bueno, pero ¿cuánto hace?

-Y… ya van a hacer 10 meses.

-Hay que esperar hasta el año por lo menos.

-Pero además estoy muy irregular, quería ver si me podés ayudar a pensar cuándo estoy ovulando, acá te traje anotada las fechas de mis últimas menstruaciones.

Mira la hojita donde anoté las fechas y la cantidad de días que pasaron entre una y la otra.



-Pero esto está bien, ¡No sos irregular!

-¿Es normal que me venga entre 24 y 31 días? ¿No tiene que ser cada 28? ¿O al menos todos los meses igual?

-No, no somos todas iguales. Pero si tu última menstruación fue el 31… ¡Tenés un atraso!?

-Fue el 31 de Enero, hoy es 16 de Febrero…

Digo, y hago silencio. No puede ser que te cueste hacer esa cuenta... No podés ser tan boluda, no podés ser tan boluda, ¡Dios!...

25 de enero de 2011

Cincuenta y uno.


Día de la Madre. Arreglamos para cenar en la casa de Mi Madre porque mi hermana La Del Medio trabajaba hasta la tarde. Como corresponde (es inevitable) llego asquerosamente temprano. Siempre llego temprano a todos lados, incluso aunque no me lo proponga. Y aunque haga esfuerzos por llegar tarde no lo logro. No habíamos quedado un horario, pero a las nueve puntual estoy en la puerta con G. Entramos, saludamos a Mi Madre, a su perrito y a su gata. Mis hermanas todavía no habían llegado. Empezamos a hablar de la vida, del trabajo y demás boludeces mientras ayudo a mi Madre a armar una picadita. Servimos unas copas de vino y nos sentamos. En cuando se hace un silencio G. dice.

-Tenemos algo que contarte.

Y me mira. Me quedo paralizada. Te voy a matar –pienso… o digo, ya no se.

-¿Qué tenemos que contarle?? –pregunto anonadada.

-Dale, aprovechá ahora que no llegó tu hermana todavía…

-Ay, no me asusten, ¿Qué pasó? –pregunta Mi Madre.

-No, no te asustes… no es nada malo -dice él…

Yo me quedo muda. No sé por donde empezar. No es así como lo había imaginado…

-¿No estaría bueno que me preguntes si yo quiero…

-Me van a matar del susto –interrumpe Mi Madre- ¿Me dicen qué pasa?

Y no, así no era la idea. Lo miro fijo. Lo quiero matar, pero ahora no me queda otra. Voy a tener que hablar antes que Mi Madre muera de un paro cardíaco en el mismo puto Día de la Madre. Pero cómo empiezo…?

-Bueno… es que… Qué dejé de tomar pastillas…

-¿Cómo que dejaste… ? ¿Están pensando en tener un bebé?

-Sí, eso es lo que te estoy diciendo.

Me la quedo mirando para ver su reacción. Por un momento no dice nada. Está sorprendida, sonríe, se queda pensativa. Hasta que abre la boca...

-¿Les puedo hacer una pregunta?...

13 de enero de 2011

Cuarenta y seis.


Esta noche voy a cenar a la casa de Mi Madre. En esta semana venía pensando que tenía ganas de hablar con ella. Contarle. Tal vez estaría bueno charlarlo con ella, que me cuente un poco como le fue a ella, cómo hizo, qué le pasó, cómo tomó la decisión. Tal vez sea una idea mía que no le va a gustar la novedad, en el fondo capaz que la pone contenta pensar en nietitos. Y se ve que yo estoy con ganas de contarlo, de compartir la noticia con alguien. Con ella. Me imagino la charla. Lo peor que puede pasar es que me haga dudar. Que se ponga a buscarle los peros o me diga que es una decisión apresurada, que todavía no es momento. Puede pasar, mi vieja tiene sus días y si la agarro en uno malo puede que me amargue el momento. Pero también puede que se ponga muy contenta y se entusiasme, y que su entusiasmo me entusiasme a mí. Habrá que tantear un poco el terreno antes de soltar la noticia, ver cómo viene de ánimos. Ya hace casi seis meses que dejé de tomar las pastillas, tal vez ya sea momento de contarle. Y mejor, aprovecho que G. esta noche no puede venir y lo hablo tranquila, con tiempo. Pero mejor primero le pregunto.

-Mi amor, estaba pensando… ¿Te parece que da para contarle a mi mamá?

-Pero ¡si eras vos la que no quería contar!

-Bueno, pero ahora me dan ganas… ¿a vos que te parece? ¿Es una boludez?

-No… Es tu mamá, si tenés ganas contale, a mi no me molesta.


Ok, le voy a contar. Esta noche le cuento. –Pienso- mientras voy para allá. Y voy pensando la mejor manera de decirlo, me imagino la cena y la charla. Pero en cuando llego a su casa me encuentro con un imprevisto. Está Mi Hermana, la menor. La misma que me viene insistiendo hace un año con que quiere sobrinitos. Mejor hoy no digo nada.

2 de diciembre de 2010

Veintiocho.

Los primeros dos meses después que dejé de tomar las pastillas fueron un poco complicados. Yo tenía todos los días una duda distinta. Se me ocurrían miles de motivos para esperar, para buscarlo más adelante. Sentía que era una locura. Pero a la vez me moría de ganas y no dejaba de imaginármelo. G. estaba un poco bajoneado por cuestiones de su trabajo. Y cuando no estábamos cansados no teníamos ganas. Yo me enojaba porque sentía que teníamos poco sexo, y oscilaba entre no decir nada y enojarme cada vez más y explotar, reclamar y gritar, lo que hacía que a él se le fueran las ganas por un buen rato. No entendía cómo él no se daba cuenta que si queríamos que algo pasara teníamos que hacerlo cuando yo estaba ovulando. El primer mes no le dije nada esperando que reaccionara solo, pero él no se dio por aludido. El segundo mes me puse un poco más insistente, y traté de provocarlo cuando estaba en esos días. Lo esperaba toda mimosa pero el venía cansado del trabajo y no me daba bola. Y yo me enojaba y no quería saber nada. Me sentía rechazada. Hasta que un día, después de algunos intentos fallidos y un par de enojos tuve que decírselo.


-Pero ¿Qué te pasa? –Preguntó ante mi evidente cara de culo.

-Nada.

-Dale, se que te pasa algo, decime.

-No te lo quiero decir…

-Dale, decime qué te pasa que no entiendo nada…

-¿Vos estás seguro que querés tener hijos conmigo? ¿No será que te da un poco de miedo?

-No, no me da miedo ¿Qué pasa?

-Bueno… es que si te lo digo siento que te estoy presionando… Es que… … ¿No te das cuenta que estoy ovulando?

-¡Ahh…! ¡Era eso! –dijo aliviado- No, no me doy cuenta… Me lo tenés que decir! Sino no entiendo nada…

-Es que me cuesta, siento que si te lo digo te meto presión… Pero es verdad…

-¿Cómo querés que me entere si no me lo decís?


Tenía razón. Iba a tener que empezar a ser más directa…

16 de noviembre de 2010

Veintiuno.

Esa misma semana empecé a tomar el Ácido Fólico, en cuanto terminé la última caja de pastillas. Una pastillita de un miligramo todas las mañanas antes de desayunar. Saqué el turno para aplicarme la vacuna y para hacerme la ecografía. Lo de cuidarnos un mes o dos con preservativo no me convencía. Nunca nos había resultado cómodo, sobre todo a él. Y no tenía mucho sentido, después de todo ya nos habíamos decidido. ¿Qué diferencia podía haber? No es que hubiera mucho apuro, iba a venir cuando viniera y sabía que era poco probable que pasara en los primeros meses. Pero si tenía que pasar iba a pasar.
La vacuna me la aplicaron a los pocos días.

-Cuando llegues a tu casa ponete hielo en el brazo y no te rasques ni te frotes.

Dijo la chica del vacunatorio, pero obviamente en cuanto llegué a casa me olvidé por completo. Me acordé a la mañana siguiente cuando sentía que el brazo se me había hinchado, estaba caliente y me latía. Ya era tarde. Durante un par de días me siguió doliendo. No puedo ser tan mañosa –pensaba- esto me debe doler a mí sola. Pero tuve que dormir del otro lado y me costaba levantar el brazo para agarrarme del caño del colectivo. Por suerte pasó a los pocos días.

Unos días después empecé a sentir el estómago raro. No llegaban a ser náuseas pero sentía el estómago revuelto… y como duro. Y me daba un poco de asquito la comida. No debe ser nada –pensé- me habrá caído mal algo que comí. Pero siguió así e incluso peor. Para cuando llegó el fin de semana ya me empezaba a sentir francamente mal. Estaba mareada y tenía náuseas, tanto que el domingo me costó dormirme. ¿Qué mierda me estará pasando? –me preguntaba- no es algo que me pase seguido sentirme mal del estómago. Dolores de cabeza, contracturas, si, pero del estómago... muy raras veces. ¿Qué sería?

13 de noviembre de 2010

Veinte.

-Hola, ¿Cómo estás? -preguntó.

-Bien… -dije mientras me sentaba, tratando de no putearla por la interminable espera… no hubiera tenido sentido.

-Yo te vi hace unos meses ¿No? –dijo, consultando la ficha garabateada con letra ilegible.

-Sí. Quería consultarte porque… bueno… con mi novio estamos pensando en empezar a buscar un embarazo…

-Ahá…

-Y... bueno… quería saber cómo seguir… qué habría que hacer…

-¿Vos te estás cuidando con pastillas, no?

-Sí.

-Bueno, lo ideal sería que dejes de tomar las pastillas y durante un mes o dos se cuiden con preservativo… mientras tanto estaría bueno que empieces a tomar el Ácido Fólico. Te voy a hacer la recetita y tomás una por día, preferiblemente en el horario que tomabas las pastillas, así te acordás… y… ¿Cómo están tus vacunas?

-La última que me di es la de la Rubéola hace unos años, cuando hicieron la campaña de vacunación. El resto ni idea. No me doy vacunas en general. Lo que se es que toxoplasmosis ya tuve…

-Bien. Te voy a dar la receta para que te apliques la Doble. Y además quiero que te hagas una ecografía transvaginal para que nos quedemos tranquilas que está todo bien.

Me da los papelitos con todas las recetas.

-Bueno, entonces ¿te veo cuando tengas los resultados?

-Si… entonces ¿Cuándo dejo de tomar las pastillas? –pregunté con más dudas que certezas.

-En cuanto termines la próxima caja… -dijo, como quien dice una obviedad. Pero para mí no era tan obvio, no estaba tan segura.

-Ok…

Nos saludamos y salí con todos los papelitos en la mano y con la sensación de que me habían dado un empujón al borde del precipicio. En el fondo tal vez fuera lo que necesitaba…

11 de noviembre de 2010

Diecinueve.

Llegué a casa y me puse a buscar la agenda del año anterior, tratando de rescatar el teléfono de la Ginecóloga. Era la misma que me venía atendiendo hace poco más de un año, la que me daba la receta para las pastillas anticonceptivas. De paso me quedaban pocas pastillas, podría pedirle un par de cajas más antes de decidirme a dejarlas directamente –pensé. La había elegido porque me quedaba cerca el consultorio, pero la verdad es que ésta médica no me convencía demasiado. Era un poco antipática y siempre tenía mucha demora, cosa que odio de los médicos. Si te dan un turno ¿Porqué no pueden respetarlo? Nada más odioso que perder una hora o más en una sala de espera horrible. Pero no era momento de ponerse a buscar Ginecóloga nueva, era solo para preguntarle algunas cosas y ver cómo seguir. Encontré el número y llamé. Me dieron el turno para la semana siguiente.

Ese día me levanté temprano, casi contenta. Mientras caminaba las pocas cuadras que me separaban del consultorio alternaba entre una sonrisa soñadora imaginándome un futuro con panza y los miedos que seguían cruzándose por mi cabeza. ¿Era un buen momento? ¿No sería mejor esperar que mejorara lo económico, que pudiéramos mudarnos a un departamento más grande, que tengamos más trabajo? ¿Y que voy a hacer con mis pacientes? ¿Tendría que seguir tomando pacientes nuevos o no? Todavía no me daba cuenta de lo mucho que me estaba adelantando. Pero nunca me fue fácil esperar.

Y hablando de esperar, eso hice. Pacientemente al principio, y después cada vez menos hasta que empecé a dudar si seguía esperando o me iba y buscaba otra Ginecóloga. Así pasó una hora y casi veinte minutos en una sala de espera chiquita y oscura, llena de mujeres de todas las edades que entraban y salían. Estuve a punto de levantarme un par de veces para irme dando un portazo, pero me aguanté. Ya debe faltar poco –pensaba- las que estaban cuando yo entré ya se fueron…

Hasta que escuché a la médica intentando pronunciar mi apellido en voz alta…

23 de octubre de 2010

Once.

-Dale, dejá de tomar las pastillas…

Dijo un día, mientras descansábamos entre las sábanas revueltas después de hacer el amor.

-¿Qué??

-¿No habíamos hablado de tener hijos?

-Sí… pero para más adelante! ¿Vos decís ya? Si no hace ni seis meses que estamos juntos!

-Pero ya somos grandes los dos… No quiero tener hijos a los 40… yo tengo 35, vos vas a cumplir 31…

-Mmmm… bueno, pero ahora, ahora… no. Esperemos un año. Estaría bueno que tengamos más trabajo los dos, otra seguridad, y tal vez mudarnos a un departamento más grande…

-Está bien. Cuando cumplamos un año.

-Mmmm… yo dije que esperemos un año… pero bueno, lo vamos pensando…