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4 de febrero de 2012

Ciento cincuenta y cuatro.


Primeros días de Octubre de 2011.

Apenas llegué del curso de pre-parto y una vez que logré sacarme de la cabeza la tonelada de comentarios estúpidos de la partera tomé conciencia de un par de cosas en las que hasta ese momento, con todo el lío de la mudanza y otras yerbas, no había pensado demasiado:

Primero, que faltaba bastante poco para el parto.

Segundo, que además de mil cosas para la casa me faltaban un millón de cosas para el bebé (lo que tenía hasta ahora era básicamente… nada) Por empezar… no tenía ni la menor idea de dónde iba a dormir. El departamento que habíamos alquilado tenía un living grande, y dos habitaciones. En la primera habíamos armado nuestro dormitorio, y en la segunda el consultorio. ¿Dónde cuernos íbamos a meter una cunita? Los primeros meses podía dormir con nosotros, mientras era chiquito… ¿Y después? No estaba en mis planes tenerlo metido en mi cama, soy partidaria que los chicos tengan su propia camita y de ser posible, su propia habitación. De noche se podía poner la cuna en el consultorio, pero ¿qué hacer de día, mientras yo trabajo? Se me ocurrió entonces que la mejor idea iba a ser comprar una cuna con rueditas, para que de día se pudiera acomodar en nuestra habitación o en la cocina, que era bastante grande y a la noche volverla a llevar al consultorio.

Esa misma semana, en mis ratitos libres me puse a recorrer los negocios de bebés del barrio para averiguar precios de cunas con rueditas y practicunas.  Había con cajones y sin cajones, con barrotes rebatibles y deslizables, practicunas con miles de accesorios, con vibración, con musiquita y hasta con luces. Demasiada cosa para mi gusto. ¿Y los precios? Ay dios. Carísimos. Carisisísimos.

Pero había un pequeño detalle que no había pensado y que resultó ser de lo más importante: Las medidas. Todas esas cunas eran enormes. ¿Iba a pasar por el marco de la puerta para poder llevarla de un cuarto al otro?

Llegué a casa, saqué la cinta métrica y medí el marco de la puerta. 70 cm. ¿70 cm.? ¡La mayoría de esas cunitas hermosas que había visto medían 75 u 80 cm. de ancho o más!

Houston, we have a problem!

Me metí en internet y me puse a buscar por mercadolibre. Y busqué y busqué y busqué… hasta que finalmente encontré un par de fábricas que hacían cunitas con ruedas más chicas. Venían en dos medidas 50 x 1m o 60 x 1,20. Cuando llegó G. de trabajar le pedí ayuda, como siempre me costaba tomar una decisión.

-Amor, ayudame a decidir que cunita compramos…

-Decidí vos, yo confío en tu criterio –me contestó.

-No puedo, hay demasiadas opciones, ayudame!

-Ok, a ver…

Dijo y se sentó al lado mío frente a la compu.

-Mirá, ésta es la más barata. Es de pino, tiene rueditas y mide 50 x 1m… hay que pintarla

-¿No es muy chiquita?

-Si es un poco chica… pero va a pasar mejor por la puerta. Sino hay ésta otra, un poco más cara que mide 1,20 x 60. La medida de afuera es 65 cm. Es más linda y tiene un cajón abajo… pero va a pasar medio justito por la puerta. Y lo que me preocupa es si la vamos a poder girar en el pasillo para llevarla a la cocina.

-Si, tiene que pasar… no es tan grande. Para mí es mejor esa… no des más vueltas, comprala.

-¿Estás seguro? ¿Seguro que pasa bien?

-Si, no seas exagerada. Comprala y listo.

-Ok.

Le dije, y apreté el botón “Comprar”. Me puse en contacto con el fabricante y arreglamos la entrega para ese mismo fin de semana.

Listo, asunto arreglado.

Un problema menos… (¿o no?)

23 de noviembre de 2011

Ciento cuarenta y seis.


Mediados de Septiembre de 2011.
Detesto admitirlo pero el Pelado tenía razón. El departamento era hermoso. Muy luminoso, con pisos de madera, una cocina enorme con espacio para comedor diario, lavadero, un living grande con un balcón con vista abierta y dos habitaciones bastante grandes. Todo en buen estado, con un baño prolijo y lindo. Recorrí, miré, pregunté… y volví a la cocina. Me encantaba esa cocina. Me preguntaba cómo iba a hacer con un bebé y el consultorio… cómo me las iba arreglar… pero la verdad es que me imaginé viviendo ahí. Recorrí un poco más, pregunté un poco más y finalmente me fui con la tarjeta del pelado en la mano y la promesa de llamarlo al día siguiente. Era Apto Profesional, no me iban a hacer problemas por mis gatos, el precio estaba dentro de lo que buscábamos y estaba bien ubicado. Además estaba bueno. Y al fin veía algo que parecía posible. Me fui al consultorio y esa misma tarde, entre paciente y paciente vi una casa (horrible y desastrosamente mal cuidada) y un departamento, parecido al que había visto, pero bastante más desprolijo. Tenía una cocina americana, bastante más chica y el dueño le había achicado una habitación para agrandar un pasillo, dejando una pared en diagonal. Una porquería.
Volví a casa a hablarlo con G. Quería que él lo viera para ver si le gustaba.
-¿Te parece que arregle para verlo éste fin de semana y si te gusta lo señamos?
-¿El fin de semana? Pero hoy es Martes… Si está bueno, como vos decís, capaz que lo alquilan antes!
-Si, pero no quiero señarlo sin que lo veas ¿Y si a vos no te gusta?
-Si a vos te gusta, para mí va a estar bien.
Dijo, G. sabiendo en el fondo que con lo Mañosa que soy, si está bien para mí, tiene que estar bien para cualquiera. Pero yo soy muy insegura y me cuesta tanto tomar decisiones sola…
-La verdad… me gustaría más que vos lo vieras antes. Pero si te parece vamos mañana a la inmobiliaria y lo señamos. Y ya nos sacamos un problema de encima.
Pero esa noche no me podía dormir. Daba vueltas en la cama y pensaba, pensaba y pensaba. ¿Y si nos equivocamos? ¿Y si nos nos alcanza la plata? ¿Y si algo sale mal? ¿Y si no le gusta? ¿Y si no se acostumbra a vivir tan lejos? ¿Y si no me acostumbro yo? ¿Y si…? Pero lareputísimamadrequemeparió… al fin y al cabo ser yo misma a veces es una tortura.
Maldita neurosis
¿Puede ser que para todo tenga tantas dudas?

26 de julio de 2011

Ciento dieciocho.


15 de Junio de 2011.

Pasaron unos pocos días y por suerte teníamos un nuevo turno con el Obstetra. Nos armamos de paciencia, buscamos el sobre con los resultados de la Translucencia y salimos para el consultorio. Como ya era costumbre nos sentamos y esperamos, esperamos y esperamos. Era la tercera visita al Dr. S. y yo venía cada vez con más dudas. Acerca de los resultados del estudio y acerca de mi elección del médico. Ya estaba terminado el primer trimestre y por suerte las náuseas iban desapareciendo, ya me empezaba a sentir mejor. Pero empezaba a ver el parto cada vez como algo menos lejano. Había leído algún libro sobre parto respetado, y aunque sabía que en una clínica es bastante improbable tener un parto natural y respetado, yo quería que fuera lo más natural posible. Iba a tener que hacerle unas cuántas preguntas a éste doctor. Al fin y al cabo la que decide cómo y con quién quiere parir soy yo. Nos hizo pasar. Le dimos el estudio y lo miró…

-Está todo normal… acá dice que tenés una probabilidad de 1 en 9000, es mucho menor a lo esperado para tu edad….

-Si… pero ¿Qué es eso de “Foco hipercogénico cardíaco” que dice acá en negritas?

Le pregunté, señalando el estudio. Laputamadre, ¿Hace falta que te pregunte todo yo? ¿Si no te lo pregunto lo pasas por alto?

-Ah… eso. En realidad es algo que podría ser normal… hay que volver a chequearlo después de la semana 20…
Te voy a dar el teléfono de la Dra. D. una cardióloga, para que haga un estudio… la orden te la doy en la próxima visita. Pero lo más probable es que no sea nada importante. Seguramente desaparece…

-Ojalá… pero si no estaría bueno estar preparados ¿No? O al menos saber qué es…

-Si, claro…

Dijo mientras me hacía pasar al cuartito donde me pesó, me tomó la presión y me auscultó la panza. Después puso un aparatito para escuchar los latidos del corazoncito del bebé…

Mientras resonaban en la habitación y G. se acercaba emocionado, dijo:

-Yo no soy cardiólogo pero parece que está todo bien…

Volvimos al escritorio, y mientras anotaba cosas en su libretita, G. y yo hicimos silencio.

-Bueno por este mes les doy un descanso. Hasta la semana 20 no hay más estudios que hacer. ¿Quieren preguntar algo?

-Si… varias cosas en realidad.

Dije pensando por dónde empezar. No había caso, éste médico no me inspiraba confianza, a pesar de que se lo veía tan seguro y experimentado. Pero las canas y una sala de espera llena no me alcanzan…

-En éste último tiempo me está pasando que me falta el aire… es algo así como momentáneo, me agarra de golpe que me cuesta respirar…

-Eso es algo normal. Tenés que entender que tenés algo ahí, que empuja tus intestinos para arriba, y por ende todo se está reacomodando, puede ser que por momentos te presione el diafragma…

-Ok… Bueno, además quería preguntarle cuál es su posición respecto del parto.

Silencio.

-¿Qué querés decir?

Preguntó, no de muy buena gana.

-Bueno, a ver…  Por ejemplo hasta qué momento se espera antes de inducir el parto, qué opina de las cesáreas, de la episiotomía, de la anestesia…

-Esperar, se espera un parto normalmente en la semana 40, se puede esperar hasta la 41 si no hay sufrimiento fetal. Esperar más puede ser riesgoso…

-¿Y en qué casos se hace una cesárea?

-Hay cesáreas programadas en los casos en que sabemos que algo viene complicado. Sino se espera al parto natural, salvo que algo se complique de último momento y en ese caso se va a cesárea… Respecto a la episiotomía… Eso lo voy a decidir yo en el momento.

-¿En base a…?

-A la posibilidad de desgarro de los tejidos. Si todo va bien puede que no sea necesaria, pero siempre es más fácil de cicatrizar un tejido con puntos que uno desgarrado.

-Ahá… ¿Y la epidural?

Pregunté, ya con miedito. Aunque tenía miles de otras preguntas se lo notaba cada vez más impaciente e incómodo con mis preguntas. Seguro que no está muy acostumbrado a que lo interroguen ni lo cuestionen los pacientes. Pero para mí estaba bien clarito que la que tiene que tomar una decisión soy yo. No él.

-La Epidural… Mirá, al final todas la piden. Y el problema es que a veces es demasiado tarde. Hay un momento para aplicarla y es importante que en ese momento el anestesista ya esté en la sala. No hay anestesistas de guardia…

14 de junio de 2011

Ciento cuatro.

Fin de semana de Pascua.

Al día siguiente tocaba el turno de contarle a Mis Hermanas. ¿Y Mi Madre? ¿La llamo o no la llamo? –pensaba- pero realmente no tenía mucha opción. En algún momento iba a tener que contarle y no daba que se entere por boca de mis hermanas, menos que menos de Mi Padre.

Me armé de coraje y agarré el teléfono. Llamé primero a mis hermanas y las invité a merendar en mi casa. Una vez que me confirmaron que podían y a qué hora llegaban, llamé a Mi Madre.

-Hola ¿Má?

-¡Hola hijita! ¿Como estás tanto tiempo?

-Bien, bien –contesté medio cortada- Mis hermanas van a venir a merendar a casa ¿Querés venir?

-Dale, a qué hora?

-A eso de las cinco.

Dije, y corté.

G. y yo nos fuimos para la cocina y nos pusimos a preparar cosas ricas para la merienda. Hicimos dos budines (en realidad los hizo él, yo le hice de Juanita…) Uno de manzanas, y uno de chocolate. Preparé una jarra de café recién hechito. Llené un termo con agua caliente por si alguien quería té y puse la mesa. Mientras los budines terminaban de cocinarse ordené un poco y me fui a dar una ducha.

Un momento de relax, para pensar un poco cómo cuernos se los iba a contar. Estaba segura que se iban a poner felices, hace rato que mis hermanas venían hinchando la paciencia con que querían sobrinitos.

Me lavé la cabeza y me dediqué a disfrutar del momento bajo el chorro de agua calentita. Me enjaboné bien, sobre todo la panza que estaba cada vez más redonda. Últimamente me tocaba mucho la panza, casi sin darme cuenta. Supongo que nos pasa a todas las embarazadas. Debe ser una forma de acostumbrarnos a los cambios, de darnos cuenta que hay algo ahí. Miré para abajo y noté algo diferente.

Terminé de ducharme, me envolví en la toalla y salí.

Grité.

-¿Amor?

-¿Qué? –contestó G. desde el dormitorio

-¡No me la veo!!

17 de marzo de 2011

Sesenta y ocho.

Febrero de 2011

Salimos de la ducha y yo me quedo en el baño secandome y tratando de aguantarme las lagrimas. La libido se me fue por la cañería. No puedo dejar de pensar. ¿Y si le sale el trabajo y nos tenemos que ir a vivir a Brasil? ¿Qué hago con mi trabajo? ¿Justo ahora que me está por salir un trabajo rentado de mi profesión? ¿Ahora que me maté estudiando para el examen de residencia? ¿Ahora que estoy por ovular? ¿Y si quedo embarazada y me tengo que ir, y no solo tengo que cambiar de lugar, de idioma, dejar mi familia y mis amigos, sino que también voy a tener que cambiar de médicos, de clínicas? ¿Voy a parir con un médico que habla en otro idioma? ¿Voy a cuidar a un bebé sola? ¿Sin tías, sin abuelas, sin amigas? ¿Y cómo hago para laburar allá? ¿Me validan el título o tengo que empezar de nuevo? ¿Puedo atender pacientes en un idioma que no es el mío? Puta madre, cuántas preguntas… y justo hoy que…

-Amor… te estoy esperando en la camita…

Susurra G. desde el cuarto. No tiene ni idea de todo lo que estoy pensando. No tiene ni idea de que justo ahora, ya ni sé si quiero quedar embarazada. Justo ahora con ésta angustia ya no sé si puedo coger…

-¿Ahora? ¿Después de lo que me acabás de decir?

-¿Qué cosa?

-Lo de Brasil.

-Ah… pero yo pensaba que era una buena noticia…

-Si, es una buena noticia. Pero de golpe me cambia todos los planes…

-Pero es solo una probabilidad, no sé que va a pasar.

-Sí, pero ya no es lo mismo. Lo habíamos hablado hace más de un año. Me puse a estudiar Portugués, me ilusioné, me terminó gustando la idea. Y después no salió y yo seguí mi vida… Me rompi el culo para dar ese examen, entré en la concurrencia, y vos sabes que hace mas dos meses que estoy apostando a conseguir un trabajo de lo mío…. Un trabajo que me de algo de guita… y ahora que por fin parece que hay un par de posibilidades... ahora siento que es todo al pedo…

Digo, y se me cierra la garganta y las lágrimas me nublan la vista.

-Bueno, pero no te apures, vamos a ver qué pasa. La probabilidad es baja…

-Sí, pero mientras tanto yo que hago? ¿Sigo mandando currículums? ¿O es al pedo? Y encima si se da… tal vez tengamos que mudarnos en unos meses… y yo no se si quiero irme embarazada…

Y el llanto no me permite seguir hablando. Esa noche no iba a ser.

1 de febrero de 2011

Cincuenta y cuatro.



Llegan mis hermanas y cenamos. No se habla del tema. Hacemos como si nada pasara. En un momento me levanto a ayudar a Mi Madre que está en la cocina calentando la comida. Mientras calentamos el pescado y condimentamos la ensalada me dice en voz baja

-No vayas a hacer ningún esfuerzo ni a levantar cosas pesadas, eh?

-¿Qué?? –pregunto.

-Si, mirá si estás embarazada de dos o tres días, ni te das cuenta y si haces un esfuerzo capaz que lo perdés. Cuidate…

Me la quedo mirando. La verdad es que no entiendo lo que me está diciendo. O tal vez es ella la que no entiende. Ojalá yo pudiera vivirlo con la inocencia de no saber ni en qué día vivo, pero me indispuse hace una semana, no hay chance de que…

Le contesto que sí para dejarla tranquila.

-Y estaba pensando… tendríamos que conocernos con La Mamá de G. sino después va a ser medio incómodo ¿no?

-Pero ...a La Mamá de G. todavía no le dijimos nada…

-Ah… bueno… pero igual… ¿por qué no organizas una cena en tu casa uno de estos días así nos conocemos?

-mmm… bueno, dejamelo pensar.

Volvemos al comedor y la cena sigue como si nada. Bueno, como si nada es una forma de decir…


27 de enero de 2011

Cincuenta y dos.


Respiro hondo. Me imagino que va a salir con las preguntas que no quiero escuchar. Si estamos seguros, que nos conocemos hace poco, que cómo nos la vamos a arreglar, y blabla… o tal vez no. Sigue.

-Tal vez sea una pregunta boluda, o tal vez sea que estoy grande o soy de otra generación… pero…

-Si ya me imagino lo que vas a preguntar, pero… -dice G. Lo interrumpo.

-Dale, preguntá. –digo yo.

-¿No se van a CASAR antes???

Me quedé muda. Esa sí que no me la veía venir. ¿Casamiento? ¿Y eso con qué se come?

-¿Me estás hablando en serio? –pregunto.

-¡Claro!

-¡Pero Mamá! ¡Si fuiste vos la que me enseñaste bien clarito cuando yo tenía tres añitos que para tener hijitos no hacía falta casarse!!!

Resulta que cuando yo tenía un poco menos de tres añitos Mi Madre estaba con panza esperando a Mi Mermanita, La Del Medio. Y parece que yo un día le pregunté

–Mamá, ¿te casaste de nuevo con Papá que voy a tener un hermanito?

Entonces Mi Madre se tomó la molestia de explicarme que una cosa era casarse, y otra cosa era tener hijitos. Que para tener hijitos no hacía falta casarse, que venía el papá con la semillita y la ponía adentro de la mamá y de esa semillita iba creciendo un bebé adentro de la pancita de la mamá. Y entonces yo al día siguiente, en el jardín, le dije a la maestra

-Seño ¿Sabés que para tener hijitos no hace falta casarse?

Y por supuesto (imaginense que era en el año 81, con la represión y la censura) la seño horrorizada y preocupada la llamó a Mi Madre para contarle lo que yo había dicho. Horror.

16 de diciembre de 2010

Treinta y cuatro.

Después de ver varias páginas me encontré con una lista de síntomas que parecía bastante razonable y exhaustiva. A ver…

·        El primer signo que puede servir a las mujeres que suelan tener un ciclo menstrual regular es la falta de menstruación o amenorrea.

Obvio… si tuviera un atraso no estaría buscando esto ¿No?

·        Pechos sensibles o hinchados.

Mmmm… no, creo que no…

·        Dolor en bajo vientre o cierta hinchazón.

Y… eso puede ser…

·        Las náuseas o mareos matutinos, que a pesar del nombre pueden darse en cualquier momento del día. Pueden ir acompañadas de una salivación excesiva y de vómitos. La hormona del embarazo (gonadotropina coriónica humana), el estrógeno y la progesterona son las responsables de estas náuseas que produce el rechazo a ciertos sabores y olores.

Esto si. Es exactamente lo que me está pasando… ¿Será por eso?

·        La tensión arterial disminuye por la vasodilatación debida a las hormonas, lo cual puede conllevar algún mareo.

Y un poco mareada también estoy…

·        El cansancio, la desgana y el sueño.

¿Más que de costumbre? No se… a mi el frio me pega mal…

·        Algunas mujeres empiezan a notar una mayor frecuencia en la micción.

No, no me di cuenta…

·        Los “antojos” pueden empezar a indicarnos que el cuerpo nos pide algún alimento concreto.

Mmm… esto no se. Me pasa seguido y nunca estuve embarazada!

Pero como siempre que uno busca, encuentra justo lo que quiere encontrar. La explicación de mis sensaciones raras estaba ahí. Pero ¿alcanzará con eso? ¿No será que me estoy haciendo la cabeza?

7 de diciembre de 2010

Treinta.


Julio de 2010

Pero cuando me indispuse ese mes empecé otra vez con las dudas. Si bien había tiempo y yo tenía bien claro que era poco probable quedar embarazada en los primeros intentos, se me metió en la cabeza que tal vez no lo estaba pensando bien. Que podía haber un error en mis cálculos.

Así que volví a consultar al Dr. Google y le pregunté:


Y me encontré con montones y montones de páginas que hablaban del tema y decían cosas diferentes pero parecidas. Tal como yo lo esperaba, la mayoría de las páginas decían que si sos regular (y tus períodos son de 28 días) la ovulación suele ser en el día 14 del ciclo, contando a partir del primer día de la menstruación. En otras páginas decían que el período fértil era del día 9 al 15. Y además contaban varios métodos para detectar la ovulación.

·        El primero y el más fácil era calculando los días. Pero a veces no es tan seguro sobre todo si no sos regular.

¿Yo soy regular? No solía serlo, pero ahora desde que dejé las pastillas todo parece indicar que sí. Voy a tener que empezar a prestarle más atención!

·        Uno de los indicadores para detectar la ovulación son los dolores en la zona baja del vientre.

¿Pero si estás con dolor cómo vas a tener ganas de coger?? Espero que sean unos días antes…

·        Otro de los indicadores es el flujo o Moco Cervical (puaj!). En los días previos a la ovulación la cantidad del flujo aumenta considerablemente, además su textura cambia, se vuelve más gelatinosa.

Hasta ahora no noté mucho la diferencia, y además ¡Qué asquito! ¿Tendré que fijarme todos los días? No sé si me dan ganas…

·        El último de los indicadores es la Temperatura basal. Parece que durante la ovulación la temperatura aumenta entre 0,5º y 1,0ºC. Pero para esto hay que tomarse la temperatura todas las mañanas a la misma hora, ya sea vía bucal o rectal (¡ni loca!) y anotarlas.

¿Todos los días? ¡Es demasiado trabajo! Por ahora creo que me quedo con la de las fechas. Con razón las minas que buscan quedar embarazadas se vuelven tan locas!
La que me espera…

16 de octubre de 2010

Ocho.

Después vino el parto y los primeros meses de la beba que fueron bastante difíciles. Los cólicos no ayudaban y mi sobrinita casi no los dejaba dormir. Mi amiga estaba ojerosa y agotada y cada tanto me pedía que le diera una mano para poder dormir al menos una hora. Por suerte no estaba sola. El marido estaba muy pendiente y entre los dos se complementaban y se ayudaban para poder hacer las cosas, cuidarla y encontrar ratitos y espacios para descansar. Y además estaban los abuelos, tíos y amigos que dábamos una manito. A ella, a pesar del cansancio, los miedos y las ojeras se la veía radiante. No porque no hubieran dudas y angustias, los había. Pero todo eso se compensaba con la sonrisa inevitable cuando la nena se calmaba a la hora de prenderse de la teta. Eso parecía darle sentido a todo. Ni hablar cuando los cólicos pasaron y las sonrisas y la tranquilidad se hicieron mas frecuentes.

Las preguntas seguían acumulándose por millones cada vez que volvía de visitarla. ¿Seré capaz de animarme? ¿Podré? ¿Encontraré con quién? La soledad que hasta ese momento disfrutaba empezaba a hacerse ruidosa.
Estaba claro que no era algo que quisiera hacer sola. Nunca lo hice y no iba a cambiar ahora. Era algo que en mi cabeza solo se puede sostener si es un deseo compartido. De a dos. Y nos es obligatorio que suceda. Pero estaría bueno si se diera… en algún momento. Y en aquel momento todavía creía que tenía mucho tiempo por delante. Todavía no tomaba conciencia del todo de que los años seguían pasando…

14 de octubre de 2010

Siete.

Y mientras tanto me puse a tejer. Hacía rato que no lo hacía, pero desempolvé las agujas que estaban en una caja llena de porquerías viejas en la baulera de un placard y me fui a comprar lana. Todavía no sabía si iba ser un varón o una nena, así que me decidí por un verde claro para hacerle una mantita hermosa que había visto en una de las revistas de tejido. Tejí, destejí y nuevamente volví a tejer. No había caso. El diseño era simple, pero mi habilidad con las agujas era poca, y en el trabajo no me lograba concentrar. O tal vez había comprado lana muy gruesa para ese modelo, no sea que mi sobrinito pasara frío. La cuestión es que tras varios intentos frustrados, desistí. Opté por un diseño más simple, un jersey con un puntito calado cada tanto y una puntillita al crochet. Pobre mi sobrinito… esta tía iba a tener que practicar bastante. Igualmente no me di por vencida y seguí tejiendo. Elegí un blanco para hacer un enterito mínimo, con unos ochos chiquitos que me costaron mucho trabajo, pero no me vencieron. Después hice un osito celeste que rellené con vellón y un sombrerito con unos zapatitos rosas, cuando me enteré que iba a ser una nena.

Se iba acercando la fecha del parto y a mi amiga la veía un poco asustada, pero también con esa felicidad contagiosa que se irradia en la piel. Y al ver su felicidad las puntitas de esos deseos empezaban a filtrarse por mi conciencia. Me preguntaba si yo podría. Si sería posible que no fuera tan horrible como madre como lo había imaginado. Comenzaba a cuestionar aquellas contradictorias fantasías infantiles que comandaban las decisiones que seguía sosteniendo como adulta. Pero esto recién estaba en pañales... 

12 de octubre de 2010

Seis.

Pocos meses después me enteré que mi amiga estaba embarazada y algunas ideas empezaron a desordenarse en mi cabeza. Era la primera en quedar embarazada y eso que ya no éramos chicas, estábamos todas alrededor de los treinta. Yo, que hasta ese momento tenía todo tan claro, que sabía lo que quería y lo que no quería para mi vida, muy de a poquito empecé a dudar. Al principio no me di cuenta, pero a medida que el embarazo avanzaba, que veía crecer la panza de mi amiga casi al mismo tiempo que sus sonrisas, las preguntas empezaron a aparecerse sin pedir permiso. -¿Me voy a perder de experimentar todo esto?- me preguntaba. Pero también pensaba, como pensé siempre, que no se trata de tener hijos, sino de "tener hijos con...". Que la paternidad es un proyecto de a dos y yo nunca había tenido con quién. Obvio que ahí también estaba mi responsabilidad. Debería decir no había querido tener con quien, que no me había animado. ¿Y ahora? ¿Iba a querer tener con quien? ¿Me iba a animar? ¿Iba a poder?
No estaba tan segura de eso, pero lo si podría asegurar es que las semillitas de una idea, de un principio de deseo, se empezaban a plantar por primera vez en mi cabeza. Al menos así empezaba a registrarlo.