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3 de marzo de 2012

Ciento cincuenta y seis.




Mediados de Octubre de 2011.
Pero no, por suerte no era eso.
El médico se tomó un ratito tomando imágenes y medidas en blanco y negro, después apretó un botoncito y voilá… apareció la ecografía 4D. Oliverio estaba cabeza abajo, medio apretujado entre el cordón y la placenta y tapándose la carita primero con las manos y después y con los pies. Se veía bastante raro, por momentos me parecía hermoso, por momentos un monstruito borroso, pero todo el tiempo me resultaba absolutamente increíble que eso que estábamos viendo era una personita y que estaba adentro mío. (Y que pronto iba a estar afuera!!)
Podría intentar reproducir los miles de comentarios pelotudos que hicimos en ese momento, pero la verdad es que ya ni los recuerdo y probablemente sería muy aburrido.
Dicen que una imagen vale más que mil palabras así que…
Les presento al pequeño monstruito



29 de febrero de 2012

Ciento cincuenta y cinco.



Mediados de Octubre de 2011.
Llegó el viernes y esa misma tarde teníamos el turno para ir a hacer la ecografía 4D. Me encontré con G. en un bar cerca del consultorio, y un ratito más tarde llego Mi Madre. Habíamos invitado también a las tías y a la otra abuela, pero las primeras no podían en ese horario y Mi Suegra nos agradeció la invitación pero dijo que las ecografías le daban “impresión” (?). Llegamos al consultorio y nos anunciamos. No pidieron que nos sentáramos a esperar, y eso hicimos.
Y esperamos, esperamos y esperamos.
Había otras dos o tres panzas, con sus respectivas familias en la sala de espera y aparentemente estaban demorados. (Pero la reputísimamadre, como puede ser que nunca, ni siquiera cuando te cobran, cumplan un puto horario?)
Cuarenta minutos de espera después, y cuando ya no sabíamos que más hacer con nuestra ansiedad, me paré a hablar con la chica de la recepción.
-Hola… disculpame… Quería saber si hay mucha demora...
-Ah… a ver… mmmm… mirá el doctor acaba de llegar, se demoró en el hospital. Recién pasó una paciente, después está esa otra y después vos…
-Ah… ok. –dije, tratando de tragarme la catarata de puteadas que se me venía a la cabeza. -¿Querés ir cobrándome?
-Bueno, tenés la Promo de $200 que es solo el Scan de la carita, viene con el CD con video y fotos, La de $250 que incluye el Scan completo con informe médico el CD y tres llaveros y la de $300 que tiene 5 llaveros, una foto 3D impresa y blablablabla.
-Cobrame la de $250.
-Ok. Tu nombre?
Le dije, mi nombre y le deletree mi apellido.
-Ay, que difícil… -dijo mientras lo escribía mal y yo se lo corregía- ¿Y el nombre del Bebé?
-Oliverio.
-Ay, que nombre raro... ¿Es en Portugués?
-No, en castellano…
Le contesté ya con la paciencia medio por el piso. Terminé el papelerío, me fui a sentar y esperé un rato más, hasta que finalmente nos llamaron. Pasamos los tres (o debería empezar a decir los cuatro?) al cuartito, G. y Mi Madre se sentaron en “la platea” mientras yo me acomodaba en la camilla y me sometía al ya ritual gel helado en la panzota. Volví a repetir el mantra de la fecha de última menstruación, mi datos personales y blablabla… Mientras el médico cargaba los datos en la computadora la ansiedad me invadía. No podía esperar más.
Finalmente puso el aparato ese sobre mi panzota y empezamos a ver imágenes borrosas en blanco y negro.
¿Esto era la Ecografía 4D? ¿Tanto lío para eso?

26 de enero de 2012

Ciento cincuenta y dos


Primeros días de Octubre de 2011.

Y recién ahí caí en la cuenta que estábamos casi terminando la semana 31 y no habíamos hecho la Eco 4D. En realidad no lo había pensado demasiado, con todo el lío de la mudanza casi no habíamos tenido tiempo. Además las prepagas no la cubren y la verdad barata no es. Tampoco tiene relevancia desde el punto de vista médico. Es solo para darse el gusto de verle la carita un poco antes de tiempo, por pura ansiedad. Pero la verdad es que tenía un poco de ganas, sobre todo después de esa última ecografía. Me puse a averiguar precios y lugares. Y sobre todo la duda era si todavía estábamos a tiempo de hacerla. Para variar le pregunté a Dr. Google. En casi todas las páginas decían lo mismo: Se podía hacer desde la semana 26 hasta la 32. Más tarde no era imposible, pero por el tamaño del bebé y por la menos cantidad de líquido amniótico era posible que no pudiera verse. Eso quería decir que ¡Sólo teníamos una semana! 

Me puse a buscar precios y lugares. Con la cantidad de horas que estaba trabajando no iba a ser fácil poder coordinar un horario en el que hubiera turno disponible, G. y yo pudiéramos y además pudiera Mi Madre, que era la principal interesada y la que más había insistido (y la que me había dado la plata para hacerla). Finalmente después de hablar con dos o tres lugares conseguí un turno en un horario en el que todos podíamos sin modificar demasiado nuestros horarios. El viernes siguiente a las cuatro de la tarde un rato antes de la segunda clase del curso de preparto. La primera esa ¡Esa misma tarde!

Un rato antes de las seis de la tarde me encontré de nuevo con G. en un bar por el centro. Tomamos un café rápido y salimos para el consultorio de A. la partera. Para variar, llegamos un par de minutos antes. Éramos los primeros. La partera, una señora mayor que nos atendió en jogging y medias, nos invitó a pasar. Nos pidió que nos sacáramos los zapatos y que nos sentáramos en colchonetas. El consultorio era un departamentito de un ambiente con las paredes pintadas de rosa, con un reloj de pared enorme y un piso de parquet lleno de colchonetas. Nos sentamos y la señora se acercó a pedirnos los datos y hacernos algunas preguntas.

-¿Y cómo va el embarazo? –Preguntó.

-Por ahora todo muy bien, sin complicaciones. Recién venimos de la tercera ecografía y el médico que nos atendió dijo que estaba todo perfecto.

-Bueno, igual eso nunca se sabe, siempre puede complicarse a último momento… hay que estar preparados para todo…

Comentó, mientras G. y yo nos mirábamos horrorizados en silencio. Vieja-hija-de-una-manifestación-de-putas –pensé- recién llegamos y ya estas tirando mala onda? 

O sea, no soy boluda… sé que las cosas pueden no salir perfectas, se que eventualmente algo puede salir mal… pero…

¿Realmente hace falta que me lo digas en ESTE momento?




24 de enero de 2012

Ciento cincuenta y uno.


Primeros días de Octubre de 2011.

Por las dudas decido consultar con la Obstetra. El Dr. Google tiene todas las respuestas pero la verdad es que nunca le creo al cien por ciento. Me da la sensación que me fomenta la hipocondría y tal vez exagero un poco. O no, me quedo tranquila y capaz que es algo más complicado. No sé. Por las dudas consulto. Le escribo un mail contándole los síntomas, y preguntándole si tendrá algo que ver con el embarazo, si debería ir a la guardia o pedir turno con algún especialista, o simplemente relajarme.

Un ratito más tarde recibo su respuesta. Dice que probablemente sea el “Síndrome del túnel carpiano”, que es muy común en el embarazo y blablabla. Que no es para preocuparme pero que pida turno con un traumatólogo para que me lo vea. Me quedo más tranquila. Por esta vez Google no me mintió.

Llega el viernes y por fin el turno para la Ecografía que tanto se venía haciendo esperar. La última Eco fue en la semana 14 y ya estábamos en la 31! Me moría de ganas de verle la carita una vez más, ahora que ya debía estar más grandecito. Esta vez no me pidieron que tomara agua, ni que retuviera la orina, así que me encontré con G. en la clínica y nos sentamos a esperar que nos llamaran. Cinco minutos después sale un médico con cara de serio y dice mi apellido (mal… porqué será que siempre lo dicen mal? Si no es tan difícil, laputamadreeeee)

Nos levantamos con toda la expectativa y pasamos al consultorio.

    -Acostate en la camilla y  levantate la remera.

Dice, con cara de poca onda, y obedezco. Me llena la panza de ese gel espantosamente frío mientras me pregunta (una vez más…. Y ya van…)

    -Fecha de última menstruación?

    -Veintiocho de Febrero.

Repito ya, como un mantra, recordando ese día de sol hermoso en la orilla del mar.
    
    -A ver… acá está la cabecita… las piernitas…

Trato de no desnucarme para poder ver lo que está señalando, pero no veo nada…

    -Está de espaldas… a ver el corazoncito…

Comenta, mientras el latido retumba en las paredes del cuartucho como un caballo al galope. Todavía no me acostumbro a la emoción que me genera ese sonido.

    -Bueno… está todo bien, ya te podés levantar.

Dice, alcanzándome una servilleta y casi echándome. Salgo como puedo, limpiándome la panza con una mano y agarrando mi bolso, el piloto y el paraguas con la otra. Esperamos unos minutos más en la sala de espera hasta que el Dr. MalaOnda sale con el sobrecito y nos entrega el resultado del estudio.

    -Eso fue rápido. –le digo a G.- No le puso mucha onda, no? Me quedé con las ganas de verle la carita…

17 de enero de 2012

Ciento cuarenta y ocho.


Últimos días de Septiembre de 2011.

G. y yo nunca nos peleamos tanto como en esos días. Estábamos los dos cansados, preocupados y angustiados y no lograbamos ponernos de acuerdo en nada. Ni cómo hacer la mudanza, ni qué muebles comprar, ni dónde poner el consultorio o el dormitorio del bebé. Menos que menos cómo decorarlo. Además de trabajar muchísimo no parabamos un minuto. Nuestro departamentito de Palermo nunca nos pareció tan diminuto. Con cajas a medio armar por todos lados, pilas y pilas de libros y papeles, papelitos y papeluchos que había que revisar, seleccionar y tirar. Además yo seguía trabajando en casa por lo cual el living tenía que quedar presentable para poder disfrazarlo de consultorio los días que venían pacientes. Las cajas se apilaban en los huequitos libres del dormitorio y la cocina que parecían cada vez más mínimos y había que hacer milagros para poder pasar de un lado al otro, esquivándolas.

Para peor la panza cada vez estaba más abultada y agacharme para armar una caja empezaba a parecerme una tarea cada vez más complicada. Al principio no me daba cuenta, e intentaba moverme como siempre, pero cuando llegaba a la mitad del camino sentía que algo me frenaba desde adentro como diciendo –Eh! ¿Dónde creés que vas? ¡Estoy yo acá!!! Y se me clavaba contra las costillas o los pulmones. Me sentía una inútil total. G. no me dejaba levantar peso y mi propio cuerpo no me permitía agacharme demasiado, así que la mitad de las cosas que tenía que hacer se me hacían cada vez más difíciles. Pero alguien tenía que hacerlas, sino no íbamos a terminar más. Y G. no podía hacer todo solo. Tenía que buscarle la manera. Me sentaba en el piso para armar las cajas, una vez llenas las empujaba en vez de levantarlas (o las levantaba despacito cuando nadie me veía). Nunca me gustó demasiado tener que pedir ayuda, aunque entendía que iba a tener que empezar a hacerlo un poco. No quedaba otra.

Ese mismo viernes, entre caja y caja teníamos turno para la Ecografía de la semana 30. Hacía siglos de la última ecografía y yo me moría de ansiedad y de ganas de verle la carita una vez más. Pero no había manera de que llegáramos a tiempo. La mudanza estaba programada para ese fin de semana y todavía el jueves nos faltaban montones de cosas. Tuve que llamar para cancelar el turno y posponerlo para la semana siguiente, una vez que nos hubieramos instalado. Al fin y al cabo entre la semana 30 y la 31 no podía haber tanta diferencia…

27 de septiembre de 2011

Ciento treinta y siete.

16 de agosto de 2011.
Unos minutos más tarde entramos al consultorio de la Dra. K. Revisó el Scan Fetal y el Ecocardiograma y nos confirmó que estaba todo perfecto. Me tomó la presión, me midió la panza, escuchó los latidos otra vez y dijo:
-Está todo perfecto.
Y me pesó. Yo cada vez le tenía más miedo a la balanza. No porque me viera gordísima (aunque si cada vez más panzona) sino porque tenía bien claro que no me estaba cuidando en lo absoluto. Comía lo que quería, cuando quería. En realidad como lo hice toda mi vida, nunca fui de cuidarme demasiado y fueron raras las veces en las que hice alguna dieta, y por suerte no soy de engordar demasiado, no soy una sílfide, pero me mantengo.
-A ver… pesas 65.900 ¿Con qué peso empezaste el embarazo?
-Con 59.900 creo…
-Aumentaste seis kilos… estamos en la semana 24… -dijo mientras hacía sus cuentas mentales- desde la última vez que te ví aumentaste casi un kilo novecientos… Está dentro de lo esperable pero medio en el borde…
Y no dijo mucho más. A mí todavía no me preocupaba demasiado. Si con lo que estaba comiendo había subido solo seis kilos (y casi todos de panza) no estaba nada mal…
Volvimos al escritorio y me preguntó
-¿Cómo te estas sintiendo?
-La verdad, re bien. Tengo momentos en los que me cuesta respirar un poco… pero supongo que es normal…
-Si, es normal que te falte un poco el aire… ¿Ya lo sentiste moverse?
-Si, hace un par de semanas, ¡Patea fuerte!
-Bueno, este mes vamos a hacer un estudio de sangre, con una Curva de Glucosa, eso es para ver que no tengas Diabetes Gestacional. Te vas a ir a un laboratorio con una muestra de orina para que te saquen sangre. Andate con un buen rato porque el estudio demora unas horas… Lo ideal sería que lo hagas esta semana o la próxima.
Dijo, mientras garabateaba la orden y yo pensaba cuando iba a tener tiempo de pasarme unas horas, casi una mañana entera en un laboratorio.
-Y yo los veo dentro de 4 semanas.

25 de septiembre de 2011

Ciento treinta y seis.


16 de Agosto de 2011.

Unos días más tarde era hora de hacer el maldito Ecocardiograma. G. estaba impaciente y muerto de la angustia desde que en la segunda ecografía habíamos leído eso del “foco ecogénico cardíaco”, a pesar de que el Obstetra nos había dicho que podía ser algo perfectamente normal. Y un poco yo también. Aunque por algún motivo que todavía no entiendo estaba extrañamente tranquila. Irracionalmente sentía que estaba todo bien. Obviamente el estudio lo íbamos a hacer igual. Habíamos sacado el turno para ese día a las 8.30 de la mañana, media hora antes del turno que teníamos con la Obstetra en la misma clínica. Como siempre, llegamos diez o quince minutos antes, nos anunciamos con la secretaria y nos sentamos a esperar. Yo me moría de sueño y no podía parar de bostezar. Apoyaba mi cabeza en el hombro de G. y cerraba los ojos. Él no se quedaba quieto. Movía el piecito de acá para allá, miraba la hora cada cinco minutos y se lo veía cada vez más ansioso.
-Amor, tranquilizate… acordate que llegamos más temprano…
Pero los minutos pasaban… Y se hacían las ocho y media, las nueve menos cuarto y seguíamos esperando. G. se estaba poniendo francamente nervioso. Sabía que estaba más preocupado por el resultado que por el horario, pero yo me empecé a impacientar también. No íbamos a llegar al turno que teníamos con la Dra. K., que ya nos había visto en el pasillo. Me levanté y le pregunté a la secretaria si la cardióloga no había llegado todavía. Me confirmó que no. No había llegado, pero que no me preocupara que la Dra. K. me podía esperar.
Volví y seguimos esperando unos minutos más.
Hasta que finalmente llegó la Cardióloga y nos llamó. Entramos y me acomodé sobre la camilla para empezar el estudio. Era una ecografía del corazoncito del bebé.
Por suerte la cardióloga era de lo más simpática y apenas entramos nos empezó a dar charla, contando sus experiencias como madre reciente y hablando de los miedos. Nos aflojamos un poco.
-Si, acá está el foco. Pero no parece ser nada, igual voy a revisar un poco más.
Dijo, mientras nos señalaba un puntito blanco en la pantalla, en el corazoncito del bebé. Le pedimos si nos podía explicar de qué se trataba.
-Un foco ecogénico es como una cicatriz en el tejido del corazón del bebé. Pero muchas veces tiene que ver con algo que pasó en las primeras semanas de gestación y que puede no tener consecuencias cardíacas. Solo queda ahí.
Nos contestó mientras seguía mirando el corazón. Miraba que estén todos los ventrículos, las válvulas, examinaba la circulación… para un lado y para el otro.
-No veo ningún problema acá…
Dijo finalmente, y escuché como G. se desinflaba. Al fin se relajaba un poco.
-Se ve todo normal, anatómica y funcionalmente está perfecto. ¿Quieren escucharlo?
Nos preguntó mientras subía el volumen y escuchábamos sus latidos como el galope de un caballo apurado.
-¿Ya saben el sexo?
-Si –contestó G. con el pecho inflado de orgullo- es un varoncito…
-Si, acá se ve… A ver… está acá sentadito, de este lado…
Comentó mientras nos mostraba la figura del bebé de perfil, casi sentado sobre mi costado izquierdo.
-Bueno, está todo perfecto. Lo que sí, no se asusten si después del parto los médicos llaman al cardiólogo para que lo revisemos. Es normal con este antecedente. Pero no hay motivos para preocuparse.
Le agradecimos sinceramente y salimos aliviados, con los resultados del estudio para ver a la Dra. K.

18 de septiembre de 2011

Ciento treinta y cuatro.



27 de julio de 2011.

Salimos de ahí con la carpetita y el Dvd en la mano y las emociones todas revueltas. Nos sentamos a tomar un café y a tratar de entender lo que nos estaba pasando. Él totalmente embobado con la idea de que finalmente iba a ser un varón. Yo un poco desilusionada con el hecho de que la médica no se hubiera tomado más de cinco o seis minutos para mostrarnos a nuestro bebé. Mientras pedíamos el café abrí la carpetita con los resultados y puse a leer. No decía mucho, puros formulismos médicos. Que tenía dos bracitos y dos piernitas, con todos los deditos, que el peso aproximado era de 460 gramos (¿460 gramos ya??) y que la medida del cráneo, del corazón y los pulmones era normales, que no había ninguna malformación visible… y blablablabla…

-¿Podés creer que no nos dijo cuánto medía?

Comenté mientras íbamos con la bandeja a una mesa.

-¿Y ahí no dice?

-No, no lo encuentro en ningún lado

Contesté mientras daba vuelta hoja por hoja y examinaba con cuidado todas las fotitos. Estaba sorprendida, enojada, frustrada.

-Bueno, ahora si sabemos que es un varón, vamos a tener que avisarle a la familia, no?

-Si, definitivamente no va a ser Agustina…

-¿Y entonces? ¿Qué hacemos con el nombre?

-Si, Oliverio… todavía no me convence… ¿No podemos dejarlo como segundo nombre y ponerle, por ejemplo Juan Oliverio?

-¿Y qué le digan Juan? No, ni en pedo. Yo quiero un nombre con personalidad. Oliverio está bueno. Me gusta más Oliver pero…

-No, ya te dije que nombres en otro idioma no… vamos a vivir acá.

-Ok, Oliverio entonces…

Terminamos el café y nos fuimos. G. se llevó el Dvd para cargarlo en la compu y subirlo a Facebook. Yo me fui para casa. Tenía un par de cosas que hacer antes de que llegara el primer paciente, entre ellas cancelar el turno del otro Obstetra. Estaba decidido. Ya no quería ir más.

Un rato más tarde me llama G.

-¿Podés creer que estoy subiendo la ecografía y los primeros 30 segundos del video son de publicidad del lugar donde la hicimos?

-No te lo puedo creer. Qué hijos de puta. No solo te cobran el DVD sino que además le ponen publicidad? ¡Es una vergüenza!! ¿Y no se puede cortar esa parte?

-Si, es lo que estoy intentando. Pero voy a demorar un rato…

Unos minutos más tarde, veo su estado de Facebook:

Lo prometido es deuda, tras 35 años…

Y abajo una foto de la ecografía, donde se veía al bebé de abajo, las piernitas y en el medio el pitito, señalado con una flecha roja que indicaba: “Oliverio, Aka: Oliver”.

Y me morí de risa.

13 de septiembre de 2011

Ciento treinta y tres.





27 de julio de 2011.

-Ésta es la cabecita…

Dijo la Dra., mientras en la pantalla veíamos lo que parecía ser la cabeza vista de arriba. Estaba tomando las medidas…

-Mide unos quince centrímetros de diámetro…

¿Quince centímetros? –Pensé y casi me dolió… pensar que todo eso, más todo lo que todavía le faltaba crecer, iba a tener que pasar por mi… ay, ay, ay… ¡Qué dolor!

Después siguió mirando, los piecitos, los bracitos, midiendo los huesitos, contando deditos…

-Ahí se ven los cinco deditos de la mano…

-Cinco deditos, menos mal que no es un Simpson!

Dijo G. Yo sólo podía mirar la pantalla, atontada. Hacía tanto que no lo veíamos, solo quería mirarlo un ratito más. A veces desearía que la panza fuera transparente. Aunque…. Qué raro sería!

La Dra. se tomó un ratito más para ver que tuviera todo lo que tenía que tener, y todo estuviera en su lugar. Cuando parecía que estaba por terminar… ¿Ya tan rápido? Le preguntamos…

-¿Se puede saber el sexo?

-Si, es un varoncito… miren… acá tienen las bolitas… y el pitito…

Comentó, mientras señalaba una imagen a la pantalla. G. miraba orgulloso, a mí me costaba un poco entender lo que veía, pero era lo que esperábamos. Ya nos lo habían dicho en la anterior, solo faltaba confirmarlo.

-Bueno, eso es todo –dijo- esperenme afuera que les doy el DVD y el informe…

Me limpié, me acomodé la ropa y salimos. Mientras G. se quedó a esperar a la Dra., yo me acerqué a la recepción y le pregunté a la secretaria mala onda si había un baño que pudiera usar. Me estaba meando. Me indicó la dirección y entré. No me sorprendí de encontrarme con un baño en peor estado que la sala de espera. El techo parecía a punto de caerse sobre mi cabeza. Hice rápido lo que tenía que hacer, y salí.

Un rato después salió la Dra. y nos dio el informe y el Dvd. Fuimos a la recepción a firmar los papeles y pagar, antes de irnos.

-¿Tiene la orden, Señora?

Preguntó la secretaria. Se la dí. Me miró con una mirada desaprobatoria.

-No, no… esto no se puede hacer…


Me dijo mientras señalaba el reverso de la orden, donde yo había anotado la dirección del consultorio y las indicaciones que me dieron por teléfono.

-Imagínese que yo ahora tengo que presentar esto así a la prepaga, y qué me van a decir…

Lo único que me falta –pensaba- que esta vieja pelotuda me rete como si fuera una maestra de escuela. Como si yo no supiera lo que es presentar planillas, si no pasa nada, ni se van a enterar… y de última bancatela y dejate de joder…

-Les puede decir que la Señora es una desprolija, y listo…

Contesté con mi mejor sonrisa falsa y pensando cuánto más faltaba para irnos de ahí (y no volver nunca más). Finalmente pagamos… y nos fuimos.

8 de septiembre de 2011

Ciento treinta y dos.


27 de Julio de 2011.


Y esperamos un rato más hasta que finalmente la secretaria mala onda nos llamó.

-Señora M…

Dijo, y me levanté, puteando bajito. Odio, odio, ODIO que me digan señora. ¡Que feo suena! Suena a vieja, a señora gorda, a… bueno, pero con ésta panza mejor me voy acostumbrando, no? Señora M., la reputamadrequeteremilparióviejachota, mascullé entre dientes intentando una sonrisa no muy sincera. Entramos.

Nos saludó la médica mientras me pedía que me acomodara en la camilla. Increíble. Tenían un monitor enorme justo enfrente de la camilla. ¡Al fin! ¡No me iba a ir con tortícolis como en las dos ecografías anteriores! Muy buena idea. Me acosté, me levanté la remera mientras la Dra. empezaba a hablar.

-¿Van a querer que lo grabemos? ¿Ya les explicaron como es?

-Ehhh… No… no nos dijeron nada…

-Lo podemos grabar en un DVD común, eso tiene un costo de treinta pesos. O lo podemos hacer en uno regrabable para que uds. lo traigan para las próximas ecografías, eso tiene un costo de cincuenta. No se acepta ningún material de afuera…

¿Quéee? ¿Y lo que me dijeron ayer? Estos médicos siempre haciéndose el negocito… lareputamadre… No se acepta material de afuera. O sea o me pagas el DVD o nada.

En fin, no había ninguna opción. Y de última treinta pesos no era tanto, por tener grabado a mi mañosit@, pero la verdad es que un DVD virgen sale dos. Mejor ni lo pienso.

-¿Qué van a querer entonces?

-Eh… un DVD común?

Dije, mirando a G. intentando adivinar qué pensaba y de paso pensando cuánto había en mi billetera. No había venido preparada. Y además no tenía claro si iba a querer volver a ese lugar...

-Ok, empecemos…

Me puso ese gel espantosamente frío en la panza y apareció esto en el monitor.


G. y yo nos agarramos de la mano y nos quedamos mudos, embobados, emocionados, mirando.

Y mientras tanto el mañosit@ pateaba.

6 de septiembre de 2011

Ciento treinta y uno.


Fines de Julio de 2011.

Tres días de reposo, muchas quejas y muchos mimos después, la fiebre se fue, los dolores amainaron y la tos… seguía. Pero había que seguir trabajando. Trabajar en forma independiente tiene sus desventajas y una de ellas es que día que no trabajás es un día que no cobrás. Y el alquiler de consultorio hay que pagarlo igual. Así que a ponerse las pilas y subirse al tren sin chistar. La mayoría de los pacientes todavía no registraban mi panza, así como la mayoría de mis compañeros de viaje que seguían sin cederme el asiento, salvo raras excepciones (siempre mujeres, of course). El mañosit@ seguía pateando y los primeros días sus pataditas me distraían mucho mientras trabajaba. Me desconcentraba, pero a la vez me alegraba tanto que me recordara su presencia. Hasta ese momento el embarazo había sido solo una idea, un mero acto de fe. Apenas se me notaba la panza y lo había visto en las ecografías, pero nada se comparaba con ésta nueva sensación en el cuerpo que me tenía estupidizada por completo. Ni me daba cuenta, pero las manos se me iban constantemente a la panza, como si lo acariciara. Como si no terminara de entender que esa panza me pertenecía, que era parte de mi cuerpo. Tal vez ese fuera el tema, lo complejo de entender que algo puede ser parte de tu cuerpo y a la vez… no serlo.

Apenas unos días después llegaba el tan esperado turno para la ecografía. Un día antes me acordé que no había preguntado si iba a ser posible grabarla. Volví a llamar y consulté con la secretaria.

-Consultorio del Dr. M.?

-Hola, quería hacerte una consulta… Tengo un turno para un Scan Fetal mañana, y quería consultarte si se puede grabar…

-Si, acá te lo graban, no hay problema.

-Ok, ¿Tengo que llevar un Dvd? ¿Tiene algún costo?

-No, no tenés que traer nada.

Dijo la secretaria, con la poca onda que la caracterizaba y cortó. Buenísimo –pensé- un problema menos.

Al día siguiente nos levantamos ansiosos, desayunamos, buscamos la ecografía anterior por las dudas, tomé un vaso de agua media hora antes como me habían pedido y salimos apurados para no llegar tarde.

Tan apurados que por supuesto, llegamos demasiado temprano. Caminamos un poco por el barrio, entramos en librerías, chusmeamos libros viejos (cómo me gusta el olor a libro viejo!) y en cuanto se hizo la hora enfilamos para el consultorio.

Tocamos el timbre, nos atendió la secretaria mala onda y subimos. Cuando entramos nos encontramos con una escena insólita. La secretaria mala onda era una señora gorda con delantal blanco y aspecto de empleada pública mal paga, el departamento en el que estaba la sala de espera era el lugar más feo que podía haberme imaginado. En un edificio que por la ubicación y la construcción debía ser carísimo, había un rejunte de muebles sacados del baúl de la abuela. Parecía una habitación que se había quedado en los setenta. Oscuro, no muy limpio, con pisos de plástico feo y paredes de alfombra (quien pone una alfombra marrón mugrienta en las paredes de un consultorio? ¡puaj!!) Y las paredes llenas de cuadros, uno más feo que el otro. En la pared principal un cuadro abstracto con fondo negro y líneas de colores que tenía todo el aspecto de ser una vagina gigante.

Muy acogedor.

Miramos a nuestro alrededor y había otras tres o cuatro parejas con panzas esperando. Me dio mala espina. Pero no quedaba otra, había que sentarse y esperar.

Y esperar, esperar, esperar…


25 de agosto de 2011

Ciento veintisiete.


19 de Julio de 2011.

Hablé con G. para tratar de decidir que hacíamos con el turno. G. como siempre, intentó tranquilizarme, sin mucho éxito. Estas cosas me enferman, y me enfermaron siempre. Tratamos de decidir entre los dos qué hacer. Por un lado era cierto que no habían recomendado tanto al Dr. M. Por el otro lado también era cierto que había pasado un buen rato de la última ecografía y los dos nos moríamos de la ansiedad. No teníamos ganas de esperar tanto. Decidimos no esperar. Que se mate el Dr. M. Al fin y al cabo yo no lo conozco, y al Dr. que me lo recomienda tampoco le tengo tanta confianza.

Llamé a la Clínica para ver si ellos tenían un turno para la semana siguiente. Al fin y al cabo si lo íbamos a hacer con otro Dr. al menos la Clínica me quedaba mas cerca de casa. Pero ellos no tenían turno para esta semana sino para fines de la otra.

Volví a llamar al consultorio del Dr. M.
En cuanto pude comunicarme, hablé con la secretaria y le pedí que me confirme el turno con la otra Dra., para el próximo miércoles. Problema resuelto (al menos por ahora).

Un rato más tarde salí a tomarme el tren para ir a trabajar. Fue una jornada larga, y cuando volvía a casa empecé a sentirme un poco incómoda. Me picaba un poco la garganta y sentía un oído medio tapado. Debe ser el cansancio. Pensé. Y me fui a dormir.

Pero al día siguiente me desperté bien tempranito, para ir al hospital y las cosas no mejoraban. Me dolía todo el cuerpo, el oído seguía cada vez más tapado y empezó la tos. Tos y más tos.

Puta madre. Me estoy engripando.

Y encima seguro que no puedo tomar nada.

23 de agosto de 2011

Ciento veintiséis.


 19 de Julio de 2011.

Apenas salimos pedimos un nuevo turno para el Ecocardiograma, ahí mismo, en la Clínica. Era mucho más cómodo poder hacer todo en el mismo lugar, y aunque estábamos un poco preocupados por los resultados y queríamos hacerlo ya, sonaba mucho más lógico hacerlo en la semana 24, si es que el corazón se veía mejor. Pedimos un nuevo turno con la Dra. K. para ese mismo día y nos fuimos.

-La verdad es que me deja mucho más tranquila. No sé si será mejor médica que el Dr. S., pero al menos me siento más cómoda y más contenida. ¿Vos que opinás?

Le pregunté a G. No era una decisión para tomar arbitrariamente.

-Lo importante es que te sientas cómoda vos…

-Pero ésto tenemos que decidirlo los dos.

-Si, pero a mi me parecen bien los dos. Y a ésta Dra. te la recomendaron… debe ser buena. Por mí es igual, decidí vos.

-Ok. Por ahora voy a mantener el turno con los dos. Hasta que me decida.

G. se fue a trabajar, yo pasé por casa. Tenía un ratito antes de empezar el día de trabajo. Llamé a la otra Cardióloga para cancelar el turno que teníamos para ese mismo jueves. Unos minutos más tarde suena el teléfono. Atiendo.

-¿Hola?

-Hola, ¿Hablo con M.?

-Si, ella habla.

-Te llamamos del consultorio del Dr. M. Vos tenías turno la semana que viene para un Scan Fetal…

¿Cómo “tenías”? ¡Tengo un turno! Lo saqué hace casi un mes, porque el obstetra me dijo que el Scan Fetal lo tenía que hacer con éste Dr., porque era Obstetra, y no era lo mismo, y blablabla… Este llamado empezaba a olerme mal.

-Ahá…

-El Dr. se va de viaje, jusssto ésa semana… Le estamos cambiando los turnos, te puedo dar un turno para 10 días después o para esa misma semana con la Dra. que dejó para lo reemplace…

-¿Me estás hablando en serio? ¡Si yo saqué el turno hace rato porque el Dr. me dijo que tenía que ser con él, que es Obstetra! Y no tengo ganas de esperar 10 días más… Decime, ésta Dra. que dejó para que lo reemplace ¿También es Obstetra?

-Y… no se…

-Ah… bueno. No se. Entonces dejamelo pensar y te vuelvo a llamar.

Dije, y corté. Me hincha la paciencia. Me rompe soberanamente las pelotas que en cuanto encuentro un puto horario en el que G. y yo podemos ir sin dejar de trabajar demasiado, me lo cancelen. ¿Puede ser que todos los médicos sean iguales? ¿O serán solo los Obstetras?

Estos tipos deben creer que todas las minas embarazadas vivimos en casa tejiendo mañanitas y rascándonos la c*%c#@ todo el día.



Me parece que el embarazo me tiene un poco irritable.

11 de agosto de 2011

Ciento veintitres.

Primeras semanas de Julio de 2011.

La verdad es que no tenía nada de ganas de ir a la guardia. Andaba con mucho trabajo y poco tiempo libre, y cada vez que tenía un ratito libre se me ocurría algo mucho más interesante que ir a sentarme un par de horas a calentar la silla en la sala de espera de una guardia esperando que me atendieran para contestarme lo obvio:

-No tenés nada, estás embarazada.

Además empecé a recordar que algunos años atrás había tenido un par de infecciones urinarias con síntomas parecidos, pero en esos casos me daban antibióticos y analgésicos y ahora no creía que pudiera tomar nada de eso. Y si era una infección urinaria se iba a poner más feo en los próximos días, ya me iba a enterar. De todos modos tenía turno con el Obstetra (el Dr. S.) en pocos días, así que mejor esperar. G. no estaba muy de acuerdo e insistía con que había que ir a la guardia igual, pero yo no tenía ganas. Y no fui nada.

Pasaron unos días y corrimos ansiosos al encuentro del simpático Dr. S. Por suerte a la semana siguiente ya teníamos turno con la otra Obstetra, la Dra. K. para poder escuchar una segunda opinión y decidir con cuál de los dos nos quedábamos. Pero había que ir por las dudas. Llegamos al consultorio y en el ascensor nomás nos atajó la secretaria con un hermoso comentario

-Miren que el Dr. está demorado porque viene de un parto…

Así que nos armamos de paciencia y nos sentamos en la sala de espera. Por suerte no fue para tanto. No más que lo de costumbre, por lo menos. Un poco menos de una hora de tedio y entramos al consultorio. El Dr. nos saludó y preguntó como estábamos. Le conté de mis dolores y mis sospechas por mis antecedentes de Infecciones Urinarias.

-Ah! Pero no me dijiste que habías tenido infecciones urinarias, tendrías que haber ido a la guardia igual… si es una infección puede generar contracciones…

La puta que te parió –logre reprimir apenas- sos vos el que me tiene que preguntar mis antecedentes, ¿yo cómo mierda sé cuáles son relevantes? No te voy a contar de cada vez que fui a un médico (ni aunque las recordara) porque estaríamos hasta el año próximo! Pero sonreí y solo atiné a contestar

-Me pareció que en la guardia me iban a tratar de tonta y me iban a decir que era algo normal del embarazo…

-Tonta no te van a decir…

-No, pero lo van a pensar…

Se sonrió.

-Igual cuando es así mejor andá por las dudas. Ahora te vamos a mandar a hacer un análisis de orina y un cultivo así nos quedamos tranquilos y vemos de qué se trata.

Dijo, mientras me invitaba a pasar al cuartito, me pesaba, me tocaba la panza y escuchaba los latidos del bebé. ¡Qué loco es eso! Sigo sin poder terminar de entender que es una personita dentro mío…

-Bueno, parece estar todo bien… Para la próxima les voy a pedir un Scan Fetal, es una ecografía pero más detallada. Yo prefiero que lo hagan con el Dr. M. que es Obstetra, en general en los otros lugares es un especialista en imagenes el que las hace y no presta tanta atención a algunos detalles. Estamos en la semana 19 ¿Ya lo sentiste moverse?

Dijo mientras me daba la orden.

-No, todavía no sentí nada.

Le contesté preocupada. Tal vez ya lo tendría que haber sentido. En todos lados decía que se empezaba a sentir entre la semana 16 y la 20.

-Ya lo vas a sentir… ¿Me quieren preguntar algo más?

-Si, le tengo que pedir una receta para una crema, que la que estoy usando se me está por terminar…

-¡Ah! ¡Qué imporrrtante…!

Dijo, con tonito irónico mientras garabateaba la receta. Este tipo me está tratando de pelotuda, lareputísimamadrequeloparió… pensé, mientras hacía un esfuerzo por no mandarlo a la mismísima concha de su madre. Hice unos segundos de silencio, tomé aire y seguí

-Y además necesitamos la orden para el estudio que tenemos que hacer con la cardióloga. Yo ya pedí el turno pero todavía no sé cómo se llama el estudio…

-Ah, si, si… -dijo mirando su fichita -el Ecocardiograma…

-Y para el análisis de orina también, no?

Pero la puta madre, te tengo que recordar todo yo? No, definitivamente no. Este médico no me convence nada de nada.