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23 de agosto de 2011

Ciento veintiséis.


 19 de Julio de 2011.

Apenas salimos pedimos un nuevo turno para el Ecocardiograma, ahí mismo, en la Clínica. Era mucho más cómodo poder hacer todo en el mismo lugar, y aunque estábamos un poco preocupados por los resultados y queríamos hacerlo ya, sonaba mucho más lógico hacerlo en la semana 24, si es que el corazón se veía mejor. Pedimos un nuevo turno con la Dra. K. para ese mismo día y nos fuimos.

-La verdad es que me deja mucho más tranquila. No sé si será mejor médica que el Dr. S., pero al menos me siento más cómoda y más contenida. ¿Vos que opinás?

Le pregunté a G. No era una decisión para tomar arbitrariamente.

-Lo importante es que te sientas cómoda vos…

-Pero ésto tenemos que decidirlo los dos.

-Si, pero a mi me parecen bien los dos. Y a ésta Dra. te la recomendaron… debe ser buena. Por mí es igual, decidí vos.

-Ok. Por ahora voy a mantener el turno con los dos. Hasta que me decida.

G. se fue a trabajar, yo pasé por casa. Tenía un ratito antes de empezar el día de trabajo. Llamé a la otra Cardióloga para cancelar el turno que teníamos para ese mismo jueves. Unos minutos más tarde suena el teléfono. Atiendo.

-¿Hola?

-Hola, ¿Hablo con M.?

-Si, ella habla.

-Te llamamos del consultorio del Dr. M. Vos tenías turno la semana que viene para un Scan Fetal…

¿Cómo “tenías”? ¡Tengo un turno! Lo saqué hace casi un mes, porque el obstetra me dijo que el Scan Fetal lo tenía que hacer con éste Dr., porque era Obstetra, y no era lo mismo, y blablabla… Este llamado empezaba a olerme mal.

-Ahá…

-El Dr. se va de viaje, jusssto ésa semana… Le estamos cambiando los turnos, te puedo dar un turno para 10 días después o para esa misma semana con la Dra. que dejó para lo reemplace…

-¿Me estás hablando en serio? ¡Si yo saqué el turno hace rato porque el Dr. me dijo que tenía que ser con él, que es Obstetra! Y no tengo ganas de esperar 10 días más… Decime, ésta Dra. que dejó para que lo reemplace ¿También es Obstetra?

-Y… no se…

-Ah… bueno. No se. Entonces dejamelo pensar y te vuelvo a llamar.

Dije, y corté. Me hincha la paciencia. Me rompe soberanamente las pelotas que en cuanto encuentro un puto horario en el que G. y yo podemos ir sin dejar de trabajar demasiado, me lo cancelen. ¿Puede ser que todos los médicos sean iguales? ¿O serán solo los Obstetras?

Estos tipos deben creer que todas las minas embarazadas vivimos en casa tejiendo mañanitas y rascándonos la c*%c#@ todo el día.



Me parece que el embarazo me tiene un poco irritable.

4 de enero de 2011

Cuarenta y dos.


La mantita quedó por la mitad. En cuando me vino se me fueron las ganas de tejer tan rápidamente como llegaron. Ya habría tiempo para terminarla…

Por otro lado decidí dejar de tomar el Ácido Fólico de una vez por todas. Estaba harta de las nauseas y de hacerme la cabeza al pedo. A ver si este mes me lo podía tomar con más calma.

Me puse a buscar información otra vez, y G. tenía razón. En algunas páginas decían que era mejor hacerlo día por medio, y empezar desde el día diez del ciclo, en vez de sólo el día 13 y 14. La explicación es que la vida útil de un óvulo es como máximo 12 a 14 horas, mientras que un espermatozoide puede vivir hasta cinco días en el útero. Y así tenía sentido, mejor empezar unos días antes. Así que ese mes, cambio de planes. Empezamos el día nueve, con la intención de hacerlo día por medio hasta el día catorce por lo menos. Pero fue un fin de semana complicado. Fuimos al supermercado, caminamos, compramos macetas para nuestras plantas. Lavamos la ropa. Para cuando llegó el momento de volverlo a intentar estábamos muertos los dos. Había que hacerlo. Pero ¡qué feo es hacerlo sin ganas! Decidimos postergarlo hasta la mañana siguiente y nos fuimos a dormir abrazaditos. El domingo a la mañana nos despertamos con más ganas y volvimos a intentarlo. Después nos quedamos acostados en la cama, abrazándonos un buen rato.

-Che, me duele… me parece que me mordiste…

Me dijo, señalándose ahí.

-¿En serio? No me di cuenta…

Dije, mientras miraba donde me señalaba y vi que tenía razón. Estaba un poco lastimado. ¡Qué mal momento para lastimarse! Justo que mañana estoy ovulando…

18 de diciembre de 2010

Treinta y cinco.

Por las dudas esa tarde fui a la farmacia a comprar un test de embarazo. Pero… ¿Ya era el momento de hacerlo?

Otra vez recurrí a San Google. Busqué

¿Cuándo hacer un test de embarazo?

Y me encontré con esto:

El día en que se debe realizar el test es importantísimo ya que si te anticipas y lo realizas antes del día correcto puedes obtener un “falso negativo”. El día cuándo se puede detectar la cantidad suficiente de hormona hCG en orina es el día 15 después de la posible fecundación del óvulo. Otra opción, si no recuerdas el momento exacto de la fecundación, es esperar a que te venga la regla y si no viene al día siguiente, primer día de retraso menstrual, puedes hacerte el test, aunque hay ginecólogos que recomiendan esperar unos 7 días de retraso de la menstruación para que aumenten los niveles de hCG en orina.
Se recomienda hacer el test con la primera orina de la mañana porque es la que mayor concentración de hormona tiene y no beber mucho líquido antes de realizarse el test para no diluir los niveles de ésta en la orina. *


Ok, todavía no era momento. Habían pasado como máximo 6 días y faltaba más de una semana para mi próxima fecha de menstruación. Tenía que encontrar algo para entretenerme mientras tanto. Para paliar la ansiedad.

No se me ocurrió mejor idea que tejer. Recordé que tenía cuatro ovillos de lana blanca que me habían quedado de cuando le tejí a mi sobrina. Agarré mis revistas de tejido y busqué y busqué... Hasta que lo encontré. Una mantita de bebé. Esa que había querido tejerle a mi sobrina y no me había salido. ¿Me saldría ahora? Tenía nueve meses para practicar... La re puta madre... menos mal que quería pensar en otra cosa...

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14 de octubre de 2010

Siete.

Y mientras tanto me puse a tejer. Hacía rato que no lo hacía, pero desempolvé las agujas que estaban en una caja llena de porquerías viejas en la baulera de un placard y me fui a comprar lana. Todavía no sabía si iba ser un varón o una nena, así que me decidí por un verde claro para hacerle una mantita hermosa que había visto en una de las revistas de tejido. Tejí, destejí y nuevamente volví a tejer. No había caso. El diseño era simple, pero mi habilidad con las agujas era poca, y en el trabajo no me lograba concentrar. O tal vez había comprado lana muy gruesa para ese modelo, no sea que mi sobrinito pasara frío. La cuestión es que tras varios intentos frustrados, desistí. Opté por un diseño más simple, un jersey con un puntito calado cada tanto y una puntillita al crochet. Pobre mi sobrinito… esta tía iba a tener que practicar bastante. Igualmente no me di por vencida y seguí tejiendo. Elegí un blanco para hacer un enterito mínimo, con unos ochos chiquitos que me costaron mucho trabajo, pero no me vencieron. Después hice un osito celeste que rellené con vellón y un sombrerito con unos zapatitos rosas, cuando me enteré que iba a ser una nena.

Se iba acercando la fecha del parto y a mi amiga la veía un poco asustada, pero también con esa felicidad contagiosa que se irradia en la piel. Y al ver su felicidad las puntitas de esos deseos empezaban a filtrarse por mi conciencia. Me preguntaba si yo podría. Si sería posible que no fuera tan horrible como madre como lo había imaginado. Comenzaba a cuestionar aquellas contradictorias fantasías infantiles que comandaban las decisiones que seguía sosteniendo como adulta. Pero esto recién estaba en pañales...