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9 de diciembre de 2010

Treinta y uno.

Fines de Agosto de 2010

Hicimos nuestros cálculos. Según lo que había averiguado los días que había más chance eran el día 13 y el 14 del ciclo. Justo caían Viernes y Sábado así que nos preparamos para un fin de semana movidito. Y por las dudas empezamos un día antes. Lo hicimos el jueves, el viernes y el sábado. Y después de cada vez me quedé acostada por lo menos treinta minutos, como había dicho la Ginecóloga. El no me dejó levantarme ni para ir al baño, me cuidaba como si estuviera enferma. Quedamos muertos los dos. Ya no estamos para estos trotes.

-Me vas a matar… no puedo más!

Dijo al tercer día, mientras se tiraba en la cama con el último aliento.

-Estamos fuera de forma…

-¡Estamos viejos!

-Viejo estarás vos… Yo me voy a anotar al gimnasio. Esto no puede ser!! … Igual es una vez al mes…

-¿Vos estás segura que así está bien, tres días seguidos? Yo leí en algún lado que era mejor día por medio, para que se recupere un poco…

Qué lindo que sos -pensé- parece que no soy la única loca que se puso a leer sobre el tema.

-No sé… para el mes próximo me vuelvo a fijar…

Por las dudas empecé a tomar al Ácido Fólico otra vez, todos los días media pastillita, a ver si así la toleraba un poco más. Tal vez habíamos tenido suerte y había que prepararse…

 

30 de noviembre de 2010

Veintisiete.

Junio de 2010

Era el día del padre y habíamos arreglado para almorzar juntos, con mis hermanas y G. en un restorán que eligió Mi Padre. Mi hermana del medio se ofreció (al fin!) a comprarle el regalo, aliviandome la tarea de tener que salir a recorrer vidrieras y pensar qué cuernos regalarle. Llegamos temprano. Mi viejo y mi hermana más chica ya estaban sentados en una mesa en la vereda. Por suerte había sol, porque era un día de Junio bastante fresco y el vientito no ayudaba. Pero como mi viejo no puede dejar de fumar un minuto tenemos que sentarnos afuera. El almuerzo estuvo bastante ameno. Mientras esperábamos la comida mi hermana menor se puso a contar del bebé que había tenido una de sus amigas hace muy poquito.

-Ay. Si… no sabés que lindo Pedrito… Es tan chiquitito…

Y así siguió un rato hablando del parto, de los pañales y la teta y blablabla. Hasta que me miró y dijo:

-Bueno ¿Y vos para cuando? Mirá que los ovarios tienen fecha de vencimiento, se te van a poner viejos…

La comida se me quedó atragantada. Estuve a un paso de levantarme e irme. -Estoy a cinco cuadras de mi casa, porqué carajo tengo que soportar esto en este momento- pensaba.

-¿Porqué no te vas un poquito a cagar? No hace falta que te pongas agresiva…

-¿Agresiva? Es un chiste, nena… No entendés nada…

Un chiste. Esa es la excusa justa, la de siempre. Te mando a cagar, pero no te enojes, era un chiste. Te digo que sos una vieja chota, que se te está pudriendo el útero, pero era un chiste. Qué linda es la familia…

23 de octubre de 2010

Once.

-Dale, dejá de tomar las pastillas…

Dijo un día, mientras descansábamos entre las sábanas revueltas después de hacer el amor.

-¿Qué??

-¿No habíamos hablado de tener hijos?

-Sí… pero para más adelante! ¿Vos decís ya? Si no hace ni seis meses que estamos juntos!

-Pero ya somos grandes los dos… No quiero tener hijos a los 40… yo tengo 35, vos vas a cumplir 31…

-Mmmm… bueno, pero ahora, ahora… no. Esperemos un año. Estaría bueno que tengamos más trabajo los dos, otra seguridad, y tal vez mudarnos a un departamento más grande…

-Está bien. Cuando cumplamos un año.

-Mmmm… yo dije que esperemos un año… pero bueno, lo vamos pensando…

16 de octubre de 2010

Ocho.

Después vino el parto y los primeros meses de la beba que fueron bastante difíciles. Los cólicos no ayudaban y mi sobrinita casi no los dejaba dormir. Mi amiga estaba ojerosa y agotada y cada tanto me pedía que le diera una mano para poder dormir al menos una hora. Por suerte no estaba sola. El marido estaba muy pendiente y entre los dos se complementaban y se ayudaban para poder hacer las cosas, cuidarla y encontrar ratitos y espacios para descansar. Y además estaban los abuelos, tíos y amigos que dábamos una manito. A ella, a pesar del cansancio, los miedos y las ojeras se la veía radiante. No porque no hubieran dudas y angustias, los había. Pero todo eso se compensaba con la sonrisa inevitable cuando la nena se calmaba a la hora de prenderse de la teta. Eso parecía darle sentido a todo. Ni hablar cuando los cólicos pasaron y las sonrisas y la tranquilidad se hicieron mas frecuentes.

Las preguntas seguían acumulándose por millones cada vez que volvía de visitarla. ¿Seré capaz de animarme? ¿Podré? ¿Encontraré con quién? La soledad que hasta ese momento disfrutaba empezaba a hacerse ruidosa.
Estaba claro que no era algo que quisiera hacer sola. Nunca lo hice y no iba a cambiar ahora. Era algo que en mi cabeza solo se puede sostener si es un deseo compartido. De a dos. Y nos es obligatorio que suceda. Pero estaría bueno si se diera… en algún momento. Y en aquel momento todavía creía que tenía mucho tiempo por delante. Todavía no tomaba conciencia del todo de que los años seguían pasando…

9 de octubre de 2010

Cinco.

Cuando me harté del último tenía casi veintinueve.

Después de demasiadas peleas, gritos, desilusiones, mentiras y reclamos, después de cansarme a mí misma de pedirle tantas veces que cambie, me decidí finalmente a cambiar yo. 


Lo dejé sin gritos ni lágrimas. Solo una última frase rompió el silencio:

-No puedo creer que seas tan infantil. Ya estoy grande, si quiero un niño en mi vida, mejor me hago embarazar.



Claro… ya me empezaba a caer la ficha.


7 de octubre de 2010

Cuatro.

Con ayuda de ese mandato invisible atravesé una adolescencia bastante prolongada y muy particular. En vez de dedicarme a salir de noche, emborracharme y pasar de novio en novio, como hacía la mayoría de las chicas de mi edad, yo me dediqué a hacer lo que había que hacer. Elegí una carrera y me puse a estudiar, libro tras libro y fotocopia tras fotocopia hasta que me recibí. Tampoco es que fuera una santa, pero no me atraían las relaciones pasajeras. Tuve noviazgos largos y serios, eligiendo siempre hombres con los que a la larga no se podía contar. Pero uno elige y por algo es. En mi caso siempre terminaba con hombres que eran como niños. Vagos, mantenidos, mentirosos o insolventes. Hombres con los cuales era imposible imaginar un futuro diferente del presente y que en el fondo me venían como anillo al dedo para no hacerme cargo de que ya me iba haciendo grandecita. Claro que todo esto es mucho más fácil de pensar a la distancia. En ese momento oscilaba entre ponerme en lugar de madre o de psicóloga. Comprenderlos, ayudarlos, tratar de resolver vidas ajenas. La fascinación del enamoramiento se pasaba rápidamente y quedaban por delante meses y años de discusiones tan infructuosas como estériles, tratando de entender porqué siempre me hacían tal o cual cosa, porqué no podían cambiar y ser como yo quería, como yo había creído verlos en aquel primer momento de enceguecimiento del amor.

Hasta que me di cuenta que la que tendía que cambiar era yo.

De novio.

Que manía la de tratar de comprender y querer cambiar al otro, algo indiscutiblemente femenino.

30 de septiembre de 2010

Dos.

Voy a cumplir 32 años y nunca estuve embarazada. No es que sea algo que me haya preocupado demasiado, de hecho es absolutamente intencional. Nunca tuve un descuido, ni un embarazo no deseado y mis retrasos fueron siempre dentro del marco de mi natural irregularidad. Me cuidé siempre como un relojito suizo, y me sobran los dedos de una mano para contar las veces que me hice un test de embarazo. La única vez que un preservativo me jugó una mala pasada salí corriendo a la farmacia más cercana a comprar esas pastillitas "del día después". Ni siquiera me detuve a pensar en qué momento del ciclo estaba y si era necesario, simplemente me las tomé como indicaba el prospecto y listo. Por suerte nunca tuve que hacerme un aborto, aunque de ser necesario calculo que lo habría hecho. Me hubiera dolido, supongo, pero lo habría hecho.

No quería hijos y menos que menos un hijo no deseado.

Por lo menos así era hasta hace unos meses…

27 de septiembre de 2010

Uno.

Febrero de 2010 




Finalmente me decidí a preparar ese examen que hace tanto venía postergando. Me siento y empiezo a estudiar. Un libro atrás del otro. Fotocopia tras fotocopia y montones de resaltadores de varios colores se acumulan en mi escritorio. Todo iba lo más tranquilo, hasta que leyendo un manual de psiquiatría me topo con esto:


"La incidencia de síndrome de Down en los Estados Unidos es de aproximadamente 1 por cada 700 nacimientos. En su descripción original, Down mencionaba que su frecuencia representaba el 10% de todos los casos de retraso mental. En la actualidad, aproximadamente un 10% de los pacientes con síndrome de Down están ingresados en instituciones especializadas en retrasados mentales. La madre añosa (mayor de 32 años) tiene un riesgo de tener un hijo con sindrome de Down con trisomía 21 de 1 por cada 100 nacimientos, pero si existe traslocación…"*



¿Leí bien? ¿Añosa? ¿Mayor de 32 años? ¿Pero de qué estamos hablando? ¿Ahora este hijo de puta me viene a decir que soy casi una anciana? Me pongo a hacer las cuentas, a ver… si yo quedara embarazada hoy… en nueve meses tendría... ¡32 años! La puta madre que lo parió. Este manual debe ser antiguo, no puede ser que digan semejante barbaridad! Voy a la primer página y me fijo la fecha de edición... ¡Pero si es de 1985! Si al menos fuera de hace un par de siglos… Y solo tiene poco más de veinte años… Kaplan y la puta que te parió… 


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*Sinopsis de Psiquiatría, Kaplan – Sadock, séptima edición, cap. 35.