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9 de junio de 2011

Ciento dos.



Dos semanas después volví al consultorio de mi analista. Era justo un par de días antes de la visita al obstetra.

-Me quedé pensando lo que hablamos la semana pasada… Hablé con G. y él está de acuerdo. Dice que lo mejor va a ser mudarnos. Pero me preocupa que en el fondo no le gusta mucho la idea. El va a tener que viajar mucho y además se imagina que es un lugar horrible…

-Esta vez le toca a él hacer un esfuercito…

-Si, el tema es si yo me voy a bancar sus caras de culo… veremos…

-Ah! Y tuve un sueño! Estaba en la casa de Mi Madre, creo… estaba embarazada como de seis meses, con una panza redonda y linda. Y de golpe sentía que el bebé empezaba a asomarse. Yo intentaba meterlo de vuelta para adentro. -Todavía falta, no es tiempo –decía. Pero el bebé quería salir, y finalmente salía. Yo lo miraba y pensaba –Es una nena! Todo el mundo esperando un varón, y es una nena. Es Agustina.-

-¿Porqué todo el mundo esperaría un varón?

-G. siempre dice que en su familia hace más de treinta años que no nace un varón. El último fue mi cuñado que ya tiene 34, y tiene dos nenas de 5 y 2. Y todas las primas son mujeres, y las hijas de las primas son nenas. Él dice que quiere un varón. Yo siempre me imaginé una nena. Pero lo loco del sueño es que yo me quedaba con la beba, y la abrazaba y la cuidaba, y se la mostraba a todo el mundo. Y un buen rato más tarde me acordaba que le tenía que avisar a G.

-…

-Y además ésta cuestión del tiempo. Salía antes de tiempo. Y no era un parto. No se sentía como un parto. Era ella que quería salir y yo quería que se quedara adentro. Todavía faltaba.

-Eso tiene que ver con tu mamá, ¿No? Digo, era en la casa de tu mamá…

-Si, Mi mamá siempre dice que ella no quería que saliéramos. De hecho ella tuvo tres cesáreas. Siempre dice “No fueron partos, fueron secuestros extorsivos”. Si fuera por ella se la habría pasado embarazada toda la vida…

-¿Y porqué fueron cesáreas?

-No sé, para la primera (yo) no había ninguna causa. De hecho yo tenía fecha para principios de Noviembre y nací el 30 de Octubre. Aparentemente el Obstetra se tenía que ir de viaje… y quiso adelantar el parto… y como no pudo la mandó a cesárea. Si a mí un médico me intenta hacer eso le corto una mano. No se como Mi Madre lo permitió. Tal vez era muy pendeja, tal vez tenía miedo del parto, no sé. Pero volviendo al sueño… Me parece que hay que respetar el tiempo del bebé, no el mío y mucho menos el del médico…

-No tiene porqué ser así, ahora no es como en esa época.

-Eso espero.

-Pero me quedé pensando en esto de que “es una nena” Vos la ibas a tener a la casa de tu mamá. Y a pesar de que todos esperaban un varón, tenías una nena.

-Si…

-Es como si la fantasía de “la nena” fuera para tu mamá…

-Ay… Que feo eso.

-Por ahí te toca tener un varón.

7 de junio de 2011

Ciento uno.


Cuando me enteré del positivo, una de las primeras cosas que hice (antes de llamar a La Ginecóloga) fue llamar a Mi Analista. Hacía casi un año que había dejado de ir, después de muchos años seguidos finalmente sentía que no tenía mucho por decir. Pero esto lo ameritaba. Me angustiaba la ambivalencia que me generaba la buena noticia, y aunque sabía que eso era perfectamente normal, sentía que necesitaba hablarlo con alguien. Y como habíamos decidido no contarle a nadie… bueno, ella que me conocía tanto era la persona indicada.

Llegué la primera sesión, después de tanto tiempo y dije…

-C. me acabo de enterar que estoy embarazada.

-¡Felicitaciones! Yo pensé que ibas a venir con panza ya...

-Si, hacía rato que lo estábamos buscando y no se daba… pero justo ahora me agarra en un momento complicado… estuve todo el verano buscando trabajo, mandando currículums de acá para allá y no me respondían de ningún lado. Justo hace unos días me confirmaron de la Obra Social X, ellos estaba buscando alguien para atender en zona sur… y bueno, justo ahora que recién estoy empezando me entero…

-Esas cosas se dan así, probablemente cuando te relajaste un poco por lo laboral se dio lo otro…

-Si, es cierto, pero ahora ¿Cómo hago? Es lejos, y tengo más de una hora de viaje, entre el tren y el subte… ¿Cómo voy a hacer con la panza? ¿Y con el bebé? ¿Cómo hago para tomarme una licencia después de parir? ¿Me van a seguir derivando pacientes después? Tengo tantas dudas…

-Bueno, no te enrosques. Todas pasamos por esto y se puede. En todo caso tendrás que mudarte para allá… atender en tu casa, cortar cada 3 o 4 horas para dar la teta…

-Sí, puede ser… no lo había pensado… Pero G. me va a querer matar. ¡Vivir en el conurbano! No se si se lo va a bancar.

-Se lo va a tener que bancar. No hay mucha opción, no?

-Parece que no.

-Lo otro que me preocupa es qué hacer con la familia. Todavía no les conté nada…

-¿Porqué?

-No sé, me parece que es demasiado pronto. Todavía no hicimos los controles, y estoy de pocas semanas… mejor esperar hasta los tres meses ¿No?

-Eso es un prejuicio…

-Y encima con mi mamá no hablo desde que volvimos de vacaciones. Tuvimos una pelea fea, y me puse mal. No tolero que sea tan agresiva, y menos con G… y para peor cuando nos juntamos a hablar de eso reaccionó como el orto, ni me escuchó y empezó a decirme que yo no la valoraba, que solo recordaba las cosas malas… y cuando me quedé pensando que tal vez tuviera razón… volvió a empezar y me saqué. No pude decirle más nada. Me fui. Y no volví a hablar.

-¿En qué pensas que puede tener razón?

-En eso de que yo me quedo siempre con las escenas feas. No es cierto que ella haya sido una madre horrible. Se saca a veces. Y hay algunas escenas feas… pero la mayoría de las veces no es así. ¿Porqué me quedo siempre con las cosas malas? Con mi papá también. Soy muy rencorosa…

-Qué importante lo que decís.

-Si, pero a ella no se lo pude decir.

-No importa. Lo pensaste. Tal vez tendrías que hablarlo primero con tu papá…

30 de abril de 2011

Ochenta y seis.


Veintipico de Marzo de 2011.

Después de más de tres semanas de hacerme la boluda, me decidí a llamar a Mi Madre y decirle las cosas en la cara. No podía seguir tragándomelo. Tenía que decírselo o iba a explotar. La llamé y le dije

-¿Podemos vernos? Necesito que hablemos.

-Si, estoy en casa, vení.

Me contestó. Mierda. Mierrrrda. Hubiera preferido sentarnos en un bar cualquiera que tener que ir a su casa. Pero quería sacarme eso de adentro. Así que me subí al colectivo y fui. Temblando. No se porqué me cuesta tanto hablar. Y mucho más hablar con mi madre. Será porque imaginaba cuál podía ser su reacción.

Pero no quedaba otra.

Llegué, hablamos de algunas boludeces, me ofreció un café que no acepté, y finalmente empecé a hablar.

-Antes que nada quería agradecerte por invitarnos de vacaciones. Estuvo buenísimo y lo pasamos genial. Gracias.

-Ok.

-Peeero…. Quería decirte que no me gustó nada lo que pasó esa noche con G.

-¿Qué?

-No te hagas la tonta. La discusión. No me gustó nada. Lo maltrataste. Lo trataste de boludo, a él y a mí también. Y no hacía falta. Yo de última me la banco. Sos Mi Madre. Pero él no tenía porqué. Y me revienta ese maltrato. Creo que ni te das cuenta pero te ponés muy agresiva.

-Me parece que exagerás. Fue una discusión común. La gente discute.

-No me parece, y en todo caso no entiendo porqué tenías que discutir con él de esa forma.

-En realidad la que empeoró las cosas fuiste vos. No tendrías que haberte metido y la discusión hubiera terminado como empezó: civilizadamente.

-Tal vez tengas razón, pero la verdad es que no me la banqué. Esas situaciones me generan muchísima angustia. No las tolero.

-Esa es una dificultad tuya. La gente discute y tenés que empezar a bancartelo.

-Puede ser. Pero igual me parece que no es la manera. No hacía falta que le dijeras a G. que era un inútil que no iba a poder mantener a un hijo, ni que nos echaras en cara que te estás gastando la herencia de la abuela ni que ibamos a tener que pedirle ayuda a Mi Padre.

-Ay… exagerás. No fue así… No era eso lo que quise decir.

-No importa, pero lo dijiste –dije ya con la garganta hecha un nudo y tragandome una catarata de lágrimas- sos muy agresiva. Siempre lo fuiste conmigo y no tengo ganas de bancarmelo más. Basta.

-Siempre lo mismo. Parece que lo único que vos recordás de mí son esas escenitas. Como si nunca hubiera habido cosas buenas. Como si fuera una madre de mierda que lo único que hace es agredirte. Distorsionas las cosas. Además ¿vos pensas que no sos agresiva? Hay algo que se llama la agresividad de la víctima… Siempre te ponés en ese lugar de pobrecita, que los otros te hacen ¿Y vos?

Me quedé en silencio, pensando, llorando. Tal vez tuviera razón. Tal vez yo siempre me ponía en esa posición de denunciar lo agresivo de los otros. De ser una víctima sin poder ver mi propia posición. Tal vez iba a tener que repensar muchas cosas, incluso volver a terapia. La odiaba, pero tenía algo de razón. Y eso me hacía odiarla un poco más. Tenía que reconocerle que a pesar de las muchas putadas que me había hecho en la vida, había muchas más cosas buenas que malas. Que había sido una buena madre a pesar de todo. Abrí la boca e intenté decir algo de esto. Pero solo salieron más lágrimas. Y la garganta se me cerró por completo.

Volví a intentarlo. Entre sollozos logré decir una parte, empezar…

-Es… muy feo lo que me estás diciendo…

pero tal vez sea verdad, iba a decir a continuación, si no me hubiera interrumpido, casi gritando

-¿Ves? ¡Ya estás otra vez en posición de víctima!

Me harté. Me enojé, me cansé. Ni siquiera me iba a dejar darle la razón. ¡Mierda! ¡Así no se puede hablar!!!

-Me voy.

Dije mientras agarraba mi bolso y salía por la puerta.

20 de noviembre de 2010

Veintitrés.

No había chances de estar embarazada. Había dejado las pastillas hacía pocas semanas, dos o tres como máximo y casi no nos habíamos tocado. Estábamos muy cansados los dos, y probablemente un poco asustados por la decisión que estábamos tomando.

Todavía no me había hecho la ecografía así que no tenía el turno con la Ginecóloga, y tampoco daba ir a verla para preguntarle solo eso, ni llamarla. Era una estupidez mía. El Ácido Fólico es solo un complemento, no puede pasar nada si lo dejo de tomar -pensé- voy a probar dejarlo una semana y si se me pasa confirmo que era eso. Y así lo hice. A partir del día siguiente dejé de tomarlo. El martes tenía sesión así que se lo conté a Mi Analista…

-No sabés, estuve todo el fin de semana con el estómago revuelto, el domingo casi no me podía dormir. No sabía cómo acomodarme en la cama de las náuseas. Me quedé en la cama dando vueltas y pensando… Estoy hecha una tarada. Para mí que es por el Ácido Fólico…

-¿No estarás... embarazada?

-Eh?? No… No hay chances… los números no dan… Dejé las pastillas hace dos o tres semanas y la semana pasada que es cuando se supone que estuve ovulando… nada. Él estaba medio mal… y yo después estaba cansada… Salvo que sea como la Virgen María no hay chance…

-¿Estás segura? Mirá que el inconciente es así… Yo que vos me haría un Test…

-...

9 de noviembre de 2010

Dieciocho.

Fines de Abril de 2010


Llego al consultorio de mi analista, me acuesto en el diván y…

-El otro día tuve un sueño… uno de esos que te dejan pensando…

-…

-Estaba embarazada de siete meses y con una panzota enorme. Estábamos en un lugar como de veraneo, con playa y estábamos haciendo una cola larguísima. Había mucha gente. No sé si era para que nos atendiera un médico o algo así. Yo estaba con algunos amigos y no quería que me dejaran pasar antes por la panza. Incluso dejaba pasar a algunas personas. Estaba muy contenta con mi panzota y no me molestaba para nada esperar. Empezábamos a hablar con gente en la cola. En un momento avanzábamos y adelante nuestro había un negro que tenía un piercing con un brillante grandote en un párpado, abajo de la ceja. Nos empezaba a contar que de donde él venía se los hacían a todos así, que era un símbolo de algo. Y hablábamos de mi panza. Yo me levantaba la remera (tenía una remera blanca grandota y abajo ¿una malla?) y se la mostraba. La panza era muy redonda y tenía una línea marcada, como muchas embarazadas tienen en el centro de la panza. Solo que ésta no era de color oscuro, y estaba corrida hacia el lado derecho de la panza. Después empezábamos a hablar de médicos y uno de mis amigos decía que muchas mujeres embarazadas consultan a los obstetras y se ponen mal porque se ven gordas y feas. Yo me miraba en un vidrio que había enfrente y le decía:

-Pero yo no me veo fea -mientras me acariciaba la panza- se nota que estoy embarazada…

-Y me desperté así como… contenta. Casi orgullosa…

-mmm… ¿Hace falta que diga algo…?

-No. Ahora llego a casa y pido turno con la Ginecóloga…

5 de octubre de 2010

Tres.

Podría decir casi con seguridad que en los primeros 30 años de mi vida nunca pensé en ser madre. Me corrijo: la mayor parte de mi vida me la pasé pensando que NO quería tener hijos. No porque no me gustaran los niños. De hecho me encantan. Era más bien porque no podía pensar que mi hijo tuviera que soportar una madre como yo. Si, ya se que esto puede sonar contradictorio, y no digo que no lo sea, pero así fue. No por nada llevo once años de análisis. Las razones son muchas, pero principalmente creo que tienen que ver con mi Madre (¿cuándo no…?). Recuerdo una escena de cuando tendría unos doce…

Mi madre estaba en uno de sus días malos, en esos que por peleas con mi viejo, supongo, todo era gritos y gritos. Yo estaba en mi cuarto tratando de estudiar, pero escuchaba sus taquitos ir venir de un lado al otro de la casa, revoleando cosas y refunfuñando. Yo era la mayor y la ligaba seguido. Obviamente lo que menos podía hacer era estudiar. No había forma de concentrarse. Me puse a garabatear una hoja de carpeta en blanco cada vez más angustiada. Hasta que pasó lo que tenía que pasar: abrió mi puerta con la cara desencajada y empezaron los gritos. Ya no recuerdo qué había hecho o dejado de hacer, ni creo que fuera nada relevante. Tal vez alguna trivialidad como no haber lavado los platos o tener el cuarto desordenado, cosas típicas de adolescentes. Pero mi vieja cuando se enojaba tenía una lengüita de víbora que soltaba sin filtro las frases más duras de escuchar, las más inadecuadas. Decía que quién la había mandado a tener hijos, que éramos unas desagradecidas, que la queríamos matar y qué se yo cuántas barbaridades más. Gritó y gritó mientras yo me quedaba muda, cada vez más absorta en mis garabatos, tratando de desenchufarme y no escuchar. Tragándome las lágrimas para no darle el gusto de que me viera llorar. Ya había comprobado que contestarle solo la ponía peor y alargaba la tortura. Cuando pasó la tormenta y se fue dando un portazo, no podía dejar de pensar. Pensaba que hay gente que no tendría que tener hijos. Que no es justo que los hijos tengamos que soportar los desbordes de la locura de los padres. ¿Yo seré igual como madre? -me preguntaba- Tenemos los mismos genes... 

Y así mientras me enroscaba en mis pensamientos, casi sin darme cuenta, escribí en ese papel:


 Nunca voy a tener hijos.

Casi como un mantra. Un mandato autoimpuesto.
Lo guardé en el fondo del cajón y ahí quedó por muchos años. Casi podría decir que me olvidé de su existencia. Del papelito y de la promesa. Pero nunca de los pensamientos que me llevaron a escribirlo.

De más grande y con muchos años de análisis encima pude recordar esa escena y ese papel, y ver los efectos que había tenido en mi vida sin siquiera tenerla presente. Tuve que darme cuenta de mi propia incoherencia. En vez de enojarme con mi madre había optado por enojarme conmigo misma, negándome la posibilidad de ser diferente, de ser una madre mejor. -Ser madre trae problemas, mejor no serlo- era el razonamiento. Cuando lo que debía haber pensado era que Ser hija trae problemas. O más bien Ser hija de... . Lo más lógico hubiera sido enojarme con ella como hubiera hecho cualquier otra persona. Pero a veces pienso raro.

Y eso no siempre es bueno.