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15 de noviembre de 2011

Ciento cuarenta y cinco.


Mediados de Septiembre de 2011.
Llamé a la otra partera que me comentó que daba el curso los Viernes a las 18.30. También era un día complicado, pero los viernes tenía menos pacientes (y no había muchas otras posibilidades). Le dije que iba a ver si podía cambiar mis pacientes de los viernes para otro día y la volvía a llamar para confirmarle. Igual todavía tenía dos o tres semanas antes de empezar con el curso.
Mientras tanto, seguía la búsqueda de vivienda. Vimos un par de casas más y algún departamento, pero la verdad no eran la gran cosa. El departamento estaba bien ubicado, pero era mínimo y bastante feo. La casa no estaba mal, pero la ubicación no era la que yo prefería. Era un poco difícil llegar, y no parecía una zona muy segura para estar sola todo el día. La panza seguía creciendo y yo empezaba a preocuparme. ¿Y si no consigo nada? ¿Cómo hago con los pacientes, dónde meto un bebé en éste departamento en el que ya casi no entramos nosotros? ¿Cómo voy a hacer para mudarme cuándo ya tenga una panzota enorme?
Seguí buscando y buscando, ya casi sin esperanzas. Un día de esos encontré un aviso en el que ofrecían un departamento de 3 ambientes Apto Profesional, en una buena zona, con balcón. En realidad lo ideal hubiera sido 4 ambientes, para poder tener además del consultorio una habitación para el bebé, pero la búsqueda se estaba complicando demasiado así que empecé a bajar las expectativas. Además había que poder pagarlo. Llamé y hablé con la gente de la inmobiliaria. Para mi sorpresa, arreglamos una visita para el día siguiente al mediodía. Seguro que era una inmobiliaria de capital, las de la zona casi se me reían en la cara cuando les pedía verlo en ese horario.
-Yo te recomendaría que te vengas con los papeles y la plata para la seña, porque el departamento te va a encantar y no vas a querer pendértelo…
Dijo, el de la Inmobiliaria. ¡Qué pelotudo! –pensaba - ¿Cómo puede estar tan seguro?
Al día siguiente salí para el consultorio una hora antes de lo habitual para ver el departamento. Había arreglado además para ver uno o dos más durante la tarde, por las dudas. Llegué, demasiado temprano como siempre, y aproveché para recorrer la zona. La ubicación estaba buena, bien céntrica como yo buscaba, a tres cuadras de la estación y media de la avenida, a una de la peatonal. Era una calle muy transitada, seguramente bien iluminada de noche y con muchos comercios. Eso tenía sus pro y sus contra, porque mirándolo bien… era un quilombo. Gente que iba y venía, autos, bocinas, colectivos. Era como vivir en el medio del Once… pero al menos no iba a ser complicado llegar. Eso sí, estacionar imposible. Llegué a la puerta del edificio cinco minutos antes y me encontré con un pelado de traje y corbata esperando. Era el de la inmobiliaria.
-¡Llegaste temprano!
Dijo con una sonrisa de oreja a oreja y cara de vendedor.
La entrada del edificio no estaba nada mal. Medio escondida entre los comercios, pero prolija y linda, se notaba que era un edificio bastante nuevo. Entramos. Subimos al tercer piso por el ascensor mientras el vendedor hablaba de las bondades del edificio, del portero eléctrico y hasta de los ascensores. Llegamos al tercer piso y caminamos por un pasillo largo y estrecho hasta el departamento del contrafrente. Menos mal que es contrafrente, porque un departamento al frente sobre ésta calle debe ser insoportablemente ruidoso –pensaba.
Abrió la puerta y entramos.

8 de noviembre de 2011

Ciento cuarenta y tres.


Principios de Septiembre de 2011.
Y mientras tanto en cada ratito libre que tenía seguía recorriendo inmobiliarias, llamando por teléfono, buscando por internet. Pero estaba difícil. Había muy poco publicado, la mayoría no eran Apto Profesional ¿Y si no podía trabajar cómo iba a pagar un alquiler? Y encima yo tenía cada vez más pacientes, lo cuál estaba buenísimo por un lado, pero por el otro me dejaba cada vez menos tiempo para ocuparme de la búsqueda. G. prometía ayudarme, pero ni noticias. Y cada vez que salía el tema terminábamos discutiendo, así que a veces prefería hacerme la tonta y dejarlo pasar.
Y un día encontré el departamento perfecto. Era un primer piso por escalera, sin expensas, con un alquiler accesible y bien ubicado. Dos habitaciones, un living grande, cocina con comedor y una terraza de 8 x 8. Perfecto. O más bien casi perfecto, porque no era apto profesional. Pero es un primer piso por escalera ¿Qué diferencia podía hacer? Capaz que hasta tiene entrada independiente –pensé. Arreglé una cita con el de la inmobiliaria, que milagrosamente accedió a dejarme verlo al mediodía, cuando la mayoría de las inmobiliarias de la zona cierran. (qué costumbre de mierda, cerrar al mediodía!)
Fui en el horario acordado y me encontré con “Facundo” en la puerta. Subimos al primer piso y pasamos al departamento. Era más lindo de lo que me imaginaba. Con las paredes recién pintadas de un blanco impecable, los pisos de madera recién plastificados y un sol desbordante en las ventanas que daban a un pequeño balconcito a la calle. Tenía un living grande separado en dos partes que se podía dividir fácilmente para hacer el consultorio, dos habitaciones, una cocina prolija y una escalerita que daba a la gloria. Una terraza enorme con una parte techada y el resto al aire libre, preciosa. Ya me podía imaginar, las mesas acá, las plantas allá, una parrillita de ese lado. Era perfecto. Casi perfecto. Terminamos de verlo y volví a salir con Facundo a la vereda. Le pregunté cuáles eran las condiciones.
-Un mes adelantado, un mes de depósito, dos de comisión, garantía… y eso sí, no es Apto profesional ni se aceptan mascotas en el edificio…
-¿Y son muy estrictos con eso? -pregunté mientras pensaba en mis pacientes y mis dos gatos.
-Si, éste es un consorcio muy particular. No quieren saber nada, ni de mascotas ni de profesionales…
-Ahhh... Ok, gracias. Lo pienso y te llamo.
Dije mientras me iba rumbo al consultorio con un nudo en la garganta.
Quería llorar.
Era perfecto. Casi perfecto.

9 de octubre de 2011

Ciento treinta y ocho.


Agosto de 2011.
Ya habíamos decidido que íbamos a tener que mudarnos. Mi departamento era demasiado chico para los tres, más los dos gatos y el consultorio. Y por otro lado yo estaba trabajando más tiempo allá lejos que en casa. Estaba yendo casi dos días completos a un consultorio muy al sur, y uno a otro no tan al sur. Y solo un día trabajaba en capital. ¿Cómo iba a hacer cuándo la panza estuviera demasiado grande para subirme al tren? ¿Y cuándo naciera el bebé y hubiera que darle la teta cada tres o cuatro horas? Imposible ir y venir a cada rato… era casi una hora y media de ida y otro tanto de vuelta. No había chance, teníamos que mudarnos para allá para que yo pudiera trabajar desde casa. Era la única salida… porque dejar a un bebé de un mes o un mes y medio en una guardería todo el día para que yo me la pase viajando en tren era una crueldad absoluta. Y no tenía ganas de criar a mi bebé así. A G. no le gustaba nada la idea. El trabajaba a tres estaciones de subte de casa y llegaba a su trabajo en quince minutos… y ahora iba a tener que subirse al tren y viajar una hora y media. Odiaba la idea. Pero entendía que era lo que había que hacer. O al menos eso me decía.
Así que empezamos a buscar departamento.
En mis ratos libres, cada vez que un paciente faltaba, yo me ponía a recorrer la zona preguntando en inmobiliaria tras inmobiliaria. Pero en todas obtenía la misma respuesta:
-No hay nada.
¿Cómo puede ser? Para la venta, tenían montones. Departamentos de 1 y 2 ambientes, montones. Pero más, nada. Y ¿apto profesional encima? Menos que menos. Empecé a buscar otras alternativas. Podría ser una casita… o un PH… la idea era que tuvieramos tres habitaciones, una para nosotros, otra para el bebé, y una para el consultorio. Tenía que ser Apto Profesional, para que no me compliquen el trabajo, y tenía que ser en una zona céntrica, para que G. pudiera ir y venir de la estación del tren, y nuestras familias y amigos pudieran venir a visitarnos de vez en cuando. Además tenía que ser en una zona cómoda para los pacientes, que hubiera colectivos.
Seguí buscando, buscando y buscando. Y cada vez me angustiaba más. Me recorrí caminando todas las inmobiliarias del centro, me alejé un poco para un lado, un poco para otro… y nada. Bastaba decir las palabras mágicas –Alquiler y -3 o 4 ambientes para que te miraran con cara condescendiente y menearan la cabeza. Nada, no hay nada. Mierda. Y yo ya con casi 6 meses de embarazo ¿Cómo voy a hacer? ¡No quiero mudarme cuando esté por parir!
Seguimos buscando. Bah… seguimos. Yo seguí, en realidad. Y Mi Madre. Ella me ayudaba (y a veces me volvía loca, como hacen las madres) G. nunca movió un dedo. Yo sabía que él no quería mudarse para allá, aunque insistía que –era lo que había que hacer-. Pero cada vez nos peleábamos más.
-Yo no puedo hacer todo sola. Necesito tu ayuda. No te digo que viajes, pero al menos ayudame a buscar por internet.
Pero él me decía que si, que iba a buscar… y después nada. Yo oscilaba entre enojarme, putear, discutir y llorar. Me preguntaba si iba a ser capaz de tolerar sus caras de culo en cuanto nos hubieramos mudado, y si ese no iba a terminar siendo el motivo de nuestra separación. Pero francamente no veía otra opción.

6 de septiembre de 2011

Ciento treinta y uno.


Fines de Julio de 2011.

Tres días de reposo, muchas quejas y muchos mimos después, la fiebre se fue, los dolores amainaron y la tos… seguía. Pero había que seguir trabajando. Trabajar en forma independiente tiene sus desventajas y una de ellas es que día que no trabajás es un día que no cobrás. Y el alquiler de consultorio hay que pagarlo igual. Así que a ponerse las pilas y subirse al tren sin chistar. La mayoría de los pacientes todavía no registraban mi panza, así como la mayoría de mis compañeros de viaje que seguían sin cederme el asiento, salvo raras excepciones (siempre mujeres, of course). El mañosit@ seguía pateando y los primeros días sus pataditas me distraían mucho mientras trabajaba. Me desconcentraba, pero a la vez me alegraba tanto que me recordara su presencia. Hasta ese momento el embarazo había sido solo una idea, un mero acto de fe. Apenas se me notaba la panza y lo había visto en las ecografías, pero nada se comparaba con ésta nueva sensación en el cuerpo que me tenía estupidizada por completo. Ni me daba cuenta, pero las manos se me iban constantemente a la panza, como si lo acariciara. Como si no terminara de entender que esa panza me pertenecía, que era parte de mi cuerpo. Tal vez ese fuera el tema, lo complejo de entender que algo puede ser parte de tu cuerpo y a la vez… no serlo.

Apenas unos días después llegaba el tan esperado turno para la ecografía. Un día antes me acordé que no había preguntado si iba a ser posible grabarla. Volví a llamar y consulté con la secretaria.

-Consultorio del Dr. M.?

-Hola, quería hacerte una consulta… Tengo un turno para un Scan Fetal mañana, y quería consultarte si se puede grabar…

-Si, acá te lo graban, no hay problema.

-Ok, ¿Tengo que llevar un Dvd? ¿Tiene algún costo?

-No, no tenés que traer nada.

Dijo la secretaria, con la poca onda que la caracterizaba y cortó. Buenísimo –pensé- un problema menos.

Al día siguiente nos levantamos ansiosos, desayunamos, buscamos la ecografía anterior por las dudas, tomé un vaso de agua media hora antes como me habían pedido y salimos apurados para no llegar tarde.

Tan apurados que por supuesto, llegamos demasiado temprano. Caminamos un poco por el barrio, entramos en librerías, chusmeamos libros viejos (cómo me gusta el olor a libro viejo!) y en cuanto se hizo la hora enfilamos para el consultorio.

Tocamos el timbre, nos atendió la secretaria mala onda y subimos. Cuando entramos nos encontramos con una escena insólita. La secretaria mala onda era una señora gorda con delantal blanco y aspecto de empleada pública mal paga, el departamento en el que estaba la sala de espera era el lugar más feo que podía haberme imaginado. En un edificio que por la ubicación y la construcción debía ser carísimo, había un rejunte de muebles sacados del baúl de la abuela. Parecía una habitación que se había quedado en los setenta. Oscuro, no muy limpio, con pisos de plástico feo y paredes de alfombra (quien pone una alfombra marrón mugrienta en las paredes de un consultorio? ¡puaj!!) Y las paredes llenas de cuadros, uno más feo que el otro. En la pared principal un cuadro abstracto con fondo negro y líneas de colores que tenía todo el aspecto de ser una vagina gigante.

Muy acogedor.

Miramos a nuestro alrededor y había otras tres o cuatro parejas con panzas esperando. Me dio mala espina. Pero no quedaba otra, había que sentarse y esperar.

Y esperar, esperar, esperar…


7 de junio de 2011

Ciento uno.


Cuando me enteré del positivo, una de las primeras cosas que hice (antes de llamar a La Ginecóloga) fue llamar a Mi Analista. Hacía casi un año que había dejado de ir, después de muchos años seguidos finalmente sentía que no tenía mucho por decir. Pero esto lo ameritaba. Me angustiaba la ambivalencia que me generaba la buena noticia, y aunque sabía que eso era perfectamente normal, sentía que necesitaba hablarlo con alguien. Y como habíamos decidido no contarle a nadie… bueno, ella que me conocía tanto era la persona indicada.

Llegué la primera sesión, después de tanto tiempo y dije…

-C. me acabo de enterar que estoy embarazada.

-¡Felicitaciones! Yo pensé que ibas a venir con panza ya...

-Si, hacía rato que lo estábamos buscando y no se daba… pero justo ahora me agarra en un momento complicado… estuve todo el verano buscando trabajo, mandando currículums de acá para allá y no me respondían de ningún lado. Justo hace unos días me confirmaron de la Obra Social X, ellos estaba buscando alguien para atender en zona sur… y bueno, justo ahora que recién estoy empezando me entero…

-Esas cosas se dan así, probablemente cuando te relajaste un poco por lo laboral se dio lo otro…

-Si, es cierto, pero ahora ¿Cómo hago? Es lejos, y tengo más de una hora de viaje, entre el tren y el subte… ¿Cómo voy a hacer con la panza? ¿Y con el bebé? ¿Cómo hago para tomarme una licencia después de parir? ¿Me van a seguir derivando pacientes después? Tengo tantas dudas…

-Bueno, no te enrosques. Todas pasamos por esto y se puede. En todo caso tendrás que mudarte para allá… atender en tu casa, cortar cada 3 o 4 horas para dar la teta…

-Sí, puede ser… no lo había pensado… Pero G. me va a querer matar. ¡Vivir en el conurbano! No se si se lo va a bancar.

-Se lo va a tener que bancar. No hay mucha opción, no?

-Parece que no.

-Lo otro que me preocupa es qué hacer con la familia. Todavía no les conté nada…

-¿Porqué?

-No sé, me parece que es demasiado pronto. Todavía no hicimos los controles, y estoy de pocas semanas… mejor esperar hasta los tres meses ¿No?

-Eso es un prejuicio…

-Y encima con mi mamá no hablo desde que volvimos de vacaciones. Tuvimos una pelea fea, y me puse mal. No tolero que sea tan agresiva, y menos con G… y para peor cuando nos juntamos a hablar de eso reaccionó como el orto, ni me escuchó y empezó a decirme que yo no la valoraba, que solo recordaba las cosas malas… y cuando me quedé pensando que tal vez tuviera razón… volvió a empezar y me saqué. No pude decirle más nada. Me fui. Y no volví a hablar.

-¿En qué pensas que puede tener razón?

-En eso de que yo me quedo siempre con las escenas feas. No es cierto que ella haya sido una madre horrible. Se saca a veces. Y hay algunas escenas feas… pero la mayoría de las veces no es así. ¿Porqué me quedo siempre con las cosas malas? Con mi papá también. Soy muy rencorosa…

-Qué importante lo que decís.

-Si, pero a ella no se lo pude decir.

-No importa. Lo pensaste. Tal vez tendrías que hablarlo primero con tu papá…

10 de mayo de 2011

Noventa.


Primero de Abril de 2011.

No me pregunten qué cenamos esa noche, ni quien cocinó, ni cómo hicimos para dormirnos, porque simplemente no lo recuerdo. Esa noche es una gran nebulosa. Solo recuerdo que seguimos hablando y hablando del tema. Pensando y dándole vueltas al asunto. Pero ya estaba hecho. Mi cuerpo ya lo había decidido por los dos. G. estaba feliz. Yo tenía mis dudas. O no terminaba de creérmelo. Todavía quedaba un test de embarazo en mi cajón.

-¿Y si volvemos a hacerlo?

Le pregunté. Aunque sabía que no habían falsos positivos, todavía quería creer que podía ser un error.

-¿Para qué?

-Y, no sé… Por las dudas.

-Es medio al pedo, si sabés que no hay falsos positivos.

-Pero por la dudas. Tal vez el sábado lo vuelvo a intentar.

A ver si me convenzo de que es verdad –me hubiera faltado decir –a ver si me la creo de una vez. Pero no hizo falta. Al día siguiente me levanté con náuseas. Tenía un día largo por delante. A la mañana a la facultad, después toda la tarde a trabajar en el conurbano. Y me levanté agotada. Me sentía pesada, hinchada como un sapo y con el estómago revuelto a más no poder. Desayuné como pude y salí. No puede ser que ya tenga náuseas. Me acabo de enterar –me decía – debe ser pura sugestión.

Pero el día siguió y las náuseas seguían insistiendo. Tanto que tuve miedo de almorzar. No quería vomitar en el camino. Pero el hambre no ayudaba. Comí algo livianito de camino y seguí mi día. La cabeza me daba vueltas, no podía dejar de pensar en lo que estaba pasando. Tendría que llamar a Mi Ginecóloga para pedir un turno urgente. O al menos para que me haga las órdenes para los estudios. Y voy a tener que buscar un Obstetra urgente. Pero no tenía ni un minuto. Llegué al consultorio como pude, y atendí un paciente tras otro, hasta que se hizo la hora de volver. Ya era casi de noche y me faltaba todavía un largo viaje en tren y subte. Nada mejor para las náuseas.

Me subí al tren y me senté, en uno de esos asientos que están enfrentados a los otros. Por suerte a esa hora el tren que va a capital está casi vacío, porque viajar parada hubiera sido una tortura. Arrancó y una o dos estaciones más adelante empezó a sacudirse. Para un lado y para el otro. Paraunladoyparaelotro. Puta madre. El mundo se me movía. Apoye mi mano contra la pared para tratar de mantenerme quieta. O de no sacudirme más que el mismo tren. Me mareaba. La chica que estaba sentada enfrente mío, unos asientos más atrás me miraba raro. Una estación más adelante se levantó para bajar, y cuando pasó por delante de mí me preguntó:

-¿Te sentís bien?

-Si, estoy un poco mareada nomás. Gracias.

Puta madre, pensé. Tan blanca debo estar, ¿Tanto se me nota?

28 de abril de 2011

Ochenta y cinco.


Veintipico de Marzo de 2011.

Domingo. Sol hermoso. Con G. nos miramos y decidimos salir a caminar un poco. Paseamos por el barrio tomados de la mano, nos sentamos en una placita a disfrutar del solcito de otoño, ese tiebiecito que te acaricia la piel y alma y no te calcina. Hablamos. De la vida, de boludeces varias y cotidianas. Hasta que interrumpo la charla con un pensamiento que vengo arrastrando hace unos días…

-Viste que el trabajo con la obra social viene bien? Ya estoy pensando en cambiar de consultorio, me están mandando varios pacientes y no me alcanzan las horas…

-Qué bueno! Me alegra tanto que lo tuyo esté empezando a despegar…

-Si, buenísimo. Pero estaba pensando…

-…

-¿Te parece que es el mejor momento para quedar embarazada? Digo, recién me conocen, no se si voy a poder tomarme licencia, además los meses que no trabajo no cobro. Y después no sé si me van a bancar y me van a seguir derivando pacientes…

-Bueno, no te adelantes, eso ya se verá…

-No, no. Es un tema que me tiene preocupada. Vos sabes que mi trabajo es así. No tengo sueldo ni aguinaldo, ni vacaciones, menos que menos licencia por maternidad… Estaba pensando si no será mejor idea que me cuide por unos meses hasta que se estabilice un poco todo…

-¿Quéeee? ¿Cómo??

-No se, pensaba empezar a tomar pastillas de nuevo, por unos meses…

-¡Vos estás loca! ¿Unos meses? ¿Cuántos?

-No sé… tres o cuatro meses. Hasta que las cosas se acomoden un poco,  y yo empiece a cobrar, y podamos mudarnos, y…

-Si, vos decís tres o cuatro meses, pero ¿Y yo como se que después no van a ser seis? ¿O un año? ¡Hace casi un año que estamos buscando! ¡Yo no se si quiero esperar tanto!

-Bueno, pero…

-Es tu cuerpo. Y tu trabajo. Vos hacé lo que quieras. Pero a mi la idea mucho no me gusta…

26 de abril de 2011

Ochenta y cuatro.


Veintipico de Marzo de 2011.

Suena el teléfono. Atiendo.

-Hola, ¿Con la Lic. Mañosa?

-Si, ella habla, ¿Quién es?

-Ah, ¿Cómo estás? Soy la coordinadora de la Obra Social X. Era para confirmarte que ya está todo Ok. Cuando puedas pasame la dirección del consultorio y te empezamos a derivar pacientes.

-Buenísimo, tengo que ver algunas cosas, pero a fines de la semana o principio de la próxima la llamo y le confirmo la dirección.

-Ok, tratá de que sea lo antes posible, porque tenemos mucha demanda para esa zona.

-Perfecto. Del lunes no pasa. La llamo.

Estaba feliz. Al fin. Iba a poder trabajar de lo mío, y cobrar. Maravilloso. Ahora... ¿De dónde mierda saco un consultorio por allá? ¡Si ni siquiera conozco la zona! Me puse a buscar y buscar por todos lados. Avisos clasificados, páginas de internet. Hasta por facebook. Hasta que conseguí varios teléfonos. Llamé y arreglé para ir a ver uno el lunes. Me fijé en el mapa y era a 4 cuadras de la estación del tren. Había que ver que la zona no fuera horrorosa, y el consultorio zafara.

Me fui hasta allá ese mismo lunes. Recorrí la zona, me fijé cuando tardaba en llegar en tren, cómo volver, que quedara cerca de la avenida. El consultorio era chiquito pero estaba bien decorado. No era la gran cosa pero iba a servir para empezar, y además era barato. Perfecto. Reservé un par de horas para la semana siguiente y me fui con una copia de la llave.

Llamé a la coordinadora y le di la dirección. Esa misma semana empezaron a derivarme pacientes. No lo podía creer. Al fin las cosas estaban empezando a acomodarse.

Pero empecé a dudar… ¿Era realmente el mejor momento para quedar embarazada? ¿Justo ahora que lo profesional estaba empezando a despegar?

¿Y si esperabamos un poco?

21 de abril de 2011

Ochenta y dos.


11 de Marzo de 2011.

Volví a casa lagrimeando y preocupada. No podía parar de pensar en lo que había dicho ese médico. –No estás ovulando ni lo vas a estar en los próximos días- seguía sonando en mi cabeza como un estribillo. ¿Y si soy yo? ¿Y si mis ovarios no funcionan bien? ¿Y si funciona uno solo? No es imposible, pero sería mucho más difícil…

Cuando llegó G. le conté lo que había pasado.

-Me dijo que no estoy ovulando…- le dije tratando de contener las lágrimas.

-Bueno, ya vas a estar, acordate que tenés ciclos más largos…

-No, pero me dijo que no se veían folículos, no entiendo nada! ¿Y si soy yo? ¿Y si uno de mis ovarios no funciona?

-Pará, no seas exagerada, no sabés. Capaz que el tipo se equivocó… ¿No te habías hecho otra ecografía antes?

-Si, el año pasado, y dio todo bien…

-Bueno, no te adelantes. Esperá un día y empezá con los tests otra vez, tal vez demora…

Dejé pasar un día y empecé con las pruebitas de ovulación otra vez. Las hice el día 14 y salieron dos rayitas, la segunda ligeramente mas clara que la primera. Era un negativo. El 15 y el 16, también negativo, cada vez más clarito. Seguí haciéndolas por las dudas el 17 y el 18, pero la última ya era casi una sola línea. Claramente negativo. Mi preocupación iba en aumento. Por suerte tenía turno para el análisis hormonal el día 23 de mi ciclo, Ahí me iba a poder enterar si algo no andaba bien, y ya faltaba poco.
Mientras tanto tuve la entrevista para ese trabajo. Me fue bastante mejor que en la entrevista anterior, y ya todo parecía estar listo.

-Te va a llamar la coordinadora la semana que viene para confirmarte.

Me dijo, y esta vez me fui más tranquila. Al menos uno de los problemas estaba empezando a resolverse.

16 de abril de 2011

Ochenta.


Primeros días de Marzo de 2011.

Volvimos de las vacaciones relajados y felices. Irse de vacaciones es una prueba para muchas parejas y cuando las cosas no están del todo bien, estar todo el día juntos, tantos días seguidos puede volverse un problema. Pero para nosotros fue genial, la pasamos bárbaro, no nos peleamos más que por las boludeces de todos los días y salvo el incidente con Mi Madre todo fue maravilloso. Los dos necesitábamos ese descanso y sobre todo cortar con la rutina. Veníamos pensando demasiado. La situación económica estaba cada vez más complicada y yo antes de irme había tenido una entrevista para una posibilidad de trabajo muy interesante. Era para ejercer mi profesión para una obra social, que pedía profesionales en la zona sur del conurbano bonaerense, pero pagaba muy bien. La verdad es que las posibilidades de conseguir algo más cerca de mi casa eran casi imposibles, así que dije que sí. Aún sabiendo que iba a ser una viaje largo y tedioso de varios días a la semana. Solo faltaba que me llamaran para concretar una segunda entrevista, esta vez con la coordinadora del área de niños. Apenas llegamos me llamaron y confirmamos la entrevista para la semana siguiente. Un alivio total, si esto se me daba mi vida iba a empezar a cambiar para bien, al fin iba a poder dedicarme a mi profesión a full y vivir bien de eso. Era casi un sueño. Con el relax de las vacaciones a cuestas y el alivio de la posibilidad laboral asomando, G. y yo estábamos como nunca. Siempre teníamos ganas y lo hacíamos todos los días, incluso más de una vez al día. Era genial poder hacerlo por placer y no porque había que hacerlo. Esa rutina se estaba volviendo medio insoportable. Disfrutamos así de una semana o un poco más de casi una luna de miel.

Lástima que no fuera la fecha en que se suponía que estaba ovulando.

Cuando llegó el día 10 de mi ciclo empecé otra vez con las pruebitas de ovulación. Venía observando hace un tiempo el flujo, pero hasta ahora no había detectado ese flujo gelatinoso y transparente que dicen que aparece antes de la ovulación, sino más bien uno blanquito y medio pastoso. La primera dio negativo, tal como esperaba. Pero cuando hice la segunda el resultado no era muy claro. Había claramente dos líneas, pero no estaba del todo seguro si eran del mismo tono… La primera era la línea de control, la segunda se suponía que tenía que ser del mismo color o más oscura para ser un positivo. No esperaba un positivo tan pronto además, así que eso me generó más dudas. Salí del baño con la tirita en la mano y se la mostré a G.

-Parece que es un positivo, pero ¿vos que pensás? ¿Son del mismo color? ¿O ésta es más oscura?

Le pregunté, señalando la línea de control.

-mmm… a ver… no sé, para mí son iguales… dejame ver bien…

-Si son iguales tiene que ser un positivo… Pero es raro, por el flujo no parece que esté por ovular…

-Bueno, por las dudas probemos…

Me dijo, guiñándome un ojito mientras nos abrazábamos y empezaba a volar la ropa…