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6 de noviembre de 2011

Ciento cuarenta y dos.


23 de Agosto de 2011.
Me levanté tempranito, muerta de hambre tras cumplir religiosamente con las 12 hs. de ayuno reglamentario, hice pis en el frasquito tratando de no mearme demasiado las manos (lo cual se volvía cada vez más difícil dado que ya no me la veo!) y partí con G. como compañía hacia el laboratorio. El laboratorio en el que siempre me hacía los estudios estaba “cerrado por refacciones”, así que tuve que buscar otro que por suerte estaba bastante cerca. Como siempre, llamé antes para pedir turno. Pero no daban turnos, y cuando llegamos estaba llenísimo de gente. Así que nos sentamos a esperar, esperar y esperar. Cuando llamaron mi número me acerqué al mostrador con el frasquito de orina, busqué el carnet de la prepaga en la billetera y la orden… ¿Y la orden? Busqué y rebusqué revolviendo mi cartera para todos lados, pero no había caso. La orden estaba en mi agenda, y mi agenda prolijamente apoyada en la mesita donde siempre la dejaba. La putamadre.
-Uy, me olvidé la orden.
Dije mientras la empleada me miraba con cara de pocos amigos.
-¿La puedo ir a buscar y te la traigo? –dije haciendo pucherito a ver si la convencía – vivo en la otra cuadra.
-Bueno, dale…
Por suerte, decía, estabamos cerca. G. salió corriendo a buscarla mientras yo le daba indicaciones del lugar donde debía estar. Me senté y esperé. No podía dejar de putearme por ser tan pelotuda. ¿Cómo es posible que me olvide justo lo más importante?
Finalmente G. volvió, con mi agenda en la mano y pude entregar la maldita orden.
Y me mandaron a esperar, una vez más. Esta vez por suerte no fue larga la espera. Un rato más tarde salió un técnico de guardapolvo diciendo mi nombre. Me despedí de G. que se iba a trabajar y pasé al cuartito donde me sacaron sangre por primera vez. Ya a esta altura me estaba acostumbrando al pinchazo, ni un mareo.
-Ahora te vas a sentar allá –dijo mientras me señalaba otra sala de espera –y te vamos a dar una solución de glucosa. Tenés que tomarla, esperamos dos horas, y te volvemos a extraer sangre.
-¿No puedo ir a dar una vuelta, para despejarme un poco?
-No, tenés que estar en reposo, para no alterar el resultado del análisis.
Menos mal que me traje un libro- pensé, y me fui a sentar donde me indicó. Un rato más tarde, el mismo técnico vino con una taza de plástico llena de un líquido transparente y caliente.
-Tratá de tomarlo en los próximos 5 o 10 minutos.
Dijo, y se fue. Me acerqué la taza a la boca y tomé un trago. Puaj. Puajjjjj. Era exactamente lo que parecía. Agua caliente con azúcar (o glucosa, que para el caso es lo mismo). Dulce, muy empalagosamente dulce. Y yo en ayunas hacía yanosecuántashoras. ¿Y ahora cómo hago para controlar las náuseas? Hice el esfuerzo y tragué. Primero de a sorbitos pequeños. Después, mientras veía que el tiempo pasaba y no lograba terminarlo empecé a tomar sorbos grandes. Hasta que lo logré. Puaj.
Me acomodé en un sillón cómodo y me puse a leer, tratando que el ruido del televisor, que estaba con el noticiero a un volumen bastante excesivo, no me molestara demasiado. No fue fácil. Finalmente pasaron las malditas dos horas de “reposo” y el tecnico de la bata blanca volvió a buscarme.
Me senté en la sillita y le ofrecí el otro brazo mientras le decía.
-Medio feíto el líquido ese que hay que tomar… ¿No se podrá agregarle al menos un saquito de té? ¿Altera el resultado del análisis?
-Sí, se podría… en la clínica X lo hacen con un té, no sé porqué acá no…
Pero la puta madre, ¿Porqué no me avisaste antes? La próxima me vengo con el saquito de té en la cartera! –pensé, mientras ponía cara de póquer, me aguantaba el pinchazo y me iba a tomar un rico café con medialunas.
¡Cómo odio el ayuno!

6 de septiembre de 2011

Ciento treinta y uno.


Fines de Julio de 2011.

Tres días de reposo, muchas quejas y muchos mimos después, la fiebre se fue, los dolores amainaron y la tos… seguía. Pero había que seguir trabajando. Trabajar en forma independiente tiene sus desventajas y una de ellas es que día que no trabajás es un día que no cobrás. Y el alquiler de consultorio hay que pagarlo igual. Así que a ponerse las pilas y subirse al tren sin chistar. La mayoría de los pacientes todavía no registraban mi panza, así como la mayoría de mis compañeros de viaje que seguían sin cederme el asiento, salvo raras excepciones (siempre mujeres, of course). El mañosit@ seguía pateando y los primeros días sus pataditas me distraían mucho mientras trabajaba. Me desconcentraba, pero a la vez me alegraba tanto que me recordara su presencia. Hasta ese momento el embarazo había sido solo una idea, un mero acto de fe. Apenas se me notaba la panza y lo había visto en las ecografías, pero nada se comparaba con ésta nueva sensación en el cuerpo que me tenía estupidizada por completo. Ni me daba cuenta, pero las manos se me iban constantemente a la panza, como si lo acariciara. Como si no terminara de entender que esa panza me pertenecía, que era parte de mi cuerpo. Tal vez ese fuera el tema, lo complejo de entender que algo puede ser parte de tu cuerpo y a la vez… no serlo.

Apenas unos días después llegaba el tan esperado turno para la ecografía. Un día antes me acordé que no había preguntado si iba a ser posible grabarla. Volví a llamar y consulté con la secretaria.

-Consultorio del Dr. M.?

-Hola, quería hacerte una consulta… Tengo un turno para un Scan Fetal mañana, y quería consultarte si se puede grabar…

-Si, acá te lo graban, no hay problema.

-Ok, ¿Tengo que llevar un Dvd? ¿Tiene algún costo?

-No, no tenés que traer nada.

Dijo la secretaria, con la poca onda que la caracterizaba y cortó. Buenísimo –pensé- un problema menos.

Al día siguiente nos levantamos ansiosos, desayunamos, buscamos la ecografía anterior por las dudas, tomé un vaso de agua media hora antes como me habían pedido y salimos apurados para no llegar tarde.

Tan apurados que por supuesto, llegamos demasiado temprano. Caminamos un poco por el barrio, entramos en librerías, chusmeamos libros viejos (cómo me gusta el olor a libro viejo!) y en cuanto se hizo la hora enfilamos para el consultorio.

Tocamos el timbre, nos atendió la secretaria mala onda y subimos. Cuando entramos nos encontramos con una escena insólita. La secretaria mala onda era una señora gorda con delantal blanco y aspecto de empleada pública mal paga, el departamento en el que estaba la sala de espera era el lugar más feo que podía haberme imaginado. En un edificio que por la ubicación y la construcción debía ser carísimo, había un rejunte de muebles sacados del baúl de la abuela. Parecía una habitación que se había quedado en los setenta. Oscuro, no muy limpio, con pisos de plástico feo y paredes de alfombra (quien pone una alfombra marrón mugrienta en las paredes de un consultorio? ¡puaj!!) Y las paredes llenas de cuadros, uno más feo que el otro. En la pared principal un cuadro abstracto con fondo negro y líneas de colores que tenía todo el aspecto de ser una vagina gigante.

Muy acogedor.

Miramos a nuestro alrededor y había otras tres o cuatro parejas con panzas esperando. Me dio mala espina. Pero no quedaba otra, había que sentarse y esperar.

Y esperar, esperar, esperar…


23 de agosto de 2011

Ciento veintiséis.


 19 de Julio de 2011.

Apenas salimos pedimos un nuevo turno para el Ecocardiograma, ahí mismo, en la Clínica. Era mucho más cómodo poder hacer todo en el mismo lugar, y aunque estábamos un poco preocupados por los resultados y queríamos hacerlo ya, sonaba mucho más lógico hacerlo en la semana 24, si es que el corazón se veía mejor. Pedimos un nuevo turno con la Dra. K. para ese mismo día y nos fuimos.

-La verdad es que me deja mucho más tranquila. No sé si será mejor médica que el Dr. S., pero al menos me siento más cómoda y más contenida. ¿Vos que opinás?

Le pregunté a G. No era una decisión para tomar arbitrariamente.

-Lo importante es que te sientas cómoda vos…

-Pero ésto tenemos que decidirlo los dos.

-Si, pero a mi me parecen bien los dos. Y a ésta Dra. te la recomendaron… debe ser buena. Por mí es igual, decidí vos.

-Ok. Por ahora voy a mantener el turno con los dos. Hasta que me decida.

G. se fue a trabajar, yo pasé por casa. Tenía un ratito antes de empezar el día de trabajo. Llamé a la otra Cardióloga para cancelar el turno que teníamos para ese mismo jueves. Unos minutos más tarde suena el teléfono. Atiendo.

-¿Hola?

-Hola, ¿Hablo con M.?

-Si, ella habla.

-Te llamamos del consultorio del Dr. M. Vos tenías turno la semana que viene para un Scan Fetal…

¿Cómo “tenías”? ¡Tengo un turno! Lo saqué hace casi un mes, porque el obstetra me dijo que el Scan Fetal lo tenía que hacer con éste Dr., porque era Obstetra, y no era lo mismo, y blablabla… Este llamado empezaba a olerme mal.

-Ahá…

-El Dr. se va de viaje, jusssto ésa semana… Le estamos cambiando los turnos, te puedo dar un turno para 10 días después o para esa misma semana con la Dra. que dejó para lo reemplace…

-¿Me estás hablando en serio? ¡Si yo saqué el turno hace rato porque el Dr. me dijo que tenía que ser con él, que es Obstetra! Y no tengo ganas de esperar 10 días más… Decime, ésta Dra. que dejó para que lo reemplace ¿También es Obstetra?

-Y… no se…

-Ah… bueno. No se. Entonces dejamelo pensar y te vuelvo a llamar.

Dije, y corté. Me hincha la paciencia. Me rompe soberanamente las pelotas que en cuanto encuentro un puto horario en el que G. y yo podemos ir sin dejar de trabajar demasiado, me lo cancelen. ¿Puede ser que todos los médicos sean iguales? ¿O serán solo los Obstetras?

Estos tipos deben creer que todas las minas embarazadas vivimos en casa tejiendo mañanitas y rascándonos la c*%c#@ todo el día.



Me parece que el embarazo me tiene un poco irritable.

16 de agosto de 2011

Ciento veinticuatro.


14 de Julio de 2011.

Ese mismo día, pasé por la farmacia a buscar la crema, compré un frasquito para análisis de orina y me fui a casa. Tenía que retener tres horas, y había ido antes de salir para el consultorio del médico, así que tenía que aguantar al menos una hora y un poquito más. Pero me estaba meando. Me meaba a cada ratito. Intenté distraerme. Prendí la compu, leí mails, boludeé en Facebook, lei blogs. Pero el tiempo parecía de chicle, no pasaba más. Y encima justo estaba en casa la chica que me ayuda con la limpieza que no paraba de hablarme de todas esas cosas que yo intentaba no pensar. ¡No me hables de ir al baño cuando me estoy aguantando! Finalmente pasó la hora y me fui al baño con el frasquito y feliz. Hice todo lo que me dijo el médico. Abrí el frasquito sin tocar la parte de arriba, me puse un tampón (¡Ouch! Qué feo es ponerse un tampón cuando está todo sequito! Es como limpiarse por dentro con papel de lija!!) me lavé y al fin… hice pis. Ahhhh… qué alivioooooooo.

Salí con el frasquito y lo llevé al laboratorio que por suerte está a una cuadra de casa. Me dijeron que llamara esa misma tarde para ver si ya estaba el primer resultado, que el segundo iba a estar en una semana.

Unas horas más tarde, llamé. Dio negativo –me adelantaron por teléfono- El cultivo también parece negativo así que no hace falta esperar una semana. Podés venir a buscarlo en un rato.

Le mandé un mail al Dr. S. como habíamos acordado para comentarle los resultados. Que dio negativo. Un ratito más tarde me responde, que entonces no había nada más por lo que preocuparse.

¿Pero entonces porqué me duele? ¿Y porqué me hago pis a cada ratito? Debe ser algo normal… habrá que acostumbrarse.

Por suerte tenía turno para la semana siguiente con la Dra. K. y le iba a poder preguntar más tranquila.

11 de agosto de 2011

Ciento veintitres.

Primeras semanas de Julio de 2011.

La verdad es que no tenía nada de ganas de ir a la guardia. Andaba con mucho trabajo y poco tiempo libre, y cada vez que tenía un ratito libre se me ocurría algo mucho más interesante que ir a sentarme un par de horas a calentar la silla en la sala de espera de una guardia esperando que me atendieran para contestarme lo obvio:

-No tenés nada, estás embarazada.

Además empecé a recordar que algunos años atrás había tenido un par de infecciones urinarias con síntomas parecidos, pero en esos casos me daban antibióticos y analgésicos y ahora no creía que pudiera tomar nada de eso. Y si era una infección urinaria se iba a poner más feo en los próximos días, ya me iba a enterar. De todos modos tenía turno con el Obstetra (el Dr. S.) en pocos días, así que mejor esperar. G. no estaba muy de acuerdo e insistía con que había que ir a la guardia igual, pero yo no tenía ganas. Y no fui nada.

Pasaron unos días y corrimos ansiosos al encuentro del simpático Dr. S. Por suerte a la semana siguiente ya teníamos turno con la otra Obstetra, la Dra. K. para poder escuchar una segunda opinión y decidir con cuál de los dos nos quedábamos. Pero había que ir por las dudas. Llegamos al consultorio y en el ascensor nomás nos atajó la secretaria con un hermoso comentario

-Miren que el Dr. está demorado porque viene de un parto…

Así que nos armamos de paciencia y nos sentamos en la sala de espera. Por suerte no fue para tanto. No más que lo de costumbre, por lo menos. Un poco menos de una hora de tedio y entramos al consultorio. El Dr. nos saludó y preguntó como estábamos. Le conté de mis dolores y mis sospechas por mis antecedentes de Infecciones Urinarias.

-Ah! Pero no me dijiste que habías tenido infecciones urinarias, tendrías que haber ido a la guardia igual… si es una infección puede generar contracciones…

La puta que te parió –logre reprimir apenas- sos vos el que me tiene que preguntar mis antecedentes, ¿yo cómo mierda sé cuáles son relevantes? No te voy a contar de cada vez que fui a un médico (ni aunque las recordara) porque estaríamos hasta el año próximo! Pero sonreí y solo atiné a contestar

-Me pareció que en la guardia me iban a tratar de tonta y me iban a decir que era algo normal del embarazo…

-Tonta no te van a decir…

-No, pero lo van a pensar…

Se sonrió.

-Igual cuando es así mejor andá por las dudas. Ahora te vamos a mandar a hacer un análisis de orina y un cultivo así nos quedamos tranquilos y vemos de qué se trata.

Dijo, mientras me invitaba a pasar al cuartito, me pesaba, me tocaba la panza y escuchaba los latidos del bebé. ¡Qué loco es eso! Sigo sin poder terminar de entender que es una personita dentro mío…

-Bueno, parece estar todo bien… Para la próxima les voy a pedir un Scan Fetal, es una ecografía pero más detallada. Yo prefiero que lo hagan con el Dr. M. que es Obstetra, en general en los otros lugares es un especialista en imagenes el que las hace y no presta tanta atención a algunos detalles. Estamos en la semana 19 ¿Ya lo sentiste moverse?

Dijo mientras me daba la orden.

-No, todavía no sentí nada.

Le contesté preocupada. Tal vez ya lo tendría que haber sentido. En todos lados decía que se empezaba a sentir entre la semana 16 y la 20.

-Ya lo vas a sentir… ¿Me quieren preguntar algo más?

-Si, le tengo que pedir una receta para una crema, que la que estoy usando se me está por terminar…

-¡Ah! ¡Qué imporrrtante…!

Dijo, con tonito irónico mientras garabateaba la receta. Este tipo me está tratando de pelotuda, lareputísimamadrequeloparió… pensé, mientras hacía un esfuerzo por no mandarlo a la mismísima concha de su madre. Hice unos segundos de silencio, tomé aire y seguí

-Y además necesitamos la orden para el estudio que tenemos que hacer con la cardióloga. Yo ya pedí el turno pero todavía no sé cómo se llama el estudio…

-Ah, si, si… -dijo mirando su fichita -el Ecocardiograma…

-Y para el análisis de orina también, no?

Pero la puta madre, te tengo que recordar todo yo? No, definitivamente no. Este médico no me convence nada de nada.

26 de julio de 2011

Ciento dieciocho.


15 de Junio de 2011.

Pasaron unos pocos días y por suerte teníamos un nuevo turno con el Obstetra. Nos armamos de paciencia, buscamos el sobre con los resultados de la Translucencia y salimos para el consultorio. Como ya era costumbre nos sentamos y esperamos, esperamos y esperamos. Era la tercera visita al Dr. S. y yo venía cada vez con más dudas. Acerca de los resultados del estudio y acerca de mi elección del médico. Ya estaba terminado el primer trimestre y por suerte las náuseas iban desapareciendo, ya me empezaba a sentir mejor. Pero empezaba a ver el parto cada vez como algo menos lejano. Había leído algún libro sobre parto respetado, y aunque sabía que en una clínica es bastante improbable tener un parto natural y respetado, yo quería que fuera lo más natural posible. Iba a tener que hacerle unas cuántas preguntas a éste doctor. Al fin y al cabo la que decide cómo y con quién quiere parir soy yo. Nos hizo pasar. Le dimos el estudio y lo miró…

-Está todo normal… acá dice que tenés una probabilidad de 1 en 9000, es mucho menor a lo esperado para tu edad….

-Si… pero ¿Qué es eso de “Foco hipercogénico cardíaco” que dice acá en negritas?

Le pregunté, señalando el estudio. Laputamadre, ¿Hace falta que te pregunte todo yo? ¿Si no te lo pregunto lo pasas por alto?

-Ah… eso. En realidad es algo que podría ser normal… hay que volver a chequearlo después de la semana 20…
Te voy a dar el teléfono de la Dra. D. una cardióloga, para que haga un estudio… la orden te la doy en la próxima visita. Pero lo más probable es que no sea nada importante. Seguramente desaparece…

-Ojalá… pero si no estaría bueno estar preparados ¿No? O al menos saber qué es…

-Si, claro…

Dijo mientras me hacía pasar al cuartito donde me pesó, me tomó la presión y me auscultó la panza. Después puso un aparatito para escuchar los latidos del corazoncito del bebé…

Mientras resonaban en la habitación y G. se acercaba emocionado, dijo:

-Yo no soy cardiólogo pero parece que está todo bien…

Volvimos al escritorio, y mientras anotaba cosas en su libretita, G. y yo hicimos silencio.

-Bueno por este mes les doy un descanso. Hasta la semana 20 no hay más estudios que hacer. ¿Quieren preguntar algo?

-Si… varias cosas en realidad.

Dije pensando por dónde empezar. No había caso, éste médico no me inspiraba confianza, a pesar de que se lo veía tan seguro y experimentado. Pero las canas y una sala de espera llena no me alcanzan…

-En éste último tiempo me está pasando que me falta el aire… es algo así como momentáneo, me agarra de golpe que me cuesta respirar…

-Eso es algo normal. Tenés que entender que tenés algo ahí, que empuja tus intestinos para arriba, y por ende todo se está reacomodando, puede ser que por momentos te presione el diafragma…

-Ok… Bueno, además quería preguntarle cuál es su posición respecto del parto.

Silencio.

-¿Qué querés decir?

Preguntó, no de muy buena gana.

-Bueno, a ver…  Por ejemplo hasta qué momento se espera antes de inducir el parto, qué opina de las cesáreas, de la episiotomía, de la anestesia…

-Esperar, se espera un parto normalmente en la semana 40, se puede esperar hasta la 41 si no hay sufrimiento fetal. Esperar más puede ser riesgoso…

-¿Y en qué casos se hace una cesárea?

-Hay cesáreas programadas en los casos en que sabemos que algo viene complicado. Sino se espera al parto natural, salvo que algo se complique de último momento y en ese caso se va a cesárea… Respecto a la episiotomía… Eso lo voy a decidir yo en el momento.

-¿En base a…?

-A la posibilidad de desgarro de los tejidos. Si todo va bien puede que no sea necesaria, pero siempre es más fácil de cicatrizar un tejido con puntos que uno desgarrado.

-Ahá… ¿Y la epidural?

Pregunté, ya con miedito. Aunque tenía miles de otras preguntas se lo notaba cada vez más impaciente e incómodo con mis preguntas. Seguro que no está muy acostumbrado a que lo interroguen ni lo cuestionen los pacientes. Pero para mí estaba bien clarito que la que tiene que tomar una decisión soy yo. No él.

-La Epidural… Mirá, al final todas la piden. Y el problema es que a veces es demasiado tarde. Hay un momento para aplicarla y es importante que en ese momento el anestesista ya esté en la sala. No hay anestesistas de guardia…

14 de julio de 2011

Ciento catorce.

30 de Mayo de 2011.

Ese día me levanté tempranito… y no desayuné. Había que ir a hacer el estudio y me habían pedido 4 horas de ayuno y tomar medio litro de agua media hora antes… y yo soy muy obediente. Así que me lavé la cara, los dientes, me vestí, busqué la ecografía anterior, por las dudas puse un DVD virgen en la cartera (me habían dicho que no era necesario, pero nunca se sabe) agarré una botellita de medio litro de agua de la heladera, y salimos. Mientras íbamos en el taxi para el laboratorio yo luchaba con las náuseas matutinas e intentaba tragarme toda esa agua (sin vomitar ni mearme en el camino).

Finalmente llegamos y nos anunciamos.

-Si, tenés que pasar por acá para la Ecografía.

Dijo la recepcionista mientras me señalaba una sala de espera bastante llenita de gente.

-¿No se puede hacer el análisis de sangre primero?

-No, primero la ecografía.

Respondió, inflexible. Y bueno… para qué discutir ¿No? Pero lo más lógico sería hacer el análisis de sangre primero, así puedo ir a desayunar y se me van las putas náuseas… Aunque ahora que lo pienso entonces no podría hacer pis y… ¡Qué complicado!

Pasamos a la sala de espera y nos sentamos. Y esperamos, esperamos y esperamos. Mientras G. se ponía cada vez más impaciente y yo no sabía que me molestaba más, si las náuseas, las ganas de hacer pis, o el horrendo perfume de la señora que se sentó justo al lado mío.

Finalmente (después de casi 45 minutos de espera) salió una chica y nos llamó.

Pasamos a un mini consultorio y nos recibió una Dra. que me hizo algunas preguntas, me pesó y me hizo acostar en una camilla, de espaldas al monitor. (¿Porqué siempre de espaldas al monitor?)

Me llenó la panza de ese gel espantosamente frío... y apareció un mañosit@ en el monitor.

7 de julio de 2011

Ciento once.

 19 de Mayo de 2011.

-Este Obstetra cada vez me convence menos. Está bueno que no sea un hinchapelotas, pero de ahí a que ni se acuerde quién soy?

Le dije a G. mientras salíamos del consultorio.

-Si, es medio colgado… pero por otro lado se lo ve muy seguro de lo que hace…

-Si… tendría que empezar a buscar algún otro, para después decidir con quién me quedo… Además ¿qué es eso de ir a darme la vacuna a un hospital público? Eso no me gusta… No tengo nada contra los hospitales, de hecho trabajo en dos… pero me parece que esas dosis están para la gente que no tiene recursos. Si yo pago una prepaga ¡Que me la pague la prepaga!

-Estoy de acuerdo, vos datela donde quieras…

-Si, de última la que decide soy yo, no él…

G. se fue a trabajar, yo me fui a la oficina de la prepaga para autorizar la orden del estudio e iniciar los trámites para anotarme en el “Plan Materno-infantil”. Una vez que terminé todo eso me fui a dar la vacuna a un vacunatorio muy conocido que justo quedaba a unas cuadras de ahí. Ya dije mil veces cuánto odio que me pinchen, pero en esto no había mucha opción, había que darse la maldita vacuna. Por suerte me atendieron rápido y por estar embarazada la vacuna es gratuita así que no tuve que pagar nada. Pocos minutos más tarde me llamó una chica de guardapolvo y me hicieron entrar a un cubículo. Mientras sacaba la vacuna de una heladerita y armaba la jeringa (y yo miraba para otro lado, no soporto ni mirar las agujas) me decía:

-Se te puede inflamar un poco el brazo, pero vos tratá de no tocarte ni masajearte la zona. Como mucho aplicate frío. ¿En que brazo te la doy?

-Si es así mejor en el izquierdo…

-En los próximos dos o tres días podés llegar a levantar algo de fiebre o sentirte un poco mal. Si es así tomate un antiinflamatorio común…

-Como estoy embarazada no puedo tomar nada… así que espero que no, sino me la tengo que bancar…

-Ok. Vos seguí las indicaciones que te dio el obstetra.

Dijo, mientras me aplicaba la vacuna, por suerte con muy buena mano. Casi no la sentí.

Un rato más tarde llegué a casa y me armé de paciencia. Empecé a llamar a todos lados para ver donde me podía hacer el maldito estudio. La chica de la prepaga me había dado una listita con los nombre y teléfonos de los laboratorios que supuestamente lo habían, pero en la mayoría solo hacía una parte del estudio. O el análisis de sangre, o la ecografía. Y yo no tenía ganas de ir a dos lugares distintos para hacer un estudio. Hasta que encontré uno donde hacían el estudio completo. No era el que me había recomendado el obstetra, pero tenían turno para una fecha en que no me resultaba imposible. Y no había mucho tiempo. Así que finalmente saqué el turno. Para dentro de diez días.

-Tenés que venir con 4 hs. De ayuno y tomar medio litro de agua, media hora antes.

-¿Tenés idea si la ecografía se puede grabar? –le pregunté.

-A ver… dejame que te averiguo… -dijo y me dejó en espera un rato –Sí, se puede, pero acordate de avisar en recepción cuando vengas ese día.

-¿Y tiene costo?

-No, es gratuito.

Ya tenía el turno para el estudio. Ahora había que esperar…

2 de julio de 2011

Ciento diez.


19 de Mayo de 2011.

Al fin llegó el día de la segunda visita al Obstetra. Agarramos la ecografía, pasamos de camino a buscar los resultados del análisis de sangre y enfilamos para el consultorio. Llegamos un rato antes para ver si lográbamos zafar un poco de tanta espera. En la visita anterior habíamos prestado atención y llegamos a la conclusión de que el Dr. atendía por orden de llegada. Pero no nos sirvió de mucho: cuando llegamos había por lo menos otras tres o cuatro parejas esperando.

-Tenemos como para una hora, armate de paciencia.

Le dije a G. mientras sacaba un libro de la cartera e intentaba leer. Pero no hubo caso. Con la ansiedad que tenía encima no había manera de concentrarse. Me puse a ojear revistas de embarazadas y de maternidad para ver si decían algo interesante… pero era más de lo mismo. Esperamos, esperamos y esperamos hasta que nos llegó el turno. Pasamos al consultorio, saludamos al Dr. y nos sentamos.

-Es la primera vez que te veo, ¿No?

Preguntó el Dr. G. y yo nos miramos…

-No... vine hace como un mes… acá le traigo los resultados del análisis de sangre y la ecografía…

-Ah… a ver –dijo buscando la ficha.-Ah, si, acá te tengo. Ya debés estar de 11 semanas ¿No?

-Supongo.

-Veamos –dijo mientras ojeaba los estudios. –Sos A +. Acá parece estar todo bien…

-¿Los anticuerpos dieron bien?

-Si, todo bien. ¿A ver la eco? Mmmm… si, está todo bien. Vamos a revisarte.

Dijo y me acompañó hasta el cuartito de atrás. Lo primero fue la maldita balanza. Cada vez le tengo más miedito, con lo que estoy comiendo…

-A ver… casi 61 kg…

-Bueno, subí solo un kilo, pensé que iba a ser peor…

Me tomó la presión, me tocó la panza y mientras hacía todo eso aproveché para preguntarle

-Le hago una pregunta Dr. ¿Hay algún riesgo si mis gatos me caminan por arriba de la panza?

-No creo, ¿cuánto pesan los gatos?

-No más de cuatro kilos, supongo.

-No, no pasa nada. Está todo bien por acá.

Dijo, y volvimos al escritorio.

-¿Escuchaste? –le dije bajito a G.

-Bueno, ahora te vas a tener que dar la vacuna de la gripe. Yo prefiero que te la des en un hospital público, me deja más tranquilo, es más seguro que la medicación es buena.

-Bueno…

Le dije, pero tenía mis dudas. ¿Para qué en un hospital público si yo tengo prepaga? ¿Esas dosis no deberían ser para quienes no la pueden pagar? Pero no iba a discutir con el médico. De última la que decide soy yo.

-Tenemos que hacer los trámites para pasarte al Plan Materno Infantil que te cubre todo. Yo te hago este certificado…

-Quería consultarle sobre la Translucencia Nucal… Leí que se hace en este momento…

-Si, si la querés hacer te hago la orden. Igual es importante que sepas que ese estudio es solo para ver probabilidades, no te da un diagnóstico… Es para decidir si vas a querer o no hacerte una punción… Aunque por tu edad… Tenes 32, ¿No?

-Si…

-Vas a tener 33 cuando nazca… esa es la edad que se toma. Tenés un probabilidad de alrededor de 1 en 800 de tener algún defecto genético. ¿Alguno de los dos tiene antecedentes en la familia?

-No…

-Bueno, este estudio va a decir si tu probabilidad está en la media para tu edad, más alta o más baja. Si lo quieren hacer, te hago la orden. Se tiene que hacer entre la semana 13 y la 15 así que pedí turno lo antes posible…


21 de junio de 2011

Ciento seis.


28 de Abril de 2011.

Finalmente llegó el día. Era hoy. Teníamos por fin el maldito turno para la primer ecografía. No podía estar más ansiosa. Necesitaba verlo con mis propios ojos. Me puse ropa cómoda. Por suerte hacía calor, así que salí de pollera. Como la primer ecografía es transvaginal, ir de pantalones es un embole, no tenía ganas de sacarme la ropa y acostarme semidesnuda frente a un médico desconocido. Mejor la pollera.

Me encontré con G. en la puerta del consultorio, y él parecía estar aún más ansioso que yo. Tocamos el timbre y subimos. Mientras tanto yo seguía luchando con las náuseas.

Me acerqué a la recepción y esperé que me atendieran. Esperé y esperé y esperé, mientras una señora que estaba con dos niñitos (un bebé en cochecito y una nena de unos tres o cuatro años que no paraba de saltar y gritar por todos lados) hablaba y hablaba sin parar con el recepcionista. Para peor hablaba muy fuerte. ¿Porqué será que la gente habla tan fuerte? ¡No me interesa escuchar su conversación señora! Apoyé mis codos en el mostrador y seguí esperando, mientras el calor y las náuseas complotaban contra mí. Puta madre, no podés atenderme de una vez así me siento? Pensé. Pero no. La señora sacó un sanguchito del bolso y se lo dio a la criaturita que revolvía las revistas y hablaba con todo el mundo mientras el recepcionista hablaba con su compañera en el cuartito de atrás. Y yo esperaba. Me sentía invisible.

Finalmente me atendieron. Me pidieron mis datos, me hicieron firmar una planilla y me preguntaron

-¿Vas a querer que te la graben? Cuesta cuarenta pesos.

Lo miré a G. tratando de adivinar qué pensaba. Pero estoy de 8 semanas, debe ser un porotito…

-No, gracias –dije- es la primera ecografía, no creo que se vea mucho todavía…

Y me fui a sentar. ¿Cuarenta pesos por grabarla? ¿No es mucho? Pensaba. Después de un rato más de soportar las náuseas sentadita nos hicieron pasar. Me saqué la ropa interior y me acosté en la camilla mientras el doctor me hacía preguntas.

-¿Cuándo fue tu última menstruación? -preguntó

-El 28 de Febrero.

-Bueno, vamos a ver… -Dijo, mientras enfundaba su aparato en un preservativo.

Poco después apareció un porotito blanco en la pantalla. Increíble.

-¿Eso es la cabecita?

Pregunté sorprendida mientra señalaba la pantalla. Se veía claramente una cabecita, bracitos y piernitas. Hasta se movía.

-Si, mirá como se mueve –contestó el Dr.

Miré nuevamente la pantalla tratando de no desnucarme. Por algún motivo te hacen acostar de espaldas a la pantalla. Podrían ponerla del otro lado, pero supongo que todo está pensado para comodidad del medico, no de la paciente.

-Ahora vamos a escuchar el corazoncito.

Dijo, mientras encendía el volumen y se escuchaban los latidos resonando en la habitación oscura. Miré a G. y aunque no lo vi bien imaginé que una lagrimita se le escapaba. Era impresionante.

-Bueno, parece estar todo bien. Por las medidas parece de 9 semanas. Andá a vestirte.


31 de mayo de 2011

Noventa y ocho.


14 de Abril de 2011.
Suena el teléfono. Atiendo.

-Hola ¿amor?

-¡Hola! ¿Cómo va?

-Bien. Me acaba de llamar mi Hermana para decirme que viene mi Hermano a Buenos Aires y quieren que cenemos juntos. ¿Te parece que vengan a casa hoy?

-Si, no hay drama… pero… ¿Les vas a contar algo?

-No, dijimos que hasta los tres meses no…

-Mmmm… espero poder aguantarme… sabes que me cuesta ocultar las cosas, se me nota en la cara…

-Bueno, vos poné cara de póker…

-Ok. Lo voy a intentar…

Corto y me pongo a preparar la cena. Algo fácil, no tengo ganas de cocinar. Preparo comida mexicana. Guacamole y unas fajitas pollo. Llega Mi Cuñada. Nos sentamos a la mesa mientras esperamos que llegue Mi cuñado.

-Traje una cerveza –dice Mi Cuñada- ¿Querés?

-No, gracias. Estoy tomando agua.

Le contesto y me mira raro. Siempre tomo una cerveza con ella. No digo nada. Llega Mi Cuñado y mientras intento controlar mis náuseas sirvo la comida. Cenamos. Charlamos. Mi Cuñada cuenta…

-El otro día con las chicas del trabajo fuimos a una bruja…

-¡Qué divertido! ¿Qué te dijo? –le pregunto.

-Habló sobre cuestiones de salud de la familia, me dijo que al amor de mi vida ya lo conocía y que iba a volver con él…

-No, ¡otra vez no!

-Si… y además dijo que para fin de este año ¡¡se agranda la familia!!!

Dice y lo mira a Mi Cuñado… Yo hago silencio y practico mi mejor cara de póker.

-A mí no me mires, yo tengo dos y ya cerramos la fábrica!

Contesta mi cuñado.

-Por acá sin novedades.

Dice G. Yo hago silencio. Seguimos cenando como si nada hubiera pasado…