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5 de febrero de 2011

Cincuenta y seis.


Lo pienso dos veces. Pero ya había empezado la frase. Tal vez sea el mejor momento para terminarla.

-El otro día, el día de la madre… le conté que G. y yo no nos estamos cuidando…

-¿En serio? ¿Vamos a ser tías? –Pregunta La Menor.

-Cuando se de… Por ahora nada.

-¡Qué lindo! ¡Sobrinitos!

Dice La Del Medio y me abraza, mientras La Menor da saltitos y aplaude como si fuera una nena.

-Bueno, pero no me vuelvan loca que ya estoy bastante ansiosa, ok? La cosa es que cuando se lo conté a mamá lo primero que dijo fue ¿Y no se van a casar antes?...

-Jajaja… dejala, está re loca últimamente…

-No se de dónde saca esas ideas. ¿Casamiento, yo?

Justo llega Mi Cuñada. Voy a abrir la puerta, la saludo y viene con un regalito en la mano y esa cara de haber hecho una travesura. Abro la bolsita y me encuentro con un par de escarpines. Se caga de risa.

-Jajajaja… ¡Nosotras te íbamos a comprar lo mismo! -dicen Mis Hermanas.

La acompaño al balcón a fumarse un pucho y le digo

-Te voy a contar algo, pero no hagas escándalo…

- …

3 de febrero de 2011

Cincuenta y cinco.

30 de Octubre de 2010.

Hoy es mi cumpleaños número 32. Ya soy oficialmente una “Madre Añosa”… Kaplan y la reputamadre… (¿Porqué será que la mayoría de los insultos hacen referencia a la maternidad y al parto? Perdonen, me fui por las ramas). Volviendo al tema. Es sábado y es mi cumpleaños. Nunca me gustó mucho organizar festejos para mis cumpleaños. Todos los años amenazo. ¡Este año no hago nada! ¡Que se maten todos! Pero después lo empiezo a pensar… Todo el mundo quiere que lo festeje, y un poco yo también, asi que me empiezan a dar ganitas. Y empiezo a planear algo. Pero lo odio. Odio organizar todo. Odio sentir que no va a venir nadie, que vamos a ser tres y va a ser un embole. Me pone re ansiosa. En fin. Organizo una merienda con amigas (el presupuesto no daba para cena) y después una cena con la familia. Todo en la casa de mi vieja que es más grande y luminosa que mi departamento. Se me ocurre invitar a Mi Cuñada a merendar con mis amigas, y a Mi Suegra la invito a cenar, así mi vieja se deja de romper la paciencia con hacer esa maldita reunión. Y de paso tengo una excusa. Mi suegra todavía no sabe nada ¿Con qué pretexto la iba a invitar sino? Empiezo a preparar todo. Café, te, gaseosas. Compro medialunas y un par de budines, panes y fiambres para hacer sanguchitos, hago galletitas de avena caseras, amasamos pizzas para la cena. Todo listo. Todo menos la torta y las velitas. ¿Da soplar las velitas a los 32? Para mí que no, así que me hago la boluda y me “olvido”.
Empiezan a llegar las amigas, entre ellas un par que leen este blog.

-Ojo con lo que dicen que viene mi cuñada que no sabe nada… y en un rato capaz que caen mis hermanas.

Les digo y se cagan de la risa. Siguen llegando y me sorprendo, vinieron casi todas mis amigas, incluso alguna que no veía hace miles de años. Llegan mis hermanas. Las saludo en la cocina mientras vuelvo a llenar una bandeja y escucho que vienen hablando de Mi Madre…

-Qué pesada que está… me está quemando la cabeza...

Dice la del medio.

-¿A vos también? ¿Qué le pasa?

Dice la menor.

-Si, a mi también –digo casi sin pensar- El otro día empezó a romper preguntando si me pienso casar…

-¿Qué? ¿Casarte? ¿Cuándo te preguntó eso?

-Ehhh....El otro día cuando le conté que… -digo, y me doy cuenta que estoy a punto de contar justo lo que no quería contar.

29 de enero de 2011

Cincuenta y tres.



-Es que yo no creo en el matrimonio –le contesto.

-No se trata de creer. Yo no te estoy hablando de una ceremonia religiosa. Te estoy hablando de pasar por el registro civil. De dejar asentado el vínculo. Así como uno inscribe las muertes y los nacimientos. De hacerlo legal.

No sé que contestar. La verdad es que me sorprendió. Lo último que me esperaba era esto. Y encima G. me mira fijo, como esperando mi respuesta.

-No sé. Sigo sin entender para qué sirve el matrimonio. No me gusta como institución.

-Bueno, pero si te da igual… podrías hacerlo ¿No?

-Eh…

-No digo un fiestón pero… al menos una reunioncita… Bueno, vos ya te casaste y por ahí no fue una buena experiencia, -le dice a G.- pero…

-Él quiere. Soy yo la que no quiere…

G. se acerca y me dice al oído –vos sabés que cuando vos quieras…
Silencio. Mi Madre se queda pensando.

-¡Voy a tener nietitos!

Dice y pega un saltito. Está contenta como nene con chiche nuevo.

-¿Destapo un Champagne?

Pregunta. Siempre tiene uno a mano.

-No, no… Mirá que no se lo quiero contar a Mis Hermanas todavía… La Más Chica viene rompiendo la paciencia hace un año con que quiere sobrinitos y no quiero que me ponga nerviosa, ya tengo bastante con mi ansiedad…

Suena el timbre. Entra Mi Hermana La Más Chica. Cae el telón. O todavía no…

27 de enero de 2011

Cincuenta y dos.


Respiro hondo. Me imagino que va a salir con las preguntas que no quiero escuchar. Si estamos seguros, que nos conocemos hace poco, que cómo nos la vamos a arreglar, y blabla… o tal vez no. Sigue.

-Tal vez sea una pregunta boluda, o tal vez sea que estoy grande o soy de otra generación… pero…

-Si ya me imagino lo que vas a preguntar, pero… -dice G. Lo interrumpo.

-Dale, preguntá. –digo yo.

-¿No se van a CASAR antes???

Me quedé muda. Esa sí que no me la veía venir. ¿Casamiento? ¿Y eso con qué se come?

-¿Me estás hablando en serio? –pregunto.

-¡Claro!

-¡Pero Mamá! ¡Si fuiste vos la que me enseñaste bien clarito cuando yo tenía tres añitos que para tener hijitos no hacía falta casarse!!!

Resulta que cuando yo tenía un poco menos de tres añitos Mi Madre estaba con panza esperando a Mi Mermanita, La Del Medio. Y parece que yo un día le pregunté

–Mamá, ¿te casaste de nuevo con Papá que voy a tener un hermanito?

Entonces Mi Madre se tomó la molestia de explicarme que una cosa era casarse, y otra cosa era tener hijitos. Que para tener hijitos no hacía falta casarse, que venía el papá con la semillita y la ponía adentro de la mamá y de esa semillita iba creciendo un bebé adentro de la pancita de la mamá. Y entonces yo al día siguiente, en el jardín, le dije a la maestra

-Seño ¿Sabés que para tener hijitos no hace falta casarse?

Y por supuesto (imaginense que era en el año 81, con la represión y la censura) la seño horrorizada y preocupada la llamó a Mi Madre para contarle lo que yo había dicho. Horror.