Primero de Abril de 2011.
No me pregunten qué cenamos esa noche, ni quien cocinó, ni cómo hicimos para dormirnos, porque simplemente no lo recuerdo. Esa noche es una gran nebulosa. Solo recuerdo que seguimos hablando y hablando del tema. Pensando y dándole vueltas al asunto. Pero ya estaba hecho. Mi cuerpo ya lo había decidido por los dos. G. estaba feliz. Yo tenía mis dudas. O no terminaba de creérmelo. Todavía quedaba un test de embarazo en mi cajón.
-¿Y si volvemos a hacerlo?
Le pregunté. Aunque sabía que no habían falsos positivos, todavía quería creer que podía ser un error.
-¿Para qué?
-Y, no sé… Por las dudas.
-Es medio al pedo, si sabés que no hay falsos positivos.
-Pero por la dudas. Tal vez el sábado lo vuelvo a intentar.
A ver si me convenzo de que es verdad –me hubiera faltado decir –a ver si me la creo de una vez. Pero no hizo falta. Al día siguiente me levanté con náuseas. Tenía un día largo por delante. A la mañana a la facultad, después toda la tarde a trabajar en el conurbano. Y me levanté agotada. Me sentía pesada, hinchada como un sapo y con el estómago revuelto a más no poder. Desayuné como pude y salí. No puede ser que ya tenga náuseas. Me acabo de enterar –me decía – debe ser pura sugestión.
Pero el día siguió y las náuseas seguían insistiendo. Tanto que tuve miedo de almorzar. No quería vomitar en el camino. Pero el hambre no ayudaba. Comí algo livianito de camino y seguí mi día. La cabeza me daba vueltas, no podía dejar de pensar en lo que estaba pasando. Tendría que llamar a Mi Ginecóloga para pedir un turno urgente. O al menos para que me haga las órdenes para los estudios. Y voy a tener que buscar un Obstetra urgente. Pero no tenía ni un minuto. Llegué al consultorio como pude, y atendí un paciente tras otro, hasta que se hizo la hora de volver. Ya era casi de noche y me faltaba todavía un largo viaje en tren y subte. Nada mejor para las náuseas.
Me subí al tren y me senté, en uno de esos asientos que están enfrentados a los otros. Por suerte a esa hora el tren que va a capital está casi vacío, porque viajar parada hubiera sido una tortura. Arrancó y una o dos estaciones más adelante empezó a sacudirse. Para un lado y para el otro. Paraunladoyparaelotro. Puta madre. El mundo se me movía. Apoye mi mano contra la pared para tratar de mantenerme quieta. O de no sacudirme más que el mismo tren. Me mareaba. La chica que estaba sentada enfrente mío, unos asientos más atrás me miraba raro. Una estación más adelante se levantó para bajar, y cuando pasó por delante de mí me preguntó:
-¿Te sentís bien?
-Si, estoy un poco mareada nomás. Gracias.
Puta madre, pensé. Tan blanca debo estar, ¿Tanto se me nota?