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31 de enero de 2012

Ciento cincuenta y tres.


Primeros días de Octubre de 2011.

Y con esa hermosa sensación empezamos el curso de pre-parto. Nuestra primera “clase” era en realidad la tercera. A., la partera, me había dicho que no importaba el orden de las clases, que eran cinco clases, tres solo para mujeres y dos para las parejas (la tercera y la quinta). 

Unos minutos más tarde, después de un incómodo silencio en el que G. y yo nos dedicamos a mirar el enorme reloj de pared y nuestros los pies descalzos empezaron a llegar las otras parejas. Una vez que todos estuvimos cómodamente sentados en el piso, la partera empezó a hablar. 

Y habló, y habló y habló.

La idea era explicarnos cómo reconocer el inicio del trabajo de parto. Según ella nos explicaba, hay dos maneras en que se puede desencadenar el parto. Con contracciones o con la rotura de bolsa.

Primero empezó con las contracciones, explicándonos que hay dos tipos de contracciones, las primeras que pueden empezar unos meses antes del parto, aparecen cuando una camina o hace un esfuerzo. Se siente un ligero dolor, y la panza se pone dura en algunos sectores pero ceden rápidamente y no se repiten. No son contracciones de parto y no tienen demasiada importancia. Las segundas o contracciones de parto son generalizadas (la panza se pone dura en todos lados por igual) y se repiten con un ritmo determinado. Por lo general empiezan cada veinte minutos y son suaves, con una duración de pocos segundos. En el plazo de una hora y media aproximadamente pueden empezar a aparecer cada diez minutos, con una mayor intensidad y duración. Después son cada cinco minutos, y en ese momento ya estamos más cerca el parto. Pero en cualquier momento pueden detenerse o podría ser un “falso trabajo de parto” así que para no hincharle las pelotas a la partera con nuestra ansiedad de primerizas (no fue eso lo que dijo, pero casi que sonó así) lo ideal sería tomarnos un antiespasmódico y meternos en la ducha a ver si nos relajamos y se nos pasa. Si al rato no se nos pasa… ¡A correr a la clínica! Para ese momento ya tendríamos que tener el bolsito armado (¿Qué bolsito? Yo no armé nada!) 

El relato de la partera siguió contando todos los pormenores de lo que nos pasaría cuando llegáramos a la clínica. Palpajes, monitoreos, suero y oxitocina. Luego dilatación, peridural, pujos y episiotomía. Todo con lujo de detalles escatológicos y casi cronometrado. Como si todo estuviera planificado de antemano. Como si todas fueramos iguales y todos los partos idénticos. En ese momento, tuve una sensación de lo más extraña. Me costaba entender que estaba hablando de algo que iba a sucederme a mí en un muy corto plazo. La escuchaba y lo que me llegaba era un relato mecánico, cronometrado y muy medicalizado. No era así como yo imaginaba mi parto. Bah, en realidad no se si lo imaginaba de alguna manera. Simplemente lo sentía como un proceso natural, y no me imaginaba tanta intervención de los médicos, salvo que fuera estrictamente necesario. No me gustaba la idea de verme casi atada a la cama, medicada y atontada, sin poder decidir nada. Simplemente no era lo que quería. Pero no dije nada y seguí escuchando. De vez en cuando lo miraba a G. que parecía estar tan incómodo como yo. Se lo veía entre preocupado y tremendamente aburrido, y miraba el reloj de pared con insistencia pero los minutos no pasaban.

La partera siguió hablando y hablando, contándonos del tapón mucoso, de la rotura de la bolsa, de los colores y olores (puaj!) del líquido amniótico, de los dolores, de lo normal que era que vomitáramos o nos cagaramos en la sala de partos (Por dios! ¿Hacía falta?) De cómo el bebé podía soltar el meconio dentro de la panza, de las pérdidas posteriores al parto y nosecuántosmás detalles escatológicos. 

Cuando finalmente terminó la hora y media de tortura preparto salimos a la calle y respiramos aliviados. Mientras viajábamos camino a casa no podía dejar de pensar…

       –Por dios! ¿Esta estúpida va a ser mi partera?

30 de agosto de 2011

Ciento treinta.


22 de Julio de 2011.

Fue un fin de semana largo y aburrido. Nada más embolante que hacer reposo. Lo único que cambiaba un poco mi día era darme una ducha y volver a meterme en la cama, tomar un tecito o una sopita. Pobre G. estaba de enfermero. No paraba de cuidarme.

En algún momento de ese fin de semana empecé a sentir algo raro… que no tenía nada que ver con la gripe. Era una sensación rara en la parte baja de la panza. Como una burbujita que se movía de un lado al otro. Primero pensé que eran gases… pero no.

No lo podía creer. Se estaba moviendo. Lo llamé a G.

-Vení… Poné la mano acá.

Le dije, y esperamos un rato. Hasta que volvió a moverse.

-¿Sentiste eso?

-¿No fuiste vos?

Preguntó mientras me miraba, emocionado.

-No, me parece que se está moviendo… ¿Lo sentís?

-Si, no lo puedo creer.

Era algo realmente increíble. Se estaba moviendo. La panza estaba cada vez más grandota y ahora se estaba moviendo. Realmente inexplicable. La sensación era muy extraña, imposible describirla. Era como si alguien me tocara por dentro. Me hacía rosquillitas. A veces suavecito como un mimo, otras veces más fuerte como una patadita. Estaba como embobada. No podía prestar atención a otra cosa.

Al día siguiente me despertaron a las patadas. Parece que el mañosit@ se despertó antes que yo y no paraba de moverse. Todavía me sentía horrible, pero me desperté con una sonrisa de oreja a oreja y me quedé en la cama con las manos en la panza como una tarada.

29 de agosto de 2011

Ciento veintinueve.


21 de Julio de 2011.

Para cuando llegó G. yo era un desastre. Una montaña de papelitos con mocos inundaba la cama y mi mesa de luz, mi nariz estaba colorada como la de un payaso y no paraba de estornudar y toser a cada rato.

-¿Me acompañas a la guardia?

Le dije, como pude. G. me miró y me dijo

-Así no podés ir a ningún lado. Dejame que te hago un tecito y llamo a un médico a domicilio.

-¿Te parece? Pero está acá cerca, nos tomamos un taxi…

-No, mejor quedate en la camita. Ya llamo.

Un par de horas más tarde llegó la Dra. Ya era de noche y yo seguía en la cama y afiebrada. De a ratos me moría de frío, de a ratos me moría de calor.
Me revisó, y confirmó lo obvio.

-Estas engripada.
-¿Se puede tomar algo?

-¿De cuántas semanas estás?

-20.

-Podés tomar Paracetamol. Tomate 2 cada 8 hs. Para que te baje la fiebre. Placas no tenés así que no necesitás antibióticos. Tomá mucho líquido y hacé reposo. Y por las dudas repetimos el análisis de orina para descartar una infección urinaria.

G. bajó a abrirle a la médica, pasó por la farmacia y cuando volvió se puso a hacerme una sopita. Yo no podía ni levantarme de la cama. Cancelé todos mis pacientes del viernes y me dediqué a hacer reposo.

Con lo que me gusta el reposo. Pero la verdad es que no tenía energías para mucho más.

27 de agosto de 2011

Ciento veintiocho.


21 de Julio de 2011.

Para el día siguiente las cosas se pusieron aún más feas. Levantarme a la mañana para ir al hospital me costó el triple que de costumbre (que ya es decir mucho, porque si hay algo que odio es levantarme antes que salga el sol, debería estar prohibido por ley). Me la pasé tosiendo toda la mañana y la garganta y el oído estaban totalmente congestionados. Por suerte era jueves y tenía la tarde libre para quedarme en la camita y tratar de recuperarme, que al día siguiente tenía un largo día de trabajo.

Pero en cuanto llegué a casa me encontré con una hermosa sorpresita. Estaban demoliendo el edificio de la esquina de enfrente, justo del lado para el que daba mi ventana. El ruido era insoportable, y constante. ¿Vieron como cuando están rompiendo el pavimento con esos aparatos enormes? Bueno, ese mismo, hermoso sonido, justo en mi ventana. La puta madre. Hay días que creo que el mundo conspira contra mí.

No podía quedarme en la cama así. Miré por la ventana y había un solcito hermoso. Hacía frío, mucho, pero al menos al sol tenía que estar tolerable.
Hablé con una amiga y arreglamos para encontrarnos a almorzar en un barcito por ahí. Salí bien abrigada y caminé al solcito, despacito, despacito, alejándome del ruido insoportable.

Debería ir a la guardia –pensaba- pero no tenía nada de ganas. Menos que menos de ir sola, con lo mal que me sentía. Mejor espero a que venga G. del trabajo y me acompañe.

Me encontré con mi amiga, que hace rato que no veía y almorzamos, charlamos, nos pusimos al día. Pero cada vez me sentía peor. Tenía frío todo el tiempo, y de golpe calor. ¿Me estaría subiendo la fiebre? Me tomé un Paracetamol (la única droga aprobada por los Obstetras) y seguimos charlando un rato más.

Para cuando llegué a casa me sentía tan mal que el ruido había pasado a ser totalmente secundario. Busqué el termómetro y me metí en la cama.

Puta madre.

Tenía 38ºC.

¿Y ahora?

25 de agosto de 2011

Ciento veintisiete.


19 de Julio de 2011.

Hablé con G. para tratar de decidir que hacíamos con el turno. G. como siempre, intentó tranquilizarme, sin mucho éxito. Estas cosas me enferman, y me enfermaron siempre. Tratamos de decidir entre los dos qué hacer. Por un lado era cierto que no habían recomendado tanto al Dr. M. Por el otro lado también era cierto que había pasado un buen rato de la última ecografía y los dos nos moríamos de la ansiedad. No teníamos ganas de esperar tanto. Decidimos no esperar. Que se mate el Dr. M. Al fin y al cabo yo no lo conozco, y al Dr. que me lo recomienda tampoco le tengo tanta confianza.

Llamé a la Clínica para ver si ellos tenían un turno para la semana siguiente. Al fin y al cabo si lo íbamos a hacer con otro Dr. al menos la Clínica me quedaba mas cerca de casa. Pero ellos no tenían turno para esta semana sino para fines de la otra.

Volví a llamar al consultorio del Dr. M.
En cuanto pude comunicarme, hablé con la secretaria y le pedí que me confirme el turno con la otra Dra., para el próximo miércoles. Problema resuelto (al menos por ahora).

Un rato más tarde salí a tomarme el tren para ir a trabajar. Fue una jornada larga, y cuando volvía a casa empecé a sentirme un poco incómoda. Me picaba un poco la garganta y sentía un oído medio tapado. Debe ser el cansancio. Pensé. Y me fui a dormir.

Pero al día siguiente me desperté bien tempranito, para ir al hospital y las cosas no mejoraban. Me dolía todo el cuerpo, el oído seguía cada vez más tapado y empezó la tos. Tos y más tos.

Puta madre. Me estoy engripando.

Y encima seguro que no puedo tomar nada.

18 de agosto de 2011

Ciento veinticinco.

19 de Julio de 2011.

Nos levantamos tempranito, buscamos todos los estudios y nos fuimos para Clínica T., donde atiende la Dra. K. Nos anunciamos con la secretaria y nos sentamos a esperar.

Cinco minutos más tarde sale la Dra. K. de su consultorio y me saluda en el pasillo.

-¡Hola M.! ¿Cómo estás tanto tiempo? En un ratito ya los atiendo.

Yo no podía creer que todavía se acordara de mi cara. Debía hacer por lo menos 3 años que no la veía.

Esperamos un ratito más y nos llamó. Increíble. Ya estábamos acostumbrados a esperar a Dr. S. casi una hora. Entramos y nos sentamos. Me pidió algunos datos que anotó en su fichita. Nos preguntó acerca del embarazo y nuestros antecedentes y hasta tuvo el detalle de preguntarle el nombre a G. Le mostré los estudios que habíamos hecho hasta ese momento, los miró y comentó que le parecía que estaba todo bien.

-Sacate las botas que te peso.

Dijo, y temblé. Últimamente a nada le tengo más miedito que a la balanza. De dieta ni hablar, no hice dieta antes, no la voy a hacer ahora. Y la verdad es que tengo hambre a cada rato… Por suerte cuando me siento a comer no como tanta cantidad como antes, se ve que el mañosit@ me apreta el estómago y tengo menos lugar…

-Mmmm… a ver?… Pesas 63.900 ¿Cuánto pesabas en la primer consulta?

-Y, pesaba casi 60, 59.900 creo…

-Ok, subiste 4 kilos en 4 meses. No está mal…

Respiré. Por ahora zafamos. Ya veremos el mes próximo. Me tomó la presión, me midió la panza, escuchamos los latidos del bebé una vez más, y volvimos a sentarnos frente al escritorio.

-Por ahora todo parece estar bien. ¿Tienen alguna pregunta?

Preguntas tenía millones. Pero por dónde empezar. Le señalé el estudio

-¿Ésto que aparece en la translucencia es normal? Acá donde dice: “Foco ecogénico cardíaco”

-A ver… mirá, por lo general no pasa nada, pero igual estaría bueno hacer un ecocardiograma…

-Si, eso nos dijo el Dr. S. Ya tengo turno con la Dra. D. dentro de 15 días.

-Pero… en 15 días vas a estar en la semana 20 y la verdad es que el corazón se ve mucho mejor en la semana 24. Acá hay una cardióloga muy buena, te convendría cambiar el turno…

Preguntamos un par de cosas más. Entre ellas le conté del análisis de orina y de los dolores que venía teniendo, sumado a las constantes ganas de hacer pis.

-Que hagas pis más seguido es normal. Pensá que el bebé te presiona un poco la vejiga, si los estudios dieron bien nos quedamos tranquilos.

-Ok, y respecto al dolor… ¿Cómo saber hasta dónde es normal y cuándo tengo que preocuparme?

-Vos fijate, si te duele mucho te tomás un Sertal, o una Buscapina. Si te sigue doliendo mucho vas a la guardia. Yo igual te voy a anotar mi celular, por cualquier cosa. Si hay algo que no pueda esperar a la próxima visita, me llamás. ¿Estás tomando alguna vitamina?

-No, nada…

-Bueno, te voy a recetar un complejo vitamínico para el embarazo.

-Por lo general las vitaminas me caen medio mal… Me dan náuseas.

-Vos probá, si las podés tomar, mejor. Sino vemos. Te agrego una crema en la receta. ¿Te estás poniendo cremas?

-Si, en la panza.

-Bueno, ponete, tenemos que cuidar esa piel que se va a estirar mucho. ¿Ya tienen la orden para el Scan Fetal y el Ecocardiograma, no?

-Si.

-Bueno, yo los veo en 4 semanas. Guardate los estudios en una carpeta así no se te pierden y vayan anotando en un cuadernito todas las preguntas que les surjan así las vemos la próxima.

Nos saludamos y nos fuimos. Y al salir respiré aliviada.

Muy aliviada.



9 de julio de 2011

Ciento doce.


Fines de Mayo de 2011.

Esa noche me costó dormir. No podía dejar de pensar en el estudio que teníamos que hacer y en todas las cosas que podían salir mal. ¿Y si había algún problema? ¿Y si algo no salía perfecto? ¿Me iba a animar a hacerme una punción? El solo pensar en la aguja gigante pinchandome la panza me mataba del susto. Y además no me dejaba demasiado tranquila pensar que esa agujota atravesara mi útero y pasara por… Ay, ay ay… mejor ni pensar. ¿Y si daba mal? ¿Iba a tener el coraje de…? ¡Que difícil decisión!

Bueno, pero ¡ya basta de pensar! ¿Porqué algo tendría que salir mal? ¡Si hasta ahora estaba todo perfecto! No tuve ni una pérdida, ni siquiera una manchita rosada, nada… Nada más allá de las náuseas, las malditas náuseas a las que ya empezaba a acostumbrarme. Y cada vez eran menos seguido, al principio todos los días, después de un tiempo ya aparecían menos. Pero seguían ahí. Había leído que se pasaban después de los tres meses. Y ya faltaba tan poquito… Por suerte todavía no había vomitado ni una vez. Varias veces había estado cerca, muy cerca. Pero me acostaba, comía algo salado y respiraba bien hondo un rato… y se me pasaba. Lo peor de todo era que en los últimos días me había empezado a volver esa contractura del cuello… esa que me acompaña desde que tengo memoria. –Tenés las cervicales rectificadas- me había dicho alguna vez algún Traumatólogo como toda respuesta. Y estaba acostumbrada a una linda tortícolis una o dos veces por año, que solo se iba tras varios días de calor, Ibuprofeno o Diclofenac. En los últimos años había descubierto la droga perfecta: Diclofenac+Pridinol*. Una antiinflamatorio combinado con un miorrelajante que hacía que todo doliera mucho menos. O al menos que el dolor me chupara un huevo. Pero ¡Ay! Ahora no podía tomar nada eso. ¡Nada! Solo Paracetamol. Maldito Paracetamol. Menos efectivo que un caramelo de menta en ayunas… A G. ya lo estaba volviendo loco de tanto pedirle masajes, y en esos días las cosas empezaron a empeorar. El cuello estaba cada vez más duro y ya no podía ni mirar para la derecha. Menos que menos acercar la oreja al hombro… Todo era dolor, dolor y dolor.

-¿Te transmito Johrei?

Me preguntó G.

-Pero… ¿Eso no me va a hacer vomitar?

Le pregunté desconfiada.

-No…

-¿Estás seguro?

-Si, dale, vení…

Dijo, mientras me sacaba el camisón y ponía su mano sobre mi espalda. Concentradísimo. Yo me quedé quietita como siempre que lo hace. Al principio no le creía mucho, pero después de un tiempo empecé a ver que si funcionaba… y el año pasado me había curado una sinusitis sin tomar antibióticos, así que ahora cuando me lo ofrece, lo dejo hacer. No es que tuviera mucha otra opción igualmente. En este caso la medicina occidental no tenía nada para darme. Me relajé…

Al día siguiente me levante y podía mover el cuello. Todavía dolía pero ya no era insoportable. Me levanté para hacer el desayuno y mientras estaba en la cocina preparando el café mi estómago empezó a revelarse contra mí. Parecía que quería salirse de su lugar. Fui corriendo a la cama y me acosté como siempre. Respiré hondo una vez, dos veces…

… y a la tercera tuve que salir corriendo al baño y abrazarme al inodoro.

Había perdido el invicto.

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*No es mi intención hacer apología de la droga, solo relatar mi experiencia ;)

30 de junio de 2011

Ciento nueve.

Mayo de 2011.

Debo confesar que en las semanas que siguieron al resultado positivo me volví un ser absolutamente escatológico. Si alguien es impresionable les recomendaría que dejen de leer en este preciso momento. Pero saben que yo no tengo pelos en la lengua y me gusta contar las cosas como son. Si señores. El embarazo no es un período idílico en el que todo es maravilloso. O sí lo es, pero no solo eso. También tiene un lado oscuro.

Para empezar las náuseas estuvieron presentes hasta casi el último día del tercer mes, y aún ahora de vez en cuando reaparecen. Pero además de las náuseas está la acidez. La vida ya no es como antes. Ya no puedo comer lo que quiero, cuando quiero. Tengo que comer algo a cada rato para evitar las náuseas, y las comidas demasiado grasosas, o picantes, o el café fuerte están casi prohibidos. Una noche terminé tarde de trabajar con mucha hambre y sin ganas de cocinar. Le propuse a G. pasar por la parrillita de la otra cuadra, esa que tiene mesitas en la calle, a comer un choripan. No sé porqué me tentaba, nunca fui fanática del choripan, pero era algo rápido y tenía un hambre de esas en las que hay que comer algo ya. Grave error. Esa noche casi no pude dormir. Me daba vueltas en la cama, me faltaba el aire y tenía una acidez insoportable. Y cuando finalmente logré dormirme soñé que me sentaba ante un gigantesco plato de ravioles. Por suerte el obstetra me permitió tomar antiácidos, pero la verdad es que no ayudan demasiado ¡y eso que nunca en mi vida tuve acidez! Ahora hay que prestar suma atención a todo lo que entra en nuestro cuerpo. ¡Y a lo que sale! Los gases son una constante, así que cuando no me estoy tirando pedos, estoy eructando, y hasta a veces las dos cosas al mismo tiempo. ¡Si, si, qué lindo! ¿No? No sé como G. me soporta, pobrecito. Aunque… bueno, al fin él tiene cierta responsabilidad en el asunto. Por suerte no me constipé, como dicen que le pasa a la mayoría de las embarazadas en el primer trimestre. ¡Menos mal! ¡Solo eso me faltaba! No tolero la ropa ajustada, los corpiños me apretan y me empieza a faltar un poco el aire, de a ratos. Subir una escalera se ha vuelto una meta casi imposible y tengo que hacer varias paradas en el medio. Además de todo esto tengo sueño casi todo el tiempo, y apenas tengo un rato para descansar, menos que menos para dormirme una siestita! Y como si esto fuera poco me hago pis. Todo el tiempo. A cada rato. Andá a explicarle a mi cuerpo que cuando estoy en la estación constitución esperando el tren no hay manera de ir al baño. Hay que aguantarse. ¡Y olvidate de volver a dormir una noche de corrido! Me levanto una, dos y hasta tres veces por noche a hacer pis. Nunca en mi vida me había pasado (bueno, salvo alguna vez que me fui a dormir tras una intoxicación severa con alcohol…) Y por supuesto, no se puede tomar alcohol, ni fumar sustancias ilícitas. No es que lo hiciera muy a menudo, pero de vez en cuando con G. nos hacíamos unos brownies de esos “especiales” y nos moríamos de risa una tarde completa. No más. Prohibido. Y ni sueñes con tomar alguna medicación. Si te duele la cabeza: Paracetamol. ¡Paracetamol! Si eso es como tomarse un vaso de agua en ayunas. No hace absolutamente nada. Si tenés una contractura en el cuello de esas como las que suelo tener yo, jodete! Bancatela, olvidate de tomar Ibuprofeno, menos que menos Diclofenac. A lo sumo una ducha calentita, unos masajes y a la cama.

Todo sea por el mañosito….

7 de abril de 2011

Setenta y seis.

26 de Febrero de 2011

Junté la orina, hice el test… y esperé. Y el resultado como siempre fue negativo. En realidad no me sorprendió demasiado, aunque algunas ilusiones uno siempre se hace. Me puse un tampón, una malla y volvimos a la playa. El día estaba hermoso así que me clavé un ibuprofeno y nos fuimos a disfrutar del mar. Un rato más tarde llamé a mi amiga La Morocha, que había quedado en pasar un rato por casa para ver como estaban mis gatos. Hacía más de una semana que no los veíamos y estaba un poco preocupada, aunque sabía que alguien iba a pasar a darles de comer todos los días.

-Hola Morocha! ¿Cómo estás?

-Hola! Todo bien, estoy con mi mamá y mi tía yendo a las termas… ¿Vos?

-Todo bien, acá en la playita, el día está divino… ¿Pasaste el otro día a ver a mis bebés?

-Si, fui un rato, estaban re mimosos. ¡Te mandé unas fotos!

-Si, me llegó una… ¿Vos podrás pasar un ratito el domingo?

-No sé si llego, sino paso el lunes un rato… ¡Ah! ¡No sabés quién me llamó la semana pasada!

-¿Quién?

-La Colorada, viste que estaba re borrada, hace mil que no la vemos…

-Si, a mi me mandó un mensaje para vernos ahora que lo decís… ¿Qué cuenta?

-Me terminó contando por teléfono ...que está embarazada…

-¿Quéeee????

-Si... dice que está contenta.

-¡No te lo puedo creer! ¡No sabía que estaba buscando! Si hace poco que está con ese flaco…

-Si, yo tampoco lo puedo creer…

-Bueno, Morocha, cuando vuelvo te llamo y arreglamos para encontrarnos las tres.

Le dije, y corté. La noticia me cayó como una trompada en la boca del estómago. Literalmente me dejó sin aire. Justo en el mismo día que me hice un test y me dio negativo. Me sentí una hijademilputas, pero la verdad es que me cayó mal. La Colo y La Morocha fueron las primeras dos amigas a las que les conté que estabamos buscando. Y hacía ¿Cuánto? Siete, ocho meses, nueve como mucho, que ella estaba saliendo con este flaco. Ni lo conocíamos pero algo nos olía mal. ¿Cómo pudo quedar embarazada tan rápido? ¿Y porqué a mi me costaba tanto? En ese momento estaba tan rayada que me parecía que me lo había hecho a propósito. Pero era obvio que no podía ser así. Me daba bronca y me sentía una mierda al mismo tiempo. Caminé con G. hasta la orilla del mar tratando de recuperar el aliento. Pero me iba a tomar un buen rato poder pensar en otra cosa…

14 de febrero de 2011

Sesenta.

Me pongo a averiguar, vuelvo a leer el post del blog de Parezi y veo que hay un link a la farmacia que vende los comprimidos. ¡Qué boluda! ¿Cómo no lo vi antes? Entro, leo y veo que es una farmacia que está bastante cerca de mi barrio. Llamo y encargo. Es un frasco con 90 comprimidos de 500 mg. Bien, un problema menos. Esa misma tarde lo paso a buscar y al día siguiente empezamos a tomarlos. Tiene el mismo olor nauseabundo, pero los comprimidos se pueden tragar sin sentirle el gusto… ni el olor.

Pero termina Noviembre y empieza Diciembre y las cosas siguen como siempre. Me vuelvo a indisponer. Y encima cada vez que me viene me siento peor. Yo no se si es la desilusión, el bajón o qué, pero todos los síntomas premenstruales que jamás tuve (¡Gracias pastillas anticonceptivas!) aparecen todos juntos. Estoy hinchada como un sapo, me duelen las tetas y tengo un humorcito de aquellos. Ando con ganas de llorar todo el día y me enojo por nada. Y el dolor… ¡El dolor! Se me parte la cintura al medio y no hay ibuprofeno que alcance. Y no tengo ganas de nada. ¿Cómo puede ser? ¡Si hasta hace unos meses me indisponía y casi ni me enteraba! Me dolía un poco un día antes y el primer día, pero nada que no se resolviera con un antiinflamatorio común, y después hacía mi vida normal, como cualquier día. Y ahora parece que se acaba el mundo, no lo puedo creer. Alguna vez escuché a alguna Ginecóloga decir que los síntomas premenstruales podían intensificarse después de los treinta, pero siempre creí que hablaban boludeces. Que esas eran cosas de “Minita”, que a mí no me iban a pasar.

¡Mierda!

¡Me estoy convirtiendo en una Minita quejona!!


18 de enero de 2011

Cuarenta y ocho.


Me levanté el Miércoles y todo seguía igual. Nada. Ni un dolor de cintura, ni una manchita. Saqué un test y lo hice. Lo dejé en el baño y me volví a la cama.

-¿Y? –Me preguntó G.

-Hay que esperar por lo menos cinco minutos.

Se lo notaba ansioso. Parece que esta vez era él el que se había hecho ilusiones. Un rato más tarde me levanté y volví al baño.

-¿Y? ¿Y??? -Preguntó desde la cama.

-Negativo…

Dije desde el baño. A mí no me sorprendió demasiado, pero G. tenía cara de triste.

-Mierda. Quería verte tetona y con panza…

-Habrá que seguir practicando…

Dije y me fui a tomar el maldito jarabe para la tos.

Pero pasó el Jueves, y el Viernes, y el Sábado y todo seguía igual. Ni noticias.

11 de enero de 2011

Cuarenta y cinco.


Esa semana me empecé a sentir engripada. Estaba con mucha tos, y mocos, y los dolores de cabeza se empezaban a hacer cada vez más insoportables. No quería tomar antibióticos, por las dudas. ¿Y si estaba embarazada? Así que me la banqué unos días a puro Ibuprofeno. Pero la cosa se ponía peor. No paraba de toser y un día empecé a quedarme disfónica. Estaba harta del té con miel y los caramelos de miel. Fui hasta la farmacia y compré un jarabe para la tos. Volví a casa y estaba por tomármelo cuando se me ocurrió leer las contraindicaciones. Era solo un jarabe para la tos ¿Cómo me iba a hacer mal? Pero por las dudas...

Leí:

ADVERTENCIAS Y PRECAUCIONES
Contraindicaciones: Alergia conocida al Ambroxol – Intolerancia conocida al Sorbitol – Tres primeros meses del embarazo y lactancia.


Puta madre.